Israel y el Líbano inician conversaciones este jueves, anunció el presidente de Estados Unidos
BEIRUT (16 Abril 2026).- La sombra de la guerra civil siempre planea sobre Líbano, aunque cada uno de los ciudadanos jure que no desea repetir un conflicto que destrozó su país entre 1975 y 1990. Chiíes, suníes y cristianos -las principales religiones de una nación con 17 confesiones oficiales- comparten calles, comercios, música y lengua durante el día. Es sólo cuando regresan a sus camas, en barrios y pueblos de su propia secta, cuando surgen las divisiones.

Sin embargo, la imagen del embajador israelí, Yechiel Leiter, estrechando la mano de la embajadora libanesa, Nada Hamadeh Muawad, en Washington amenaza el frágil equilibrio en el que vive un Estado sujeto por puntales, y siempre en riesgo de derrumbe. Los libaneses se enfrentan a un dilema: dar apoyo a Hizbulah, que asegura estar “resistiendo contra la ocupación israelí”, o pactar con Tel Aviv la cesión del control de una franja en el sur del país.
Irán insiste en que el fin de la guerra no puede llegar sin un alto el fuego en Líbano, mientras que la Casa Blanca presiona a Israel para que acepte una tregua y elimine uno de los obstáculos para conseguir la paz con los persas. Los medios israelíes especulaban el miércoles con un paro de una semana en los ataques a Líbano, pero Beniamin Netanyahu, tras reunirse con el gabinete de seguridad, anunció a última hora que los ataques contra Hizbulah continuarán. Este jueves, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que “los líderes” de Israel y Líbano van a reunirse hoy mismo, un encuentro del que, según varios medios y agencias, los libaneses desconocen.
Se produzca o no la reunión, el gobierno libanés, encabezado por el presidente cristiano Joseph Aoun y el primer ministro suní Nawaf Salam, ha sido informado por Estados Unidos de que Israel podría aceptar rebajar la ofensiva, que ha dejado casi 2.200 muertos y 1,3 millones de desplazados en un mes y medio de conflicto.
Hizbulah, que controla grandes extensiones del territorio libanés y está mucho más armado que el precario Ejército libanés, no está en las conversaciones. En una entrevista a La Vanguardia, el diputado de Hizbulah, Huséin el Haj Hassan, expresó la oposición del Partido de Dios a “a las negociaciones directas con el enemigo”.
Según él, “deberían contar con un consenso nacional y requerir modificaciones de la Constitución -el contacto con israelíes está prohibido por la legislación libanesa- y son ilegales”. “¿Cómo vamos a negociar con un enemigo que nos bombardea, mata a nuestra gente y ocupa nuestra tierra? Si tiene que haber negociaciones, deben ser indirectas”, añadió.
El ataque del pasado miércoles permanecerá en la memoria de los libaneses. En cuestión de minutos, Israel bombardeó más de 100 localizaciones en todo el territorio, incluidas zonas mixtas del centro de Beirut. Uno de ellos impactó a escasos metros del piso de Gabi, cristiano de 32 años, quien asegura que, a pesar de ello, no piensa marcharse de su país. “Hoy no nos ha tocado a nosotros, pero quizá mañana sí”, explica. “Si tengo que morir, que sea en mi tierra”.

Está a favor de un acuerdo con Tel Aviv. “Simplemente, quiero vivir en paz”. “No me gusta Israel, pero creo que Hizbulah debería saber que nunca podrán con ellos, son demasiado fuertes. Si quieren quedarse con el sur, incluso con todo el país, tienen fuerza para hacerlo. Nosotros lo único que podemos hacer es morir. ¿Por qué tenemos que morir?”
Comparte perspectiva con numerosos cristianos y suníes, que culpan a la milicia chií, el principal aliado de Irán en el vecindario de Israel, de meter al país en conflictos contra un enemigo letal. “Los cristianos perdieron la guerra civil. Aún hay gente que cree que en el caso de una guerra civil, israelíes y americanos acudirían en su ayuda”, dice Sami, maronita que durante los últimos años ha trabajado en la Cruz Roja libanesa en frentes de tres guerras, y que, pese a su confesión, se declara “impresionado” por el aguante de las fuerzas chiíes en el sur.
Es precisamente ese punto geográfico donde la guerra toma otra dimensión. Diversas poblaciones de la frontera han sido arrasadas en esta última campaña. El Ejército israelí publicó vídeos grabados a vista de dron de las demoliciones de Taibe, Naqura y Deir Seryan, donde ya no queda una sola casa en pie.

Sin embargo, el avance de las tropas terrestres es mucho más complicado. Israel lleva semanas rodeando la ciudad de Bint Jbeil, bastión del grupo armado, y donde la milicia asegura que aún continúan los combates a pesar de la superioridad aérea israelí.
En ese sentido, Netanyahu ordenó a sus militares seguir reforzando la “zona de seguridad” en el sur de Líbano. “Nuestras fuerzas continúan atacando a Hizbulah y estamos a punto de tomar Bint Jbeil”, mientras asegura estar “preparado para todos los escenarios” ante la posibilidad de que todas las negociaciones colapsen.
Cada bomba sumerge más en la depresión colectiva a los libaneses, que siempre responden con bromas oscuras a los desastres que golpean cada pocos años a la pequeña nación libanesa. Pero ni el humor negro hace sonreír a Nur: los pueblos de sus padres, Hula y Jiam, en primera línea de fuego, ya no existen. “Es difícil entenderlo, pero no puedo marcharme, aunque pueda”, afirma. “Da igual lo que suceda, este país nunca dejará de sufrir”. Sólo tiene dos deseos: “que Líbano no se convierta en Gaza, y que no seamos tan estúpidos de matarnos entre nosotros”.
Por HELENA PELICANO/La Vanguardia



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