No me canso de insistir en la necesidad de acompañar de cerca, con diálogo y comprensión, a quienes padecen alguna enfermedad mental.
Son hermanos y hermanas nuestros que muchas veces
enfrentan soledad, incomprensión y rechazo, cuando lo que realmente necesitan
es cercanía y acompañamiento humano.
Hablar de salud mental no debe ser un tabú, ni mucho
menos motivo de vergüenza.
La indiferencia social y el estigma solo agravan la
situación y alejan las posibilidades de recuperación.
La respuesta está en construir una cultura de cuidado, donde cada persona pueda ser escuchada y valorada, sin importar sus fragilidades. La salud mental es un tema urgente y transversal.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
Por MONSEÑOR
RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO


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