LA HABANA, Cuba (6 Diciembre 2022).- El pasado 4 de diciembre celebramos el natalicio de un prestigioso y querido cantante al que siempre agradeceremos lo que dejó en la historia de nuestra música.
Se equivocan los que miran con desdén a quienes
apreciamos en su justa medida aquellas canciones popularizadas décadas atrás,
como si no valiera la pena rescatar todo lo que entraña un tesoro.
Decir Barbarito Diez es decir patrimonio. Se cuenta
que fue en el famoso café capitalino Vista Alegre donde el músico Graciano
Gómez le pidió al joven Barbarito, de solo 21 años, que cantara algo cuando
interpretó el tema Olvido, de Miguel Matamoros. Tan delirante fue la acogida
por parte del público allí reunido, que Graciano lo contrató de inmediato, sin
importarle si no sabía tocar la guitarra ni las maracas. Era de tal belleza el
encanto en la dulzura de su voz, que tampoco necesitaba gesticular ni bailar
mientras cantaba alguno de sus emblemáticos danzones.
Dueño de una elegancia natural, cada concierto suyo se
convirtió en un suceso. Fue en la ciudad venezolana de Barquisimeto donde, en
una presentación al aire libre, comienza a llover, pero nadie corre para
guarecerse, sino que la gente se pone a bailar, por lo que la actuación
continúa hasta el final como si nada, con los músicos y el propio Barbarito
empapados, pero muy felices por semejante acogida.
Inclinemos respetuosamente nuestro ceño ante la
trayectoria de esta gloria de la música cubana, que si la escuchamos todavía
nos conmueve. Es cierto que Barbarito Diez no tuvo ninguna formación musical
académica, pero con su inigualable voz sigue ganando adeptos para siempre.
Por GUILLE
VILLAR/Granma

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