La República Dominicana busca los restos de Enriquillo, “el primer guerrillero de América”

BOGOTÁ, Colombia (28 Abril 2026).- Creció con el nombre de Guarocuya. Este indígena taíno nacido en 1498 en Santo Domingo se casó con Mencia, hija del español Hernando de Guevara, y se convirtieron en uno de los primeros ejemplos de mestizaje en el continente. Este inteligentísimo joven se convirtió al catolicismo y fue bautizado como Enrique Bejo (‘Enriquillo’), aunque no dejó de denunciar los abusos de su “amo” hasta agotar todas las instancias legales.

Su pensamiento crítico le costó la prisión. Cuando salió, decidió irse a las montañas del Bahoruco y organizar la resistencia armada hasta lograr un acuerdo de paz ofrecido por Carlos I de España. Este fue el primer ejército rebelde que conoció el Caribe y Enriquillo el primer guerrillero de la región. Cinco siglos después de una biografía que pasó prácticamente desapercibida, un grupo de arqueólogos buscan sus restos para darle el lugar que se merece en la historia de República Dominicana y España.



La pista de los restos mortales de Enriquillo se perdió hace siglos, aunque de acuerdo a la literatura, pidió ser enterrado en la iglesia de Las Mercedes, en la localidad de Azua (al suroeste del país). El templo quedó destruido en mayor medida por las afectaciones de un terremoto en el siglo XVIII. Los bloques de las paredes y el techo colapsaron y los escombros quedaron prácticamente en el abandono.

En el 2021, científicos israelíes realizaron un sondeo con radar en las ruinas de esta iglesia y encontraron tres puntos donde se localizarían osamentas. Con esos indicios, un grupo de arqueólogos internacionales (de España, República Dominicana y Egipto) arrancaron con unas iniciales excavaciones en febrero, donde encontraron restos del pavimento original, ladrillos con la inscripción de una marca española (“Judería”) y la joya de la corona: 35 osamentas completas y otras 50 removidas por procesos de enterramientos nuevos.

Entre las osamentas halladas hay una que les llamó especialmente la atención, pues los huesos yacían junto a un collar de cuentas, emblemático entre la comunidad indígena de los taínos. Las pruebas recolectadas se encuentran ahora en Estados Unidos y España, mientras les hacen una prueba de ADN que pueda comprobar científicamente sus sospechas: que dieron con los restos de Enriquillo.

Se prevé que se tengan resultados de las pruebas de ADN en seis meses. Antonio Guio, arqueólogo español, explica que estos tiempos son los “habituales” para este tipo de pruebas (que serán contrastadas con unos patrones “por razas” ya establecidos). “La arqueología es una labor de mucha paciencia. Este trabajo es como ir hojeando un libro que te va descubriendo información conforme vas quitando capas de tierra”.



Según Guio, otra de las pruebas que componen esta hipótesis es la ubicación en la que lo encontraron. “No estaba en el centro de la iglesia, donde se acostumbra a enterrar a los más nobles. Sino en un anexo al templo. Esto denota su estatus de segunda categoría por haber sido un indígena convertido”, narra. Kathleen Martínez, arqueóloga dominicana a cargo, añade: “Sabemos que el cacique Enriquillo sufrió varias enfermedades y quizás con la tecnología moderna, si estamos en presencia de los restos del cacique, podamos reconstruir esa historia”.

“Por la dignidad de los taínos”

Martínez, la dominicana que lleva 20 años buscando la tumba de Cleopatra, dirigió este proyecto desde sus inicios hasta los 30 días de excavación. Juntos examinaron minuciosamente el terreno de un gran valor histórico y lograron excavar una sexta parte de este. “Esto es sólo la primera parte”, explica Martínez. “Es el primer paso de muchos. Enriquillo merece, en su lucha por la libertad y la dignidad, que el pueblo nuestro, y creo todo el Caribe, toda Hispanoamérica, lo conozca y honre su memoria, porque fue un gran luchador por la libertad y por la dignidad de su etnia”.

Para ambos entrevistados, la confirmación de haber encontrado los restos de Enriquillo son la excusa para restaurar un patrimonio cultural e histórico olvidado para las instituciones dominicanas, como lo es la Iglesia de las Mercedes. “Queremos convertirlo en un museo visitable. A fin de cuentas es un lazo de unión ente los dos pueblos. Un pedacito de España en tierras dominicanas”.

 

 

Por NOOR MAHTANI/El País


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