El español Carlos Álvarez gana el Australian Open en guerra intergeneracional al vencer al debió Novak Djokovic

MELBOURNE, Australia (1 Febrero 2026).- Hasta el último golpe en la noche de Melbourne, la parroquia aguanta la respiración, se declara boquiabierta ante el fabuloso combate intergeneracional que disputan un tipo que acaba de entrar en la veintena, Carlos Alcaraz (22), y otro que acaricia los cuarenta, Novak Djokovic (38).

Gana el primero, el joven, acaso bendecido por su juventud (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5), pero el espectáculo reivindica el debate que, durante días, ha estado recorriendo los pasillos de Melbourne Park: 

-¿Qué época tenística ha sido más dura, la que se vive hoy, con la dictadura Alcaraz-Sinner, o los tiempos gloriosos del Big Three, los tiempos de Federer, Nadal y este Djokovic que aquí sigue?

El debate es estéril, o por lo menos irresoluble. 



No podemos comparar periodos, no podemos hacerlo empíricamente (¿en qué términos objetivos deberíamos efectuar las mediciones, en potencia de saque, en kilómetros de desplazamiento, en eficacia con el resto...?), pero para muestra aquí resiste Djokovic, último mohicano, el serbio terco que busca el novamás, el 25.º título grande, pero que deberá seguir esperando (o intentándolo).

Se lo impide Alcaraz, el crío que no lo es tanto, que ya no es Carlitos sino Carlos, y que ya, a sus 22 años y 272 días, cierra el Grand Slam: ya se ha adjudicado los cuatro grandes. 

Es el más joven en lograrlo.

(Más, incluso, que Rafael Nadal, la leyenda que contempla esta final soberbia desde el palco vip, el manacorí que lo había redondeado a los 24).

Una amplia sonrisa, de oreja a oreja, se dibujó en el rostro de Carlos Alcaraz, feliz por alcanzar un éxito sin precedentes en el tenis. Djokovic acababa de fallar el golpe que le convertía en el jugador más joven de la historia en conquistar los cuatro Grand Slams. Un triunfo que constituye la liberación definitiva de un jugador que no parece tener límites, pero al que el divorcio de Juan Carlos Ferrero ha pasado factura en los últimos meses.

Con 22 años, Alcaraz ya no necesita tutores, sino solamente un equipo que le empuje. El murciano agradeció a los suyos nada más ganar el séptimo Grand Slam, pero también se acordó de aquellos que no creyeron en él. “Si te digo la verdad, me acuerdo de la gente que me ha dicho que no lo iba a conseguir, que no iba a pasar de cuartos, que no iba a jugar un buen tenis y no creían de mi. Debería acordarme de mi gente, pero me acuerdo de esa gente. No he venido aquí a decirle a nadie que soy capaz. Solo a demostrarme que puedo hacerlo y a decirme que puedo hacer un buen trabajo”.

El murciano reconoció que los últimos meses no habían sido fáciles para él. “Creo que nadie sabe lo muy duro que hemos trabajado y lo que hemos sufrido para llegar a este momento. Nos hemos centrado en lo nuestro, sin escuchar lo que decían los demás. Me habéis empujado siempre a hacer lo correcto. Estoy muy agradecido por todos los que tengo en mi esquina”, explicó con el trofeo ya en sus manos.

“Trabajo hecho, 4 de 4 completado”. Esa fue la rúbrica de Alcaraz durante la celebración en la cámara que le seguía. El séptimo Grand Slam, todavía lejos de Djokovic (24) supone alcanzar a McEnroe, Wilander, Lacoste o Newcombe y superar a jugadores como Becker o Edberg. “Esto es una locura. Todo el trabajo hecho. Cada año decía que mi objetivo era Australia. A la quinta ha venido. Mucho trabajo, esfuerzo, dedicación. Estoy muy contento”, resumió.

También tuvo palabras de reconocimiento para Novak Djokovic, que aspiraba a ganar su Grand Slam número 25, el décimo de Australia, donde no había perdido nunca una final. “Se merece una ovación. Lo que tú has hecho inspira a todos. Trabajo duro, todos los torneos a los que has ido. He disfrutado muchísimo viéndote jugar, compartiendo vestuarios. Gracias por todo lo que haces, es muy inspirador para mí”, reconoció.


Fuente: LA VANGUARDIA 






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