El final de un ciclo histórico; Cuba encara una transición incierta sin entusiasmo
LA HABANA, Cuba (20 Marzo 2026).- “El final de un ciclo histórico”, así es como el opositor Manuel Cuesta Morúa califica los últimos acontecimientos en Cuba, “y ese final puede tardar meses o años”, afirma Morúa quien lidera también el Consejo para la Transición Democrática. Desde la sala de un segundo piso, en Centro Habana (La Habana), hasta donde llegan los gritos de los ambulantes que se apresuran a ofrecer sus productos antes de que el calor y la falta de corriente lo pudran todo, Cuesta Morúa hace un repaso de las posturas del Gobierno cubano frente a la presión estadounidense que se acentuó desde la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, el último 3 de enero.
Recuerda, primero, la negación total del gobierno y de
sus allegados sobre cualquier acercamiento con Estados Unidos para, a los pocos
días, asumir en mensaje a la nación que las conversaciones ya estaban en curso.
Este anuncio iba dirigido, más que a Trump o al pueblo cubano, a las facciones
más duras del Partido Comunista – dice Cuesta Morúa – facciones que “si bien no
tienen el poder para oponerse, sí necesitan que los acompañen en ese proceso”.
En la otra acera política, Boris González Arenas,
opositor y defensor de derechos humanos, ve en los anuncios del presidente
cubano, Miguel Díaz-Canel, un intento del Partido Comunista de evitar una
situación a lo Venezuela. “No van a esperar a que vengan y saquen a Raúl Castro
y se lleven a Miguel Díaz-Canel (…) Es una manera de salvar la honra y un régimen
de este tipo tiene la capacidad de transformarse de esa manera”, afirma
González Arenas desde un café cerca de la Universidad de La Habana. Él se
orienta a pensar que las conversaciones con Estados Unidos buscarán más un
entendimiento a nivel económico que un cambio político que lleve a la gente a
las calles.
En las últimas semanas, sin embargo, en diversas
partes de la isla, la gente ha salido a protestar en contra del gobierno cubano
por la falta de electricidad generalizada que ha provocado fallos en el sistema
de agua potable y en las comunicaciones. Bajo esa luz – o bajo esa sombra – la
respuesta de Díaz-Canel anunciando “una inexpugnable resistencia” ante una
eventual intervención estadounidense, se topa contra un muro.
Inexpugnable resistencia por parte de quién, es lo que
parecen preguntarse muchos cubanos. La población no oculta su malestar ni
siquiera a los recién llegados, “aquí las cosas tienen que cambiar”, repiten
abiertamente en los triciclos eléctricos que se han convertido en el medio de
transporte que ha remplazado a esos autobuses llamados guaguas, a los autos y a
casi todo lo que se movía con gasolina.
“Aquí siempre se ha dicho que Raúl Castro era un
singao (un desgraciado), Díaz Canel, un singao, pero ahora la gente está
saliendo a las calles, haciendo sonar las cacerolas por la noche… ¿las ha
escuchado? Yo no soy contrarrevolucionario ni nada, pero estoy harto, esto
tiene que parar ya”, dice uno de los que se monta al triciclo que tiene espacio
para seis pasajeros. El chofer, Pochi, recibe los billetes y me dice “en mi
barrio después de los apagones han aparecido pintadas diciendo ‘viva Marco
Rubio’, ‘viva Trump’, al día siguiente han venido los del Gobierno, han pintado
todo de azul y han puesto ‘viva la revolución’ “, comenta con una sonrisa.
La asfixia de combustible, la presión estadounidense
sumada a la crisis crónica del país ha provocado un hartazgo tal que ha
permitido una suerte de liberación de la palabra y de la protesta. Este fin de
semana cinco personas fueron detenidas tras el ataque contra una sede del
Partido Comunista. “¿Quién va a querer invertir en Cuba? Es demasiado riesgo”,
dice escéptico un mesero desde un desértico bar en el malecón de La Habana,
responde así al anuncio del gobierno de abrirse a las inversiones de cubanos no
residentes.
Desde la Quinta Avenida, célebre por sus embajadas y
agencias de prensa, los posibles escenarios políticos y económicos de Cuba
generan otras reacciones. Altos cargos diplomáticos consultados para este
reportaje concuerdan en que la transición pasaría por concesiones económicas
hacia Washington y no necesariamente cambios políticos.
Sin embargo, se preguntan ¿qué pasará entonces con los
capitales canadienses, por ejemplo, en las minas de níquel o de cobalto? La
minera canadiense Sherritt es la principal inversión extranjera en el país y
anunció hace poco la suspensión de sus operaciones debido a la falta de
combustible. También generan interrogantes la presencia española en el sector
turístico. ¿Cómo se ajustarán los equilibrios en un eventual escenario de carta
libre a Estados Unidos? “No es una cosa sencilla que pueda resolverse
rápidamente”, sentencian diplomáticos europeos.
Para Cuesta Morúa, el sector turístico en Cuba tiene
espacio de sobra y está convencido de que el Gobierno “está dispuesto a conceder
a los americanos, todo en cuanto a términos económicos, a cambio de que haya
cierta continuidad del liderazgo político”. Frente a estos posibles escenarios,
González Arenas es más cauto. “No me permito el entusiasmo. Tengo amigos que
ahora me dicen si esta vez no se cae, me voy de Cuba. Y eso no me lo puedo
permitir —lamenta—. Yo no significo nada para la vida política estadounidense,
pero el cubano de Florida americano sí”.
Por AURELIA RÚA/La
Vanguardia



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