Pagar un bono salarial para atraer jóvenes rurales al trabajo agrícola

No se trata de un gesto patriótico la implementación de nueva estrategia del gobierno dirigida a reducir de manera progresiva el uso de “mano de obra haitiana en el sector agropecuario”. El problema, más que patriótico, ha resultado ser de índole económica.

El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat, fue enfático al afirmar que la medida de modernización de la agropecuaria “no tiene reversa”, no tiene marcha atrás.

Y no es una expresión de patriotismo, ni de salvaguarda de la dominicanidad por parte de las autoridades agropecuarias, es un salvataje económico.

La medida luce acorde con la política de control migratorio que decidió aplicar la actual administración del gobierno, asediada por el agravamiento de la crisis haitiana y la enorme presión que ejerce la avalancha de ciudadanos de Haití en el territorio dominicano. No es un secreto que la situación inmigratoria está causando un malestar social de imprevisible consecuencia, lo cual también parece que comenzó a afectar a sectores económicos.

Según informes recientes, el trabajador haitiano ha logrado desplazar en muchos sectores la mano de obra dominicana. Aquí no estamos hablando solo de la presencia haitiana en la agricultura, sino también en la construcción; mientras ya ha comenzado a incidir en los empleos de los sectores de servicios, comerciales, turísticos y transporte, entre otros.

Por tanto, la medida del Ministerio de Agricultura no es un gesto patriótico, sino que busca impactar la economía agropecuaria y tiene sus efectos colaterales en la inmigración. Creemos que la iniciativa del ministro de Agricultura, Oliverio Espaillat, quien obviamente se acoge a un mandato del presidente Luis Abinader, va más allá del fervor por la patria. 

La forma cómo el funcionario planteó la situación revela que el actual estado de cosas, en torno a la masiva presencia haitiana en el campo laboral agropecuario, incide en la situación económica y social del país, Y eso conlleva un riesgo que el gobierno parece no está dispuesto a padecer de cara a las elecciones del 2028.

Al parecer, en el sector agropecuario se hizo conciencia de que estamos frente a un problema de índole socio-económico, en el que la mano de obra haitiana, no solo es una fuerza laboral escasa, cargada de costumbres difíciles y de problemas legales, sino que ya también resulta cara para el productor.

El patriotismo pudo no ser primordial en esta jugada. El curso de la actual situación de inmigración ha implicado permitir que la fuerza laboral extranjera haya asumido el control del proceso productivo y de desarrollo de la nación. 


Por EMILIANO REYES ESPEJO

ere.prensa@gmial.com

El autor es periodista

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