Cáncer colorrectal arrebata la vida a la leyenda del baloncesto puertorriqueño José “Piculín” Ortiz Rijos
SAN JUAN, Puerto Rico (5 Mayo 2026).- La leyenda del baloncesto puertorriqueño José “Piculín” Ortiz Rijos falleció hoy, martes, a las 12:03 de la madrugada, a los 62 años, tras enfrentar una ardua batalla contra el cáncer colorrectal, enfermedad que le fue diagnosticada a finales de 2023.
Ortiz se encontraba recluido en el Hospital Ashford desde
el pasado viernes, 1 de mayo, y se mantuvo acompañado en todo momento por su
inseparable esposa Sylvia Ríos, así como por su hija Neira, familiares y
allegados.
José “Piculín” Ortiz, una de las figuras más
importante de la historia del baloncesto en Puerto Rico, falleció este martes
tras enfrentar una ardua batalla contra el cáncer colorrectal, confirmó la
Federación de Baloncesto de Puerto Rico (FBPUR).
“Piculín” fue diagnosticado con la enfermedad a
finales de 2023.
El exbaloncelista se encontraba recluido en el
Hospital Ashford desde el pasado viernes, 1 de mayo, y se mantuvo acompañado en
todo momento de esposa Sylvia Ríos, así como por su hija Neira, familiares y
allegados.
Una carrera ascendente
“Picu”, como también era llamado por sus fanáticos y
amigos, nació en Aibonito el 25 de octubre de 1963, pero se crió en Cayey. Hijo
de don Germán Ortiz y Elba Rijos, inició sus primeros pasos en el deporte lejos
del aro y el tablero, sino como pelotero y voleibolista en sus años de escuela.
Sin embargo, poco tiempo necesitaron para darse cuenta que su estatura de 6’11
serviría para postearse debajo del palo y repartir de su gracia baloncelística.
Tras su paso por la escuela superior vocacional
Benjamín Harrison, Ortiz pasó al Baloncesto Superior Nacional (BSN), donde
debutó en 1981 con los Atléticos de San Germán con apenas 17 años.
Con el “Monstruo Anaranjado” quemó tenis por 14
temporadas y le dio a esa franquicia tres títulos del BSN.
“Siempre he apreciado mucho a San Germán y la
oportunidad que me dio. Es una franquicia que estimo mucho, porque gran parte
de mi trayectoria se la debo a este pueblo”, comentó Ortiz en el 2019, cuando
su icónico número 4 fue retirado en la cancha Arquelio Torres Ramírez, hogar de
los Atléticos.
Fue en esos años en que recibió su segundo apodo, “el
Concorde”, cortesía de otro inmortal, el narrador Manuel Rivera Morales, como
referencia al enorme avión que surcaba los cielos para aquel entonces.
En el BSN también vistió la camiseta de los Cangrejeros
de Santurce de 1998 al 2005, equipo con el que sumó a su vitrina otros cinco
trofeos de campeón.
Con
Puerto Rico en el corazón
Pero fue con la Selección Nacional de Baloncesto que
Ortiz llenó las páginas más gloriosas de su carrera. “Picu” jugó en cinco
mundiales de FIBA (1986, 1990, 1994, 1998 y 2002) y cuatro Juegos Olímpicos
(1998, 1992, 1996, y 2004) y unos Juegos de Buena Voluntad (1994). Además,
trajo a Puerto Rico múltiples medallas de oro, plata y bronce en Juegos
Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, Centrobásket, Preolímpicos y
Premundiales, entre otros.
Fue el héroe de la clasificación de Puerto Rico a los
Juegos Olímpicos de Atenas 2004 cuando, frente a un Coliseo Roberto Clemente a
reventar, condujo a Puerto Rico a una épica victoria sobre Canadá para ponchar
boleto a Grecia. Con casi 40 años de edad, Ortiz tiró aquel domingo en Clemente
posiblemente el partido más completo en la historia del baloncesto FIBA
internacional en un juego por una medalla.
Ortiz acabó la noche con 21 puntos, 10 asistencias y 10 rebotes, además de siete tapones para conducir al quinteto boricua a un triunfo histórico. Y es que, sin ese pase olímpico, El quinteto boricua jamás hubiera logrado la hazaña más memorable en su historia: la victoria sobre Estados Unidos en Atenas, primer revés del llamado “Dream Team” en Juegos Olímpicos desde su formación en 1992.
“Tenía la espinita de 1999 cuando Canadá nos dejó fuera de las Olimpiadas en nuestra propia casa. Fue un mal sabor que me duró por semanas y hasta contemplé el retiro internacional en aquel momento. Quería desquitarme de aquel juego e iba a hacer todo lo posible para evitar otra decepción en mi propia cancha”, dijo Ortiz en una entrevista con este medio en el 2013.
“Ese podía haber ser mi último partido en el Equipo
Nacional si no hubiéramos ganado. Nos merecíamos estar en Atenas luego de haber
fallado en ir a Sidney. Y si me iba a retirar del Equipo Nacional iba a ser con
unas Olimpiadas. Esa noche ante Canadá iba dispuesto a morir con las botas
puestas. Pero ganamos ¡Y de qué forma! Sin duda alguna, a nivel individual fue
el mejor juego de mi vida”, sentenció.
Su
paso por NCAA y NBA
Corría el año 1985 cuando decidió cursar estudios en
la Universidad de Oregon State. Allí completó un bachillerato en
comunicaciones. Simultáneamente, su juego de baloncesto llamó la atención de la
liga más importante del mundo. Así, el 22 de junio de 1987 fue seleccionado por
los Jazz de Utah en el turno número 15 de la primera ronda del sorteo de
novatos de la NBA.
Con los Jazz, sin embargo, su juego fue limitado.
Debutó el 9 de noviembre de 1988 (luego de jugar un año en el baloncesto
español con el CB Zaragoza en la Liga de España).
Jugó dos temporadas en la NBA antes de regresar al
baloncesto europeo, primero con el Real Madrid y después con el Barcelona, con
quien conquistó la Copa del Rey de Baloncesto (1991).
En
Europa fue un grande
Luego de militar en varios equipos españoles, en el 1994 brinca el charco y prueba suerte en la liga de Grecia, donde también se dejó sentir como varios equipos, específicamente en el Aris Tesalónica, con quienes conquistó la Copa Korac en 1995.
Tras esa temporada, Ortiz recibió una oferta de un
millón de dólares para jugar con la franquicia griega Paok BC. Sin embargo, el
contrato fue anulado después de que pruebas sugirieran que Ortiz había usado
esteroides, específicamente estanozolol.
Ortiz apeló la decisión en corte y ganó el caso, pero
se negó volver a Europa para jugar
En 1997 también reforzó a Guaiqueríes de Isla
Margarita en Venezuela y los llevó al título nacional.
Ortiz regresó a la Isla en el 1998 para dejar su marca
en los Cangrejeros y luego, en el 2006, ya con uniforme de los Capitanes de
Arecibo, le dijo adiós al deporte activo.
Incursionó
en la política
Tras su retiro, “Picu” incursionó en otra difícil
cancha: la política. De la mano del entonces candidato a la alcaldía de la
capital, Ferdinand Pérez, Ortiz corrió para el puesto de senador por el
distrito San Juan y Guaynabo, pero fue derrotado. Fue la primer y única ocasión
que incursionó en la Política.
Problemas
legales
Su vida, sin embargo, no estuvo exenta de controversia.
El 29 de junio de 2011, agentes del Servicio de Inmigración y Control de
Aduanas (Ice, por sus siglas en inglés) hicieron un allanamiento en una
residencia del exbaloncelista ocuparon 218 plantas de marihuana junto con
cartuchos para fusil AR-15. Ortiz admitió a las autoridades que el material le
pertenecía. Ortiz fue condenado a seis meses de cárcel, pero gran parte de la
pena la cumplió en un hogar de rehabilitación.
Ortiz admitió en aquel entonces que padeció de
depresión severa, lo que lo llevó al mundo de las drogas.
“Tuve ese problema y fue a peor. Ya en los últimos
días fue bastante difícil. Estaba pasando por muchas cosas personales que venía
arrastrando desde hace años. Uno estaba como con una chiringa, tratando de
tomar aire para elevarse, pero cada vez era peor. Creo que no busqué la ayuda a
tiempo”, admitió.
A
la cima de la historia
Con todos sus problemas en el pasado, Ortiz rehízo su
vida, apoyado en su esposa, Silvia Ríos y en el resto de su familia. Retomó una
carrera de empresario que había iniciado años atrás y en el 2018 abrió una
pizzería en el área de la Parguera, la cual gozó de mucho éxito.
Y en marzo de 2019, recibió una llamada ansiada, pero
inesperada. Ortiz se convertiría en el segundo boricua en ser exaltado al Salón
de la Fama del Baloncesto Internacional (FIBA), detrás de Teófilo “Teo” Cruz
(2007).
Fue la culminación de una carrera soberbia,
protagonizada por un ser humano de carne y hueso, con sus altas y sus bajas,
pero que siempre puso primero a Puerto Rico.
“Si ser inmortal representa que todo el mundo se
acuerde de ti, bienvenido sea. Es la parte bonita de tantos años dedicados a
este deporte”, sentenció.




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