“¿Quiero también el bien de los que me hacen sufrir?”, proclama el papa Francisco en el Ángelus
CIUDAD DEL VATICANO (26 Diciembre 2024).- En la memoria de San Esteban, el primer mártir de la historia, Francisco recuerda a los cristianos perseguidos y asesinados, hoy, a causa de su fe, invita a rezar por ellos e imitar a los mártires en su voluntad de hacer conocer el don de la salvación y del perdón a todos.
Luego de la Navidad, del anuncio de la buena nueva de
Jesús Niño, el Papa, en su alocución antes del Ángelus, reflexiona sobre el
martirio de Esteban, de quien hoy celebramos la memoria litúrgica, y recuerda a
los hombres y mujeres perseguidos y asesinados, también hoy, a causa de su fe,
de su voluntad de hacer conocer el don de la salvación y del perdón del cual
son testimonios, como lo hizo Jesús, y como lo imitó el primer mártir de la
historia, cuando ya moribundo, rezó por sus asesinos.
En efecto, aunque a primera vista Esteban parece
sufrir impotente la violencia, en realidad, como hombre verdaderamente libre,
sigue amando incluso a sus asesinos y ofrece su vida por ellos, como Jesús en
la cruz, para que se arrepientan y, perdonados, reciban la vida eterna.
Que todos se salven
De este modo, continuó el Santo Padre, el diácono
Esteban se nos presenta como testigo de ese Dios que quiere que todos los
hombres se salven y que ninguno se pierda, un Padre que no excluye a nadie, que
no se cansa de buscarlos y de acogerlos cuando, después de haberse extraviado,
vuelven a Él arrepentidos.
Lamentablemente, hoy, en diversas partes del mundo,
hay muchos hombres y mujeres perseguidos, a veces hasta la muerte, a causa del
Evangelio. Lo que hemos dicho de Esteban vale también para ellos. No se dejan
matar por debilidad, ni por defender una ideología, sino para hacer partícipes
a todos del don de la salvación. Y lo hacen principalmente por el bien de sus
asesinos, y rezan por ellos.
Rezar por los hermanos
Ante una Plaza de San Pedro soleada y repleta de
fieles y peregrinos, el Santo Padre como siempre planteó varias cuestiones para
la reflexión personal:
Preguntémonos entonces: ¿Siento el deseo de que todos
conozcan a Dios y se salven? ¿Quiero también el bien de los que me hacen
sufrir? ¿Me intereso y rezo por tantos hermanos y hermanas perseguidos por la
fe?
Al concluir, Francisco introdujo la oración mariana
pidiendo a María, Reina de los mártires, que nos ayude a ser testigos valientes
del Evangelio para la salvación del mundo.
Por ALINA TUFANI
DÍAZ/Vatican News


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