Un Momento – María de la Altagracia, Magníficat vivo de nuestro pueblo
Al contemplar el cuadro de María de la Altagracia y al ver las grandes peregrinaciones que, durante todo el año, acuden a la Basílica de Higüey, la casa de nuestra Madre, reconocemos que en nuestro pueblo se cumple lo que ella misma proclamó en el Magníficat: «desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada».
Hombres y mujeres de todas las edades, condiciones y
lugares llegan con fe, llevando sus acciones de gracias y peticiones, poniendo
su vida bajo su amparo.
De manera especial, en estos días de enero, cuando
celebramos su novena, este testimonio se hace aún más elocuente.
En esas multitudes descubrimos la historia de un
pueblo que reconoce las maravillas que Dios ha realizado en su favor. María,
humilde sierva del Señor, nos conduce siempre a Él, y al venerarla proclamamos
que el Señor ha hecho obras grandes entre nosotros y sigue acompañando nuestra
historia con amor fiel.
Por RAMÓN
BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
Arzobispo emérito de arquidiócesis de Santiago


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