Presidente de China reclama “un cese inmediato de todas las hostilidades en Oriente Medio”, señalando que su reactivación sería “todavía más grave”
PEKÍN (20 Mayo 2026).- El presidente chino Xi Jinping podría haber sido protocolario en su bienvenida a su homólogo ruso, Vladimir Putin, este miércoles en el Palacio del Pueblo de Pekín. Sin embargo, optó por reclamar “un cese inmediato de todas las hostilidades en Oriente Medio”, señalando que su reactivación sería “todavía más grave”. Al final de su encuentro, ambos mandatarios suscribieron una declaración conjunta a favor de “un mundo multipolar”. De lo contrario, según ellos, el actual “desprecio a la legalidad internacional” y a las instituciones globales nos aboca a “la ley de la selva”.
Salta a la vista que el destinatario innominado de estas y otras críticas es Donald Trump. El mismo presidente de EE.UU. que, entre el jueves y el viernes pasado, se sentó en la misma mesa interminable y tomó el té en los mismos jardines de Zhongnanghai.
Véase si no la condena explícita, en el mismo comunicado, “a cualquier injerencia extranjera en América Latina, bajo cualquier pretexto”. Incluidos “los derechos humanos”. Tras la caída de su aliado venezolano, Xi y Putin no se toman a broma las amenazas de Trump de apoderarse también de la isla de Cuba, privada de petróleo.
Los presidentes de Rusia y China también condenan la “política de bloques”, en la que se encuadra “el aislamiento de Corea del Norte”. En lugar de sanciones, proponen “una resolución dialogada de la cuestión coreana”. Asimismo, critican “la militarización del Ártico”. Mutismo en cambio acerca de la invasión de Ucrania, más allá del llamamiento a ir “a las raíces del problema”. En este sentido, Putin agradeció “la neutralidad de China”.

Xi, por su parte, llamó a llevar la “coordinación estratégica” entre Rusia y China, ” a un nivel todavía más elevado”. Como parte de este, el proyecto de gasoducto Fuerza de Siberia 2 recibe un nuevo impulso.
Por mucho que amplíen el foco, cabe pensar que la situación “crítica” en Irán ha centrado su atención. Ambos gobiernos comparten interés en evitar que Washington derribe al actual régimen iraní para sustituirlo por otro afín, como lo fue el del sha. Irán es una pieza clave en sus respectivos puzles geopolíticos. Tanto para que las Nuevas Rutas de la Seda alcancen el Mediterráneo, como para que el Corredor de Transporte Norte-Sur comunique el Báltico ruso con el mar Arábigo. Aunque los Guardianes de la Revolución hayan demostrado que saben defenderse solos, su puntería no habría sido la misma sin los satélites y sistemas de posicionamiento rusos y chinos.

Acompañaron a Putin nada menos que ocho ministros, además de los máximos responsables de Gazprom, Rosatom y Roscosmos. Ante ellos, Xi repitió la misma frase que el jueves pasado articuló ante Trump: “La situación internacional es fluida y turbulenta”. Esta vez con coletilla: “Y resurge el afán unilateral y hegemónico. Pero la paz, el desarrollo y la cooperación entre los pueblos prevalecerán”.
Se sabe, en cualquier caso, que entre los más de veinte acuerdos luego firmados, 25 años después del Tratado de Amistad y Buena Vecindad, despuntan los de carácter energético, espacial, educativo o científico.
Geografía y petróleo
Irán es una pieza clave para los corredores comerciales de Rusia e Irán
Un portavoz del Kremlin asegura que la visita del presidente ruso no es una reacción a la visita de Trump, sino que estaba prevista desde la llamada telefónica que Putin y Xi mantuvieron en marzo pasado. La convulsión en el suministro mundial de hidrocarburos, en cualquier caso, no solo está beneficiando a los exportadores estadounidenses, sino también a los rusos.
Es difícil imaginar un mejor contexto para intentar cerrar flecos del proyecto de gasoducto Fuerza de Siberia 2, ya recogido en el nuevo plan quinquenal chino.
Este, de 6.700 kilómetros de recorrido (frente a los 4.000 del muy distante Fuerza de Siberia 1, concluido en diciembre de 2019) bebe del mismo yacimiento, en la península ártica de Yamal, que los saboteados Nordstream. Hasta hace poco, Pekín dudaba. Ahora la fiabilidad del suministro terrestre por parte rusa -en este caso, vía Mongolia- con contratos a largo plazo, gana enteros con el doble bloqueo en vigor sobre el estrecho de Ormuz.
Cabe recordar que ambos países blindan sus pagos. China paga el petróleo ruso en yuanes y el gas ruso en yuanes y rublos. Pero Pekín tiene menos prisa que Rusia por cerrar el precio y la letra pequeña del suministro. Podría ser mejor hacerlo a finales de 2027, cuando la UE se ha comprometido a reducir a cero sus importaciones de gas ruso.

Pese a la evidente sintonía política con Rusia, China no descuida su relación comercial con EE.UU., que sigue siendo su primer mercado y un inversor infinitamente más importante. El ministerio de Comercio chino anunciaba hoy mismo que la adquisición de 200 aviones Boeing anunciada por Donald Trump se hará realidad y que se emplea a fondo para prorrogar la tregua arancelaria de un año pactada en otoño en Corea.
Presión al petrodólar
China paga el petróleo ruso en yuanes y el gas ruso en yuanes y rublos, al 50%
China y Rusia se esfuerzan en estrechar relaciones y han decido prorrogar la exención mutua de visados hasta el fin de 2027. Pero la realidad es tozuda. EE.UU. sigue atrayendo al doble de turistas chinos y a un número cinco veces superior de estudiantes chinos. Aunque China es el primer socio comercial de Rusia desde hace 16 años, Rusia solo es el octavo para China. Siberia es inmensa y no les queda lejos, pero la fuerza y la energía no lo son todo.
A última hora del miércoles, Putin volaba de regreso a Rusia, tras una estancia de menos de 24 horas. Aun así, la prensa oficialista china tiene motivos para presumir de la rápida consolidación de Pekín, en los últimos seis meses, como “epicentro de la diplomacia mundial”. Xi Jinping apenas tendrá un respiro antes de la próxima visita, este mismo domingo, del presidente de Serbia, Aleksandar Vucic.
Por JORDI JOAN BAÑOS/La Vanguardia


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