Papa Francisco: “La guerra, una herida grave infligida a la familia humana”
CIUDAD DEL VATICANO (14 Diciembre 2024).- Como ya lo hizo con su representante en Ucrania, Francisco envió una carta al nuncio en la Federación Rusa por los mil días del conflicto.
“El sufrimiento de los inocentes es una denuncia poderosa contra toda forma de violencia”, escribe el Pontífice, alentando a renovar los esfuerzos diplomáticos para detener su progresión.
El Papa Francisco vuelve a tomar papel y pluma y, al igual que el 19 de noviembre con el nuncio en Ucrania, envía una carta a su representante en la Federación Rusa, monseñor Giovanni d’Aniello. En ella expresa, ante todo, el dolor por una guerra prolongada y extenuante que constituye una “herida grave infligida a la familia humana”, además de alentar “esfuerzos diplomáticos renovados” que frenen el conflicto y conduzcan a la paz.
“Confío en que los esfuerzos humanitarios dirigidos a los más vulnerables puedan abrir el camino a renovados esfuerzos diplomáticos necesarios para detener la progresión del conflicto y alcanzar la tan ansiada paz”
Cercano a quienes sufren
Una paz “tan ansiada” que, a más de mil días desde el inicio de la agresión rusa, parece aún un objetivo lejano. Mientras tanto, en casi tres años de bombardeos, asesinatos, heridas y detenciones, el saldo es de cientos de miles de muertos en el terreno y un torrente de lágrimas derramadas por familias destrozadas. Francisco – quien desde el inicio del conflicto ha promovido el principio de la “equi-cercanía” hacia quienes sufren, tan propio del Papa como pastor de la Iglesia universal y también de la diplomacia pontificia – se hace “intérprete”, tal como escribe, de este dolor.
Un grito de dolor
El dolor “de las decenas de miles de madres, padres e hijos que lloran a sus seres queridos caídos en la guerra o que están angustiados por aquellos que están desaparecidos, hechos prisioneros o heridos, ya sean militares o civiles”.
Su grito se eleva a Dios, invocando paz en lugar de guerra, diálogo en lugar del estruendo de las armas, solidaridad en lugar de intereses particulares, porque nunca se puede matar en nombre de Dios.
Por SALVATORE CERNUZIO/Vatican News

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