San Cristóbal: a pesar de sus grandes aportes, es una minucia del Presupuesto Nacional
La provincia de San Cristóbal ha sido el motor silencioso que impulsa gran parte del dinamismo económico de la República Dominicana.
Estratégicamente ubicada como la puerta de entrada al Sur y dueña de uno de los pulmones industriales y logísticos más importantes del país —el Puerto de Haina—, la "Cuna de la Constitución" aporta una cuota desproporcionadamente alta al Producto Interno Bruto (PIB).
Sin embargo, al analizar la inversión pública que recibe de vuelta, la realidad es amarga: San Cristóbal es tratada como una minucia en el presupuesto nacional.
Un Aporte de Gigante, una Inversión de "Migajas"
San Cristóbal no es solo historia; es músculo financiero.
La provincia concentra aproximadamente el 14.3% de la inversión total del sector de Zonas Francas y es responsable de más del 58% de las exportaciones en renglones clave del sector industrial nacional.
No obstante, en la ejecución presupuestaria de los últimos años, la inversión per cápita estatal en la provincia palidece frente a otras demarcaciones con menor densidad poblacional y menor impacto productivo.
Mientras otras regiones reciben megaproyectos de transformación urbana, San Cristóbal lucha por partidas presupuestarias que apenas alcanzan para parches viales y promesas de hospitales que tardan años en materializarse.
Existe una desconexión alarmante entre lo que la provincia entrega al fisco y lo que el Estado le devuelve en infraestructura y servicios básicos.
A pesar de su vigor industrial, San Cristóbal presenta una paradoja dolorosa: altas tasas de desempleo y subempleo.
El crecimiento económico que genera su parque industrial no se traduce en bienestar para el sancristobero de a pie.
Miles de jóvenes se ven obligados a migrar diariamente al Distrito Nacional en busca de oportunidades, congestionando la autopista 6 de Noviembre, debido a que la oferta laboral local es insuficiente o de baja calidad.
El contraste es insultante. Por un lado, vemos camiones cargados de mercancías que generan millones en impuestos saliendo del puerto; por otro, vemos hospitales saturados y sectores populares donde la seguridad ciudadana es un mito.
El desinterés de las autoridades no es solo presupuestario, es también de planificación.
San Cristóbal ha crecido de forma caótica, sin un plan de ordenamiento territorial que aproveche su potencial turístico (en zonas como Palenque o Najayo) o su capacidad agroindustrial.
La clase política solo se activa durante el fragor electoral, dejando a la población sumida en una eterna espera por obras que nunca llegan a ser prioritarias en los escritorios del Palacio Nacional.
No se puede hablar de un desarrollo equitativo en la República Dominicana mientras se mantenga a San Cristóbal como una "vaca lechera" que se ordeña para financiar el progreso de otras zonas, mientras ella muere de sed.
Exigir una inversión pública proporcional a su aporte al PIB no es un favor, es un acto de justicia económica.
Es hora de que el Estado deje de ver a San Cristóbal como una periferia de Santo Domingo y empiece a tratarla como la potencia que realmente es.
¿Hasta cuándo el olvido?
Con Dios siempre, a sus pies.
Por LEONARDO CABRERA DIAZ.


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