Hungría da la espalda a Putin y vira hacia sus aliados en Europa; Péter Magyar derrota a Viktor Orbán y es electo primer ministro

BUDAPEST, Hungría (13 Abril 2026).- El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, fue derrotado ayer, domingo, en unas elecciones parlamentarias que marcan el fin del abrumador dominio del conservador partido Fidesz y de la gestión de Orbán en la primera línea de poder tras 16 años de gobierno.

En sus primeras declaraciones, el primer ministro —que transformó el país en una democracia denominada por analistas como “iliberal”— admitió que los resultados electorales constituyen una derrota “dolorosa”.

Las autoridades electorales estimaron que la participación alcanzó un récord de al menos 79%. La mayoría de los ciudadanos húngaros consideraron los comicios como un momento decisivo para el país.

Según los resultados preliminares, que se basan en el 81,5% de los votos escrutados, el partido Tisza —de centroderecha, proeuropeo y liderado por el abogado de 45 años y exparlamentario Péter Magyar— obtuvo 137 escaños, lo que le otorga una mayoría de dos tercios en el Parlamento de 199 miembros, derrotando al partido Fidesz de Orbán.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, pronuncia un discurso tras conocer los resultados de las elecciones parlamentarias en Budapest, Hungría, el domingo 12 de abril de 2026.

“Los resultados electorales aún no son definitivos, pero la situación es comprensible y clara. El resultado nos duele, pero es innegable. No se nos otorgó la responsabilidad ni la posibilidad de gobernar. He felicitado al ganador”, expresó Orbán, de 62 años, que contaba con el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump; del líder ruso, Vladimir Putin; y de buena parte de los dirigentes y políticos conservadores europeos.

En contraste, Magyar —quien había caracterizado las elecciones como una crucial decisión entre Oriente y Occidente— pronunció un discurso en Budapest ante miles de seguidores que estuvo cargado de esperanzas y también de dardos a Orbán y su formación, que ahora pasarán a la oposición.

“Hoy estamos haciendo historia. La pesadilla que hemos vivido estos últimos años llegará a su fin... Hungría ha enviado un mensaje: el régimen de Viktor Orbán ha terminado. Nuestra patria forma parte de Occidente, nuestra patria forma parte de la comunidad europea, nuestro país forma parte de la OTAN... Juntos, hemos liberado Hungría y hemos recuperado nuestro país", afirmó ante una multitud.

El fin de una era y el "retorno" a la esfera de influencia de la UE

Orbán —cristiano, conservador, nacionalista, euroescéptico— gobernó Hungría desde 2010, obteniendo supermayorías parlamentarias cuatro veces consecutivas en 2010, 2014, 2018 y 2022, llegando a ser el líder más longevo de la Unión Europea. Un dominio indiscutible que le permitió implementar reformas profundas al Estado, siendo la más significativa de estas una suerte de reforma a la Constitución, que se basó en la aprobación de una Ley Fundamental de Hungría, que reemplazó de facto aspectos de la carta magna.

La Ley Fundamental introdujo principios sobre la identidad nacional, la tradición cristiana y una sociedad "centrada en la familia”, esta última definida como la unión entre hombre y mujer. Orbán también impulsó cambios al sistema electoral, así como la reestructuración del Poder Judicial, llenando el Tribunal Constitucional con jueces leales; asimismo concentró el poder y puso a las instituciones bajo el férreo control del gobierno.

La derrota electoral de este domingo marca la culminación de 16 años de gobierno de Orbán y se prevé que tendrá importantes y cruciales repercusiones no solo para Hungría, sino también para la Unión Europea, Ucrania y otros países. Su salida del poder también augura el fin al papel de socio conflictivo de Budapest dentro del bloque: Orbán fue durante años la piedra de tranca en las decisiones más trascendentales de la UE con respecto a la invasión lanzada por Rusia contra Ucrania en febrero de 2022.

Usando su poder de veto en el marco de la regla de unanimidad dentro de la UE, Orban obstaculizó sanciones económicas a Moscú, paquetes de ayuda suplementaria y préstamos a Kiev, negociaciones para el ascenso de Ucrania al bloque, así como concesiones y transferencia militar de apoyo al país, en medio de una incesante ofensiva de Rusia.


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