BRUSELAS (29 Marzo 2017).- Londres ha dicho hoy adiós a la Unión Europea. El
gobierno británico ha iniciado este mediodía los trámites para abandonar el
club con la entrega de una carta firmada por la primera ministra, Theresa May,
a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, en la que invoca el artículo 50
del tratado de Lisboa. Se redactó en el 2007 a petición del Reino Unido para
regular las negociaciones de salida de un estado miembro, algo que nunca había
ocurrido en los 60 años de existencia del proyecto europeo, y ha sido el primer
país en acogerse a él.
Las negociaciones durarán en principio dos años ,
salvo que las dos partes decidan por unanimidad prolongarlas. Ahora mismo, a
las dos partes les interesa resolver cuanto antes este divorcio. La onda
expansiva del Brexit no se limita al Reino Unido, que se juega su unidad como
país con su separación de la UE, sino que alcanza al continente, enfrentado por
primera vez a la idea de que el proyecto de integración europea no es
irreversible y pueden abrirse nuevas vías para la cooperación al margen del
club.
“No hay ninguna razón para pretender que hoy es un
día feliz, ni en Bruselas ni en Londres. Los europeos y casi la mitad de los
británicos querían que el Reino Unido siguiera en la UE”, ha declarado Tusk,
que se ha mostrado convencido de que el Brexit, paradójicamente, reforzará la
unidad europea.
Tusk ha comparecido ante la prensa exhibiendo en la
mano la histórica carta, recibida de manos de Tim Barrow, embajador británico
ante la UE. Barrow fue enviado a Bruselas en enero, a raíz de la dimisión del
anterior representante permanente, Ivan Rogers, por sus discrepancias con la
estrategia del gobierno británico para el Brexit.
Nunca antes un país había pedido el divorcio a la
UE. “Este es un momento histórico y no hay marcha atrás”, ha asegurado este
mediodía en la Cámara de los Comunes May, que anoche telefoneó a la canciller
alemana, Angela Merkel, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el
presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, por este orden, para
anunciar el inicio del proceso.
“Este es un momento histórico y no hay marcha atrás”
En su discurso parlamentario, May, que fue
interrumpida varias veces por los partidarios de la permanencia a la UE,
prometió defender los derechos de los ciudadanos comunitarios que viven en el
Reino Unido e instó a la “unidad” del país de cara a las negociaciones. Al
bloque comunitario le pidió “espíritu de colaboración” y le deseo que “prospere
y tenga éxito”.
“No hay nada que ganar en este proceso. Va a ser,
ante todo, un ejercicio de control de daños”, ha advertido Tusk. “Nuestro objetivo
es claro: minimizar el coste para los ciudadanos, las empresas y los países”,
ha añadido. May ha asegurado en varias ocasiones que está dispuesta a abandonar
la UE sin un acuerdo de salida antes que aceptar un mal acuerdo.
La amenaza se
toma en serio en Bruselas pero con la seguridad de que el más perjudicado por
ese resultado sería el Reino Unido, no la UE. “Afrontaremos estas
conversaciones de forma constructiva y lucharemos para llegar a un acuerdo. En
el futuro, esperamos que el Reino Unido sea un socio cercano”, sostienen los
líderes europeos en la declaración común publicada en respuesta a la activación
del Brexit.
“Si hay una emoción que define el ambiente actual en
Bruselas es la impaciencia”, reconocía hace unos días un diplomático europeo.
La activación del artículo 50 del tratado europeo provocará los primeros
movimientos por parte europea para afrontar la negociación. Tusk enviará este viernes
a las 27 capitales europeas el borrador de directrices que se entregará a la
Comisión Europea y su negociador jefe, Michel Barnier, para guiar sus contactos
con Londres. Los líderes europeos celebrarán una cumbre extraordinaria en
Bruselas el 29 de abril para pactar el contenido de ese documento, que en
principio limitará el mandato de Barnier a hablar del divorcio, no de la futura
relación entre la UE y el Reino Unido, como May desearía.
Barnier comenzará los contactos oficiales con
Londres a primeros de mayo. Su plan es hablar en primer lugar del arreglo
financiero (la factura de salida: pagos pendientes al presupuesto comunitario,
reparto de activos, pensiones) los derechos de personas afectadas por el Brexit
(europeos que residen en el Reino Unido y británicos que viven en la UE, unos
cuatro millones en total) y la cuestión de la frontera entre Irlanda del Norte
e Irlanda, asunto que se deja en manos de las partes afectadas.
Sólo después, cuando haya un acuerdo político sobre
estos temas, pasar a hablar del acuerdo comercial global que ligará a los dos
bloques en el futuro, así como de los acuerdos transitorios necesarios para
llegar a él. “Cuanto antes solucionemos la parte de la retirada ordenada, más
tiempo tendremos para hablar del futuro”, recalcan fuentes diplomáticas
europeas. Aunque el tratado prevé dos años para negociar la salida del club, en
la práctica los contactos podrían limitarse a 18 meses. El acuerdo de salida
debe ser aprobado por los parlamentos de todos los países de la UE, además de
la Eurocámara, para entrar en vigor. Salvo imprevistos mayores, el 29 de marzo
del 2019 el Reino Unido dejará de formar parte de la Unión Europea.
Por BEATRIZ NAVARRO/La Vanguardia


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