Fallece colombiana Totó La Momposina, la voz insignia para la cumbia, el porro, el bullerengue y el mapalé
BOGOTÁ, Colombia (19 Mayo 2026).- Ha muerto una voz insignia para la cumbia, el porro, el bullerengue y el mapalé. La colombiana Sonia Bazanta Vides, mejor conocida como Totó La Momposina, ha fallecido este martes 19 de mayo, a sus 85 años. La noticia fue anunciada por el Ministerio de las Culturas colombiano con un mensaje en redes sociales.
“Hoy despedimos a la eterna Totó“, dice este. ”A la eterna momposina que habló de la música tradicional del Caribe, la potenció y la enriqueció durante décadas para escribir un capítulo entero de la historia cultural de nuestro país”. Es un día para tocar la tambora, como ella lo cantó en varias de sus canciones. "Que yo vi que me llevaban; que yo vi que me enterraban; que yo vi que me llevaban; que yo vi que me lloraban", dice su voz en La Candela Viva. La candela que llevaba Totó la Momposina en la voz ha muerto.
“Murió tranquila”, dijo su hijo, Marcio Vinicio, a la
emisora Blu Radio. ”Para nosotros es un descanso, porque una mujer como ella,
con tanta vitalidad y tanta energía, ya no respondía físicamente”, añadió.
Contó que desde octubre del año pasado estaba casi siempre en cama, con
cuidados paliativos. En 2022 ya había anunciado su retiro de los escenarios
para cuidar su salud, por dificultades neuro-cognitivas. Falleció en México,
donde residía hace un tiempo. “Ha muerto Toto la Momposina, mi familiar y
excelsa del arte y la cultura caribeña colombiana. Que vuele alto hasta las
estrellas”, dijo el presidente Gustavo Petro al conocer la noticia.
Totó la Momposina nació en 1940 a la orilla del río
Magdalena, en el municipio de Mompox. Es un antiguo puerto fluvial del Caribe
colombiano, donde la herencia cultural incluye ritmos como la cumbia y el
bullerengue. El Pescador, del compositor José Benito Barros, fue uno de sus
éxitos musicales, y uno de los cantos que hace honor al mundo frente al río que
inspiró su carrera. Es la canción de un hombre que va en su canoa de bareque,
en una noche oscura con la corriente subiendo, y “no tiene fortuna, solo su
atarraya”. Otra fue Yo me llamo Cumbia, donde hace honor a los ritmos de su
tierra y al poder de su voz:
“Yo me llamo cumbia, yo soy la reina por donde voy;
No hay una cadera que se esté quieta donde yo estoy;
Mi piel es morena como los cueros de mi tambor;
Y mis hombros son un par de maracas que besa el sol”.
Totó se fue lejos de su Caribe un tiempo, a París,
donde estudió Historia de la música, Organización de espectáculos, Coreografía
y ritmo, todo en la Universidad de la Sorbona. Luego, La candela viva, su disco
de 1993, le aseguró la visibilidad internacional masiva: se presentó en Cuba,
Alemania o Estados Unidos, donde superó las 300 presentaciones en el Radio City
Music Hall de Nueva York.
Fue ella también quien acompañó a otro caribeño que
revolucionó en Colombia el mundo de la cultura, el escritor Gabriel García
Márquez: cantó para él en la ceremonia de entrega del premio Nobel de
Literatura en 1982. “A él le gustaba la chagonguería, era bailador, y le
gustaba la música de nosotros: la que pertenece al Magdalena, la del acordeón”,
dijo ella a la Fundación Gabo sobre su compañero, a quien conoció en
Barranquilla cuando este era periodista.
Se fue la voz de La Verdolaga, Prende la Vela,
Aguacero de Mayo, la que puso a bailar a Colombia con el mapalé. La suya, en
sus palabras, fue “una música de verdad, que no miente. Es como el tambor, que
a todo el mundo le llama y no sabe la razón, y es porque uno primero lo escuchó
en el vientre de su madre, tam-tam, tam-tam”.
Por CAMILA
OSORIA/El País


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