🌟 ¡Llegó Cocó!
Isidro Enrique Ascencio – Animador nato, corredor y personaje pintoresco de San Cristóbal
Su nombre fue Isidro Enrique Ascencio, pero San Cristóbal entero lo conoció como “¡Llegó Cocó!”, con acento en la última “ó”, porque así lo anunciaban las multitudes cuando lo veían llegar. Alto, delgado y carismático, no necesitaba más presentación que el coro de su pueblo.
Antes de convertirse en figura de animación popular, trabajó como “buzcón” de papeles o agente tributario, agilizando actas y certificaciones en oficinas públicas. Ese oficio lo hizo muy conocido en el ámbito social, porque resolvía trámites que muchos no sabían o no podían hacer.
Otro aspecto poco contado: Cocó fue excelente corredor de campo y pista, con resistencia y rapidez. Esa energía atlética lo acompañaba siempre, tanto en sus bailes como en la intensidad con que animaba cualquier evento.
Colmadones, la Plaza, el Hotel Constitución y el play de pelota eran sus escenarios naturales.
En los juegos de béisbol, se convirtió en animador nato, levantando al público con gritos, ocurrencias y pasos de baile.
Donde había música y bebida, aparecía Cocó. La gente le hacía ronda, lo aplaudía y él se robaba el show.
Recibía tragos de ron como pago simbólico por alegrar la fiesta, y con su altura y estilo desbordado parecía dominar toda la escena.
El mote “Cocó” se gritaba como parte del ritmo: ¡Llegó Cocó!, y la fiesta empezaba.
“En el Hotel Constitución no había noche aburrida si él llegaba.”
“En el play animaba más que los narradores.”
“Era tan alto que parecía un bailarín de escenario.”
Si Cocó viviera hoy, sería sin dudas un influencer viral en redes sociales. Con su estilo de baile espontáneo, su don de animar multitudes y su gracia natural, tendría miles de seguidores en TikTok, Facebook o Instagram. Cada entrada suya sería un reel de millones de vistas: la gente lo conoció, se divirtió con él, y quienes lo recuerdan saben que tenía un magnetismo único.
Cocó encarna el alma de San Cristóbal: la alegría como resistencia, la calle como escenario, la vida común convertida en fiesta. Fue buscón, atleta, animador, pero sobre todo, hombre del pueblo y para el pueblo.
Hoy lo recordamos como patrimonio inmaterial, símbolo de identidad cultural y ejemplo de cómo personajes pintorescos también son constructores de memoria colectiva.
Por ANDRÉS JULIO PEÑA BAZIL


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