CARACAS, Venezuela (8 Julio 2024).- Le han besado en innumerables ocasiones sus prodigiosas manos. Sin embargo, él recuerda con cariño cada una de ellas.
Tiene la certeza de que «son los sueños todavía, los
que tiran de la gente».
Quería ser médico como el Che, y al igual que él,
recorrer el continente, estar allí donde le fuera útil a la América. Parte de su
aspiración se hizo realidad.
Tras graduarse de mgi, otros dos soñadores –Fidel y
Chávez– crearon la Misión Milagro, y vino a Venezuela a hacer la residencia en
Oftalmología. No era la especialidad que le apasionaba, pero no lo dudó.
El doctor Dennis Carrión Navarro ha cumplido misión
internacionalista en Guatemala, Brasil y Venezuela. Precisamente en este último
país se encuentra por tercera ocasión, prestando servicio en el Centro
oftalmológico Pinto Salina 1.
«Llegué acá cuando apenas faltaban unos días para
celebrar el primer año de la Misión Milagro», cuenta. De esa primera etapa,
recuerda con especial afecto el momento en el que les retiraba el vendaje
ocular a sus pacientes, tras ser operados.
«Después de 15 o 20 años sin luz, sin ver, las
personas lloraban, nos abrazaban a los médicos y enfermeros. Era como sacarlos
de un túnel».
El agradecimiento de aquellos que veían por primera
vez los colores y les daban formas a las palabras, o de quienes ya habían
olvidado el rostro de sus seres queridos, es sin duda la más fuerte convicción
de que escogió el camino correcto.
El experimentado galeno también guarda en la memoria
su primer espacio de trabajo. «En una cooperativa pesquera, en Villa Marina, en
el estado Falcón, me habilitaron una mesa y una lámpara de hendidura», dice.
«Daba consultas incluso en la madrugada», pues se
iniciaba la Misión. Aún se operaban algunos casos en Cuba, y los pacientes
llegaban a cualquier hora, tras ser llamados a viajar. Además, era tanta la
población que requería ese servicio asistencial, que casi no se veía dónde
concluía la fila.
Vinieron a trabajar, según sus palabras, con los
pobres, con los ancianos, con los niños que desconocían la mirada tierna de su
madre.
Eso hizo que su calidad humana se elevase a la par que
la calidad de vida de los pacientes.
«El sacrificio de estar lejos de la familia es válido.
El beneficio ha sido mutuo. Cuba y Venezuela somos, completo, uno del
otro».
Tras dos décadas, el milagro de devolver la visión al
pueblo venezolano es un hecho permanente, es la muestra palpable de que los
sueños pueden cobrar forma. Bien lo sabe esta nación, donde la presencia de los
oftalmólogos cubanos es aún luz que renace.
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