Vicens Lozano, corresponsal en la Santa Sede afirma que el "papa Benedicto XVI cerró un prostíbulo dentro mismo del Vaticano”
No todos los días se puede hablar con alguien que tiene un conocimiento privilegiado de su tema y que sabe mucho más de lo que dice, que ya es bastante. Corresponsal en el Vaticano desde hace muchos años, conoce como nadie la complejidad de la Iglesia y las luchas por el poder que se esconden en su seno. Es muy consciente de que se halla frente a una realidad para la que no valen los análisis simplistas.
Por eso dice, con mucha gracia, que en la Santa Sede
“dos y dos nunca son cuatro”. Se refiere, por ejemplo, a que las categorías de
derecha e izquierda no son fácilmente aplicables. Puede haber, por ejemplo, un
cardenal que sea a la vez homófobo y partidario de levantar el celibato al
clero.
En su último libro, León XIV. Sombras bajo la cúpula
(Roca Editorial, Pòrtic en catalán), Lozano nos cuenta en una exclusiva mundial
las intrigas que han rodeado la elección del último pontífice, al que describe
como un hombre en la línea del añorado Francisco. Por eso ha tenido que
enfrentarse a los católicos más inmovilistas.
Lozano describe, por ejemplo, una operación para
difamarle con una falsa acusación de complicidad en un caso de pederastia. Nos
revela así algunas claves de un papa que, hasta la fecha, ha mantenido un
perfil bajo, pero que no ha dudado en plantar cara a Donald Trump a propósito
de su política belicista.
En El Padrino III, la famosa película de Coppola, se
habla de los vínculos entre la Santa Sede y el crimen organizado. ¿Ficción o
realidad?
Este vínculo se ha dado en la vida real, sobre todo en
los años ochenta, noventa incluso, en especial a través de la Democracia
Cristiana de Giulio Andreotti. Yo estuve hablando con Andreotti como tres o
cuatro horas en un hotel en Palermo, en vísperas de su juicio por asociación
mafiosa. Él me explicó –todo off the record, por supuesto– cómo funcionaba esta
relación que existía con determinados capos de la mafia, que controlaban el
territorio, sobre todo, del sur de Italia.
Yo recuerdo también bendiciones, bautizos, bodas de
jefes de familias mafiosas en la catedral de Palermo, oficiadas por el cardenal
Salvatore Papalardo.
Por otra parte, el juez Giovanni Falcone, que sería
asesinado por la mafia, también me dio diversas pautas sobre los lazos entre la
Iglesia y el crimen organizado. Consistían fundamentalmente en un clientelismo
político. Convenía mucho a la Democracia Cristiana, que necesitaba del factor
religioso, en una sociedad profundamente católica, para obtener el voto.
El
caso Calvi, la turbia red financiera que salpicó al Vaticano
La Democracia Cristiana consiguió así colocar a gente
prácticamente en todas las alcaldías y en el gobierno regional de Sicilia.
Muchos políticos sicilianos formaron parte de los sucesivos gobiernos
italianos, de Giulio Andreotti fundamentalmente, que fue siete veces primer
ministro de Italia y no sé cuántas veces ministro de cincuenta mil cosas.
Además, a través de la banca vaticana, se reciclaba mucho dinero negro procedente del crimen organizado. Esto propició que personajes de relevancia del Vaticano, en la época, por ejemplo, de Juan Pablo II, tuvieran también una importante connivencia con grupos mafiosos. Estamos hablando, por ejemplo, del arzobispo Paul Marcinkus.
De hecho, yo revelo en los dos libros anteriores,
Intrigas y poder en el Vaticano y Vaticangate (ambos de Roca Editorial) las
vinculaciones que tuvo en el caso de Emanuela Orlandi, la chica que desapareció
en el Vaticano en 1983.
No le preguntaremos quién mató a Kennedy, pero sí cómo
falleció Juan Pablo I. ¿Muerte natural o asesinato?
Sin duda no fue por causas naturales. Esto está
reconocido dentro del Vaticano, aunque no oficialmente. En mis libros ofrezco
pistas claras sobre lo sucedido. Jamás se hizo una autopsia porque, en
principio, no se hace autopsia a los cadáveres de los papas. En este caso,
existió toda una operación para encubrir cómo se produjo la muerte. Juan Pablo
I murió, sustancialmente, porque intentaba reformas en la banca vaticana. De
hecho, en su lecho de muerte, se encontró un grueso dossier sobre un proyecto
para hacer cambios en esa institución. Esto realmente no interesaba a mucha
gente dentro del Vaticano porque los vínculos con el crimen organizado suponían
unas comisiones extraordinarias para muchos bolsillos de determinados
cardenales.
Usted empezó como corresponsal en el Vaticano en
tiempos de Juan Pablo II. ¿Ha cambiado mucho el papado desde entonces?
Ha cambiado el papado y ha cambiado la sociedad. Los
tiempos han ido a una velocidad tremenda y en estos momentos continúan cada vez
más acelerados. El pontificado de Juan Pablo II fue rompedor. Hubo un estallido
de los medios de comunicación, que fue aún más fuerte después, con la eclosión
de las redes sociales en la época de Benedicto XVI. Después del papa alemán, el
papa argentino, Francisco, supuso un antes y un después, un cambio de paradigma
de lo que es el pontificado.
¿En qué consistía ese cambio?
El pontificado tenía unas raíces fundamentalmente
monárquicas. El papa Francisco intentó que tuviera un carácter más religioso y,
al mismo tiempo, trató de materializar cambios sustanciales.
Por ejemplo, la curia vaticana siempre ha sido un poco
la corte de esa monarquía que representaba el pontificado. Bergoglio, en
cambio, intentó que se limitara a la función que debe tener: ayudar al Papa en
la dirección de la Iglesia, en el gobierno de la Iglesia. Esto no lo acabó de
conseguir. Precisamente fue la curia, una parte importante de ella al menos, la
que se enfrentó más directamente con las reformas.
León
XIV, ¿representa una continuidad o un cambio?
El Papa actual sigue la misma línea. Aunque es un
hombre tradicionalista en las formas, es reformador en el contenido. Como su
antecesor, también quiere hacer reformas profundas en la curia vaticana. Yo he
descubierto la existencia de un proyecto oculto acerca de un gobierno colegiado
de la Iglesia, un gobierno donde el Papa siempre tendrá la última palabra, pero
cedería responsabilidades. Se desea que las decisiones partan de la
corresponsabilidad y que se tomen por consenso.
Ahora se habla mucho de la sinodalidad, que
consistiría, precisamente, en una Iglesia con un proceso de toma de decisiones
más colegial. ¿En qué medida esto es una reforma cosmética, si el Papa consulta
a los fieles pero se guarda la última palabra?
Todas las reformas del Vaticano son lentas. Practicar
la puesta en común de lo que divide, la cultura del pacto y del consenso, no es
fácil tampoco en la Iglesia.
La sinodalidad no debería ser algo cosmético. El papa
Francisco la consideró su gran reforma de la Iglesia, de cara a un futuro no
muy lejano.
Para él era necesario escuchar hasta el último
feligrés, siendo consciente de que las diferencias culturales que existen entre
países, entre sociedades, hacen muy difícil llegar a acuerdos, sobre todo en temas
de moral.
¿Cómo podía llegar hasta Roma el sentir de los fieles?
El papa Francisco realizó una macroencuesta, al inicio
del proceso sinodal –que continúa con León XIV–, donde se preguntaba por lo que
funcionaba mal en la Iglesia y acerca de lo que se podría hacer para cambiar
esos aspectos negativos. Hubo una respuesta generalizada de parroquias de todo
el mundo. No todas, porque hubo obispos que frenaron este proceso en sus
diócesis.
El Vaticano nunca ha dado a conocer el resultado, pero
yo sé de gente que ha visto las respuestas. Una parte de la Iglesia pide el
sacerdocio femenino, la abolición del celibato sacerdotal o que se pueda
establecer un tipo de unión “matrimonial” entre parejas homosexuales, etc.
Otros sectores católicos, en cambio, piden regresar a
la misa en latín, que no se olvide la tradición. Una teología anclada en el
inmovilismo. No hay que olvidar que el Vaticano, en definitiva, es un
microcosmos de la actual guerra cultural que existe en el mundo.
A veces hablamos de que tal Papa no ha podido hacer lo
que pretendía. ¿Por qué? ¿No se supone que tiene toda la autoridad?
La Iglesia no deja de ser una estructura burocrática
donde poner palos a las ruedas es relativamente fácil. Determinados documentos
pontificios llegaban a obispos de todo el mundo, que los metían en un cajón y,
si te he visto, no me acuerdo.
Hablemos de Juan Pablo II. ¿Fue tan decisiva como
dicen su influencia en la caída del comunismo?
Tuvo una importancia geopolítica vital. Existió un
acuerdo entre el presidente Ronald Reagan, Juan Pablo II y Lech Walesa, el
líder del sindicato Solidaridad, que propició la caída del comunismo en
Polonia.
Esto fue determinante para la caída posterior del
resto de países de la órbita soviética y la autodestrucción de la URSS. Como
persona que había sufrido el comunismo, Wojtyla tenía gran interés en que
acabara por desaparecer.
¿Qué hay del cisma de Lefebvre?
Yo viví el cisma de Lefebvre en Suiza, estuve allí, le
hice la única entrevista que se le hizo antes de morir. Era bastante insólito
que a un papa ultraderechista como Juan Pablo II le saliera una escisión por la
derecha.
Ahora hay un nuevo desafío de los lefebvristas: van a
repetir lo que hicieron con Juan Pablo II, nombrar obispos, que es una potestad
exclusiva del pontífice. Este cisma se comprende en un momento como el actual,
donde la tendencia mundial es hacia los nuevos populismos, la supresión de
libertades y derechos políticos y sociales. Se entiende que existan grupúsculos
radicales que quieran aprovechar estos vientos favorables.
Marcel Lefebvre, el arzobispo que desafió la
renovación de la Iglesia
Usted no dice que eligieran a un norteamericano, León
XIV, por la cuestión del dinero, es decir, por la disminución de los fondos que
llegaban a Roma desde Estados Unidos. Pero sí destaca que este fue un factor,
entre otros.
Ni los conservadores ni los progresistas tenían los
votos necesarios para elegir a un candidato. Unos tenían preparados desde hacía
tiempo los dossiers para ir descartando candidatos más o menos progresistas.
Los progresistas contaban con la posibilidad de que,
gracias a los cardenales que había nombrado el papa Francisco, hubiera una
cierta mayoría progresista. No fue así. Un pequeño núcleo de gente que no
quería perder el legado de Francisco se unió para preservarlo.
¿Cómo lo consiguieron? Dijeron que, si el elegido era
un norteamericano, Robert Francis Prevost, seguramente volvería a fluir dinero
al Vaticano, que tenía problemas gravísimos de cash, incluso para pagar los
sueldos y pensiones a sus trabajadores. Esto ha acabado desbloqueándose.
Realmente ha sido así. Los símbolos tradicionales que exhibe Prevost ayudaron
asimismo a su elección.
Vayamos ahora a cosas escandalosas. Benedicto XVI
suprimió un prostíbulo para miembros de la curia…
En el Vaticano, como en cualquier institución del mundo, se producen casos de corrupción y abusos. Existía un prostíbulo dentro mismo del Vaticano donde había hombres y mujeres (jóvenes, pero no menores). Yo acabé descubriendo que todo el mundo lo sabía. Se aplicaba la ley del silencio, la omertá. Benedicto XVI lo hizo cerrar de inmediato. Esto forma parte del escándalo Vatileaks, que provocó su renuncia.
¿No fue, entonces, por motivos de salud?
Los escándalos fueron para él como si le cayera encima
una losa de cincuenta mil toneladas. No podía continuar. Deseaba que llegara
otro y solucionara todos esos problemas. El papa Francisco sentó las bases para
empezar a arreglarlos: reformó la banca vaticana, hizo que el Vaticano dejara
de ser un paraíso fiscal. En el tema de la moralidad, tuvo una actitud más
abierta. Por ejemplo, con los homosexuales y transexuales.
¿Es cierto que el papa Francisco quiso nombrar
cardenal a una mujer
Este era un rumor muy extendido en el Vaticano. Yo lo
corroboré con una fuente muy cercana a Bergoglio, que me dijo que lo tenía en
la cabeza, pero que le habían aconsejado que no, porque, si nombraba a una
mujer cardenal, la elegida tendría que ser consagrada antes como sacerdote y
como obispo. Pero Francisco nombró muchas mujeres en cargos de responsabilidad
y León XIV sigue con esta práctica.
Un pasaje muy divertido de su libro es cuando dice que
los cardenales, incluso los más enfrentados, se ponían de acuerdo con una buena
comida.
Una buena mesa une a mucha gente, no solo en el Vaticano,
sino en todo el mundo. Alrededor de una buena mesa se han logrado pactos
históricos. En mi libro están todos los restaurantes que los cardenales
frecuentaron para discretas e intrigantes reuniones antes del Cónclave.
¿Cómo ha influido sobre León XIV su experiencia en
Perú?
Esto marca mucho. Un norteamericano llega al Perú como
misionero agustino. Trabaja doce años en comunidades de las más pobres del
Perú. Después es obispo de Chiclayo, una región del Perú, donde no había ni
carreteras. Él colabora allí en las inundaciones que hay, consigue respiradores
durante la época del Covid. Ha hecho un trabajo que influye muchísimo en su
personalidad. Es un papa del primer mundo y, al mismo tiempo, es un papa del
sur.
¿Por qué ha escogido ese nombre el nuevo papa? León
XIV toma el camino marcado por León XIII, el primer papa social
Monseñor C., uno de los personajes del libro, afirmaba
que en el Vaticano nada es lo que parece. Y lo que parece, tampoco.
Sí, porque hay una serie de matices. El lenguaje es
sibilino, siempre. Es un lenguaje retórico, barroco. Al principio de estar como
enviado de TV3 en el Vaticano, hacía entrevistas a cardenales y cuando acababa
la entrevista me preguntaba: “Este señor, ¿qué me ha dicho después de estar una
hora con él?” Poco a poco fui intentando conocer el lenguaje verbal y el
lenguaje gestual, interpretar los silencios, las medias palabras, … las
miradas. Sin duda contaba más esto que lo que el entrevistado estaba diciendo.
Cuando se encuentra con alguien que quiere hacer una
filtración, ¿cómo distinguir si dice la verdad o pretende manipular para servir
a intereses inconfesables?
Para esto hay que tener mucho oficio, picar mucha
piedra. Un periodista joven que llegue al Vaticano esto no lo captará. En mi
larga experiencia, yo he tenido sustos en este aspecto: me han colado
filtraciones que eran cosas absolutamente falsas, intentos de atacar a un
determinado personaje, para conseguir un puesto más importante. Aún ahora
recibo cinco o diez dossiers al mes, sobre este, sobre el otro. ¿Quién los
hace? Muchas veces ni lo sabes. Yo casi nunca saco nada de estos dossiers.
Pregunto, eso sí. La mayoría de las veces son fake news.
¿Cómo fue su relación con Paloma Gómez Borrero, también
corresponsal en el Vaticano?
Yo era un pez fuera de la pecera cuando empecé. Paloma
me enseñó a navegar, me acogió prácticamente como si fuera un hijo. Yo la llamaba
la “mamma vaticana” y ella a mí “catalán simpático”, como si no hubiera ningún
otro. Conmigo tuvo muchos detalles: me explicó el organigrama complicadísimo
del Vaticano, me presentó a mucha gente, gente que aún ahora es confidente,
fuentes informativas de primer nivel.
¿Ha tenido problemas para hacer su libro?
Me ha costado sangre, sudor y lágrimas, porque he
tenido boicots, presiones, de todo. De unos y de otros. Unos porque creen que
hace mal a la Iglesia descubrir realidades incómodas. No, mi intención nunca ha
sido esa. Los otros, porque no quieren que sea dicho que este papa ha llegado
al pontificado a través de una operación oculta en la que intervienen servicios
secretos. No hablaré más sobre esta cuestión.
Por FRANCISCO
MARTÍNEZ HOYOS/La Vanguardia


No hay comentarios.: