Papa León XIV en Camerún: Cada gesto de solidaridad y perdón es un bocado de pan para la humanidad
DUALA, África (17 Abril 2026).- En la misa que presidió ante 120 000 fieles en el Estadio Japoma, en Duala, el Papa se detuvo en las formas de responder al hambre, tanto material como espiritual de las poblaciones. Invitó a los jóvenes cameruneses a convertirse en “la buena noticia” para su propio país y les recomendó que no cedan al desánimo: “Rechacen toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles, pero endurecen el corazón”.
“El anuncio cristiano cambia nuestra historia,
transformando las mentes y los corazones”: lo afirmó el Papa León XIV en la
homilía de la Misa presidida en el Estadio Japoma de Duala. En la mañana de
hoy, 17 de abril, tercer día de su viaje apostólico a Camerún, el Pontífice se
trasladó por la mañana con un vuelo de poco menos de una hora desde Yaundé
hacia Duala, centro económico del país, para la celebración de la Santa Misa.
Unos 120 mil fieles recibieron con entusiasmo al Pontífice, saludándolo con
alegría y afecto a su llegada en el papamóvil.
En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre el
Evangelio de Juan que narra el milagro de Jesús de la multiplicación de los
panes, con el que garantiza alimento para todos, a pesar de que no hubiera
suficiente. Y destacó que esta “Buena Noticia”, para la Iglesia en Camerún
“resuena como un anuncio providencial del amor de Dios y de nuestra comunión”.
¿Qué
hacen?
Recordando la necesidad de la multitud hambrienta del
relato evangélico y la poca comida que había, el Pontífice planteó que Jesús
nos pregunta también a nosotros como entonces preguntó a sus discípulos: “¿cómo
resuelven ustedes este problema? ¿Qué hacen?”. Una pregunta que se dirige a
cada uno de nosotros, porque todos tenemos las mismas fragilidades:
Se dirige a los padres y a las madres que cuidan a sus
familias; se dirige a los pastores de la Iglesia, que velan por la grey del
Señor; se dirige a quienes tienen la responsabilidad social y política de
atender al pueblo y mirar por su bien. Cristo dirige esta pregunta a los
poderosos y a los débiles, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los
ancianos, porque todos tenemos hambre por igual.
A continuación, indicó que este grave problema se
resuelve “bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los
que tienen hambre”, se resuelve con el “compartir”.
¡He aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a
todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con
una mano que da.
El
hambre de paz, libertad y justicia
León XIV recordó también que Jesús “ha venido a servir
con amor, no a dominar”. Y el milagro que realizó es “es signo de este amor”
que no nos muestra solamente cómo “Dios alimenta a la humanidad con el pan de
vida, sino también cómo nosotros podemos llevar este alimento a todos los
hombres y mujeres que, como nosotros, tienen hambre de paz, de libertad y de
justicia”.
Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de
bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados.
El alimento que nutre el alma
Sin embargo, “esto no es suficiente”, señaló el Papa,
porque al alimento que nutre el cuerpo hay que unir, el “alimento del alma”,
que nos sostiene “en medio de las tinieblas del sufrimiento”. “Este alimento es
Cristo, aseguró, que siempre nutre en abundancia a su Iglesia y nos fortalece
en el camino con su Cuerpo”.
¡Felices los invitados a la cena del Señor! En torno a
la Eucaristía, esta misma mesa se convierte en anuncio de esperanza en las
pruebas de la historia y en las injusticias que vemos a nuestro alrededor. Se
convierte en signo de la caridad de Dios, que en Cristo nos invita a compartir
lo que tenemos, para que se multiplique en la fraternidad eclesial.
Encontrar a Cristo en el hermano necesitado
El Obispo de Roma remarcó además que el hambre revela
no sólo nuestra indigencia, sino sobre todo el amor de Cristo e instó a
recordarlo “cada vez que cruzamos la mirada con el hermano y la hermana a
quienes les falta lo necesario”.
Jóvenes
protagonistas del futuro
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, los invitó a
ser protagonistas del propio futuro, a multiplicar “sus talentos con la fe, la
tenacidad y la amistad que los animan” y a ser entre los primeros que “llevan
al prójimo el pan de la vida; alimento de sabiduría y de liberación de todo
aquello que no nos nutre, sino que confunde nuestros buenos deseos y nos roba
la dignidad”.
No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen
toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles,
pero endurecen el corazón y lo vuelven insensible. No olviden que su pueblo es
aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la
familia, la hospitalidad, el trabajo. Sean, pues, protagonistas del futuro,
siguiendo la vocación que Dios da a cada uno, sin dejarse comprar por
tentaciones que malgastan las energías y no contribuyen al progreso de la
sociedad.
El
anuncio, misión de todo cristiano
Citando el “audaz testimonio” que dieron del Señor
Jesús los primeros cristianos, el Santo Padre alentó también a anunciar con
constancia el Evangelio, “misión de todo cristiano”.
Es la misión que confío especialmente a ustedes,
jóvenes, y a toda la Iglesia que vive en Camerún. Conviértanse en buena noticia
para su país, como los es, por ejemplo, el beato Floribert Bwana Chui para el
pueblo congolés.
Signos
de justicia en una tierra que sufre
Para concluir su homilía, el Papa quiso remarcar el
significado del anuncio cristiano:
Anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de
justicia en una tierra que sufre y está oprimida; signos de paz entre
rivalidades y corrupciones; signos de fe que nos liberan de la superstición y
de la indiferencia.


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