"SIN LA PAZ TODOS SOMOS VENCIDOS", PROCLAMA EL PAPA FRANCISCO
CIUDAD DEL VATICANO (5 Diciembre 2022).- Publicamos la introducción del Papa Francisco al libro "Una encíclica sobre la paz en Ucrania" (Ediciones “Terra Santa”, editado por Francesco Grana) que recoge las intervenciones del Pontífice sobre el conflicto en Europa. El texto fue anticipado hoy por “Il Fatto Quotidiano”.
“Jamás he encontrado que el Señor comenzara un milagro
sin terminarlo bien”. Desde que leí y releí I promessi sposi (Los novios) de
Alessandro Manzoni hace muchos años, siempre he meditado largamente sobre esta
frase. Es una frase de esperanza, mientras nos encaminamos hacia el Jubileo del
2025, cuyo lema he querido dedicar, precisamente, a esta virtud teologal: Peregrinos
de la esperanza.
Benedicto XVI nos ha regalado una maravillosa
encíclica sobre la esperanza, Spe salvi. Escribe que "la 'redención', la
salvación, según la fe cristiana, no es un mero hecho. La redención se nos
ofrece en el sentido de que se nos ha dado una esperanza, una esperanza
fidedigna, en virtud de la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente,
incluso un presente fatigoso, puede ser vivido y aceptado si conduce hacia una
meta y si podemos estar seguros de esta meta, si esta meta es tan grande que
justifica el esfuerzo del camino".
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Son experiencias que cada uno de nosotros ha tenido en
su propia vida y que nos permiten afrontar nuestras caídas diarias con la
certeza de que el Señor nos toma de la mano y nos levanta porque no quiere que
nos quedemos por el suelo. A menudo he recordado "que sólo es lícito mirar
a una persona desde arriba para ayudarla a levantarse: nada más". Sólo en
este caso es lícito mirar hacia abajo. Pero nosotros, los cristianos, debemos
tener la mirada de Cristo, que abraza desde abajo, que busca al perdido, con
compasión. Esta es, y debe ser, la mirada de la Iglesia, siempre, la mirada de
Cristo, no la mirada condenatoria".
“La guerra en Ucrania, incluso en la víspera de su
comienzo, nos cuestionó a cada uno de nosotros. Después de los dramáticos años
de la pandemia, cuando, no sin grandes dificultades y muchas tragedias,
estábamos por fin saliendo de su fase más aguda, ¿por qué ha llegado el horror
de este conflicto insensato y blasfemo, como lo es toda guerra? ¿Podemos hablar
con certeza de una guerra justa? ¿Podemos hablar con certidumbre de una guerra
santa?”
“Nosotros, hombres de Dios que anunciamos el Evangelio
del Resucitado, tenemos el deber de gritar esta verdad de fe. Dios es un Dios
de paz, amor y esperanza. Un Dios que quiere que todos seamos hermanos, como
nos enseñó su Hijo Jesucristo. Los horrores de la guerra, de toda guerra,
ofenden el santísimo nombre de Dios. Y lo ofenden aún más cuando se abusa de su
nombre para justificar tales estragos indecibles”.
“El grito de los niños, las mujeres y los hombres
heridos por la guerra se eleva a Dios como una conmovedora oración para el
corazón del Padre. ¿Cuántas tragedias más tendremos que presenciar antes de que
todos los implicados en cada guerra comprendan que éste no es más que un camino
de muerte que engaña sólo a algunos haciéndoles creer que son los vencedores?”.
“Porque que quede claro: ¡con la guerra todos somos
vencidos! Incluso aquellos que no formaron parte de ella y que, con cobarde
indiferencia, se quedaron mirando este horror sin intervenir para traer la paz”
“Todos nosotros, en cualquier función, tenemos el
deber de ser hombres de paz. ¡Nadie está excluido! Nadie tiene derecho a mirar
hacia otro lado. En este mundo de la globalización, hemos caído en la
globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro,
no nos concierne, no es asunto nuestro. Vuelve la figura del ‘Innombrable’ de
Manzoni. La globalización de la indiferencia nos convierte a todos en
‘innombrados’, responsables sin nombre y sin rostro”.
En vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial,
el Siervo de Dios Pío XII recordó al mundo que "nada está perdido con la
paz". Todo puede estarlo con la guerra. Que los hombres vuelvan a
comprenderse. Que vuelvan a la negociación. Negociando con buena voluntad y
respetando los derechos de la otra parte, comprobarán que una negociación
sincera y eficaz nunca está exenta de un éxito honorable".
“Le estoy especialmente agradecido a Francesco Antonio
Grana porque ha recopilado todos mis llamamientos por la paz en Ucrania. Estoy
igualmente agradecido a su periódico, ilfattoquotidiano.it, porque, desde el
comienzo de este conflicto, siempre ha dado amplia resonancia a estas palabras
mías. Así como también estoy agradecido a los tantos otros hombres y mujeres
que se han hecho portadores de este mensaje, a menudo con concreción y en
silencio”.
“Lo que tienen en sus manos es un texto que recoge lo
que en estos meses de guerra ha brotado de mi corazón al ver las imágenes de
esta terrible tragedia y leer las terribles crónicas de ese y de otros muchos
conflictos en el mundo que con demasiada frecuencia son olvidados. Una especie
de diario de guerra que ofrezco a los lectores con la esperanza de que muy
pronto se convierta en un diario de paz y, sobre todo, en una advertencia para
que no se repitan más estas monstruosidades. Una verdadera encíclica sobre y
por la paz en Ucrania y en cualquier otra parte del mundo”
“Mientras seguimos rezando insistentemente por la paz
en Ucrania, realmente sin cansarnos, no debemos acostumbrarnos a esta guerra
como a cualquier otra. No debemos permitir que nuestro corazón y nuestra mente
se anestesien ante la repetición de estos graves horrores contra Dios y el
hombre. No debemos, por ningún motivo en el mundo, acostumbrarnos a esto, dando
casi por sentada esta tercera guerra mundial a pedazos que se ha convertido
dramáticamente, ante nuestros ojos, en una tercera guerra mundial total”.
“¡Recemos por la paz! ¡Trabajemos por la paz! Seguros
de que el Señor Jesús, Príncipe de la paz, donará a Ucrania y al mundo entero,
especialmente allí donde persisten aún tantos focos de guerra, el amanecer de
la mañana de Pascua”


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