"En tiempos de guerra, el deporte promueve la lógica del encuentro", Papa León XIV
CIUDAD DEL VATICANO (9 Abril 2026).- En la audiencia en el Vaticano con los atletas participantes de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, León XIV afirma que la filosofía de «ganar sin humillar» y de la derrota «sin perderse a uno mismo» se aplica también a la política y a las relaciones entre los pueblos. Luego advierte sobre la tentación del «rendimiento a toda costa», que puede conducir al dopaje, y sobre la lógica del lucro «que transforma el juego en mercado».
El límite como «lugar de revelación». El deporte se
convierte así en un espacio que desafía un mundo marcado por rivalidades que
«desembocan en guerras devastadoras», revelando la posibilidad de romper la
lógica de la violencia para abrirse a la del encuentro. Un lenguaje universal
que enseña a ganar sin humillar y a perder sin perderse a uno mismo. Una
enseñanza que trasciende los campos, las canchas y las pistas deportivas, pero
que se extiende al ámbito político y a las relaciones entre los pueblos. Así se
dirigió el Papa León XIV a los cerca de 240 atletas de los Juegos Olímpicos y
Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, recibidos esta mañana, 9 de abril, en la
Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano.
«Un
noble mensaje humano, cultural y espiritual»
El Papa comienza dando las gracias al Dicasterio para
la Cultura y la Educación y a la asociación polideportiva oficial de la Santa
Sede, Athletica Vaticana, que se han encargado de la preparación del encuentro.
Aún está vivo el recuerdo del evento que concluyó hace un par de meses y que,
según el Pontífice, difundió al mundo, junto con competiciones de «altísimo
nivel», también «un noble mensaje humano, cultural y espiritual».
En efecto, el deporte, cuando se vive de manera
auténtica, no es solo rendimiento: es un lenguaje, una historia hecha de
gestos, esfuerzo, expectativas, caídas y nuevos comienzos.
«Historias»
de sacrificio, disciplina y tenacidad
Las habilidades atléticas no se reducen a meros
«cuerpos en movimiento»: el Papa las interpreta como «historias» de sacrificio,
disciplina y tenacidad. En particular, las competiciones paralímpicas muestran
cómo el límite puede revelar algo nuevo.
No algo que obstaculiza a la persona, sino que puede
ser transformado, incluso transfigurado, en nuevas cualidades. Ustedes, los
atletas, se han convertido en biografías que inspiran a muchísimas personas.
«Nadie
gana solo»
León XIV se detiene luego en la cohesión demostrada
durante los Juegos, recordando que «nadie gana solo»: cada victoria involucra
no solo al atleta, sino también a las familias, a los equipos, a los
entrenamientos intensos, a la presión y a la soledad.
A menudo es precisamente en estos momentos cuando Dios
se revela, como canta el salmista: «Has allanado el camino ante mis pasos, mis
pies no han vacilado».
«Conocer
el propio cuerpo sin idolatrarlo»
Otro componente esencial del deporte, destaca el
Pontífice, es una «espiritualidad sólida», una forma «fecunda de educación» que
contribuye a la maduración del carácter.
A través del deporte se aprende a conocer el propio
cuerpo sin idolatrarlo, a controlar las emociones, a competir sin perder el
sentido de la fraternidad, a aceptar la derrota sin desesperación y la victoria
sin arrogancia.
El
verdadero éxito, la «calidad de las relaciones».
Mente y cuerpo, pues, unidos en una práctica que debe
seguir siendo profundamente «humana»: una «escuela» en la que se aprende el
verdadero sentido del éxito, hecho de «calidad de las relaciones», «estima
recíproca» y «alegría compartida en el juego», no de la «cantidad de premios».
Esta es la «vida en abundancia» de la que habla el
Evangelio: una vida llena de sentido, una vida en la que la corporalidad y la interioridad
encuentran armonía.
Un concepto que el Papa ya había recordado en la carta
escrita con motivo del inicio de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos.
«Romper
la lógica de la violencia»
El Papa se refiere luego a la época actual, marcada
por polarizaciones y conflictos, en la que la práctica deportiva adquiere un
valor aún más relevante: «un verdadero espacio de encuentro» y relación, no
«una exhibición de fuerza». Reafirma luego el valor de la «tregua olímpica»,
que los atletas han hecho concreta y visible como una «profecía para nada
retórica»:
Romper la lógica de la violencia para promover la del
encuentro.
Pero toda actuación deportiva conlleva también
«tentaciones», señala León XIV. En primer lugar, la de «rendir a toda costa»,
que puede conducir a prácticas de dopaje. Luego está la del lucro, que
subvierte el juego a la lógica del mercado y transforma «al deportista en una
estrella». Pero también la «espectacularización», que reduce «al atleta a una
imagen o a un número».
«Laboratorio
de humanidad reconciliada»
Ante todo esto, los deportistas están llamados a ser
testigos: competir sin odiarse, vencer sin humillar, perder sin perderse.
Y esto vale también más allá del deporte. Vale en la
vida social, en la política, en las relaciones entre los pueblos. Porque el
deporte, si se vive bien, se convierte en un laboratorio de humanidad
reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza.
«Dar
lo mejor de nosotros mismos, juntos»
Una parte del discurso del Pontífice se dedica también
a la relación entre el deporte, la naturaleza y los «grandes desafíos
climáticos», que nos recuerdan el deber de cuidar de nuestra casa común. El
Papa se detiene luego en la Cruz de los Deportistas presente en la Sala, que
desde los Juegos de Londres 2012 hasta los de Milán-Cortina recoge «las
oraciones, las expectativas, las esperanzas, los temores y los sufrimientos de
hombres y mujeres de todas las edades».
Ante este signo supremo y esencial de dedicación,
renovamos el deseo de dar lo mejor de nosotros, juntos, en cada actividad.
«Que
la persona siga siendo el centro del deporte»
León XIV concluye citando las palabras de San Juan
Pablo II con motivo del Jubileo de los deportistas del año 2000, deseando que
Jesucristo, el «verdadero atleta de Dios», inspire a cada deportista a afrontar
desafíos cada vez más virtuosos y le dé la fuerza para vivirlos con pasión.
Mientras los acompaño con mi bendición, les encomiendo
una misión: seguir velando para que la persona siga siendo el centro del deporte
en todas sus expresiones.
Las
intervenciones de los presidentes del CONI y del CIP
Antes del discurso del Papa, tomó la palabra el
presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI), Luciano Bonfiglio,
quien destacó el compromiso de cada atleta con la promoción de los valores del
deporte, «que son los valores de la vida» y que, según señaló, el Papa menciona
a menudo en sus mensajes. A su saludo le siguió el del presidente del Comité
Paralímpico Italiano (CIP), Marco Giunio De Sanctis, quien destacó la cercanía
del movimiento deportivo a la Iglesia católica, resaltando sus valores de
respeto, juego limpio e inclusión, con especial atención al mundo paralímpico.
Entre los atletas presentes en la Sala Clementina se encontraban la esquiadora
alpina Federica Brignone, campeona en supergigante y eslalon gigante, y la
patinadora Francesca Lollobrigida, también doble medallista de oro en los
últimos Juegos Olímpicos. Al término de la audiencia, el presidente de la
Fundación Milano Cortina 2026 entregó al Pontífice la antorcha olímpica.
Por EDOARDO
GIRIBALDI/Vatican News




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