"Proteger toda vida humana y fortalecer el bien común", el llamado de León XIV a los congresistas de España
MADRID, España (8 Junio 2026).- El Papa León XIV ha querido hoy pronunciar “una palabra serena y firme” ante quienes tienen “la grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social”. Esta mañana, lunes 8 de junio, el Santo Padre ha pronunciado un extenso discurso ante los miembros del parlamento español, en lo que ha sido la primera visita de un Pontífice al Congreso de los Diputados. En su intervención ha advertido que esta convivencia social puede verse amenazada por la cultura del descarte.
Por eso ha preguntado a los presentes: si la vida deja
de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras
sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la
sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio
o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?
La
Iglesia camina con la humanidad
El Papa León XIV ha llegado esta mañana a las 10:30,
al Congreso de los Diputados, tras haber mantenido un encuentro privado con el presidente
del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez Castejón. A su llegada al Palacio del
Congreso, el Pontífice fue recibido por la presidenta del Congreso de los
Diputados, Francina Armengol, por el presidente del Senado, Pedro Rollán Ojeda,
y otras seis autoridades. En el salón de los Plenos, Armengol ha dado la
bienvenida al Papa pronunciado un discurso en el que ha asegurado que “en
tiempos de incertidumbre global”, “necesitamos más que nunca espacios de
encuentro”.
Por su parte, el Santo Padre ha iniciado su discurso –
aplaudido al finalizar durante más de cinco minutos - recordando que la Iglesia
“camina con la humanidad”, “comparte sus esperanzas y sus heridas”, “escucha
los interrogantes de cada época” y se deja interpelar “por todo lo que
concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy”. Por eso, ha
precisado, cuando se dirige a la vida pública, “lo hace respetando la misión
propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han
recibido el mandato de legislar”.
El
ser humano como criatura abierta a la verdad
Además, ha indicado que toda tarea legislativa acaba
encontrándose con una pregunta decisiva: “qué concepción de la persona humana
inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes”. A propósito, ha
recordado que España posee una memoria particularmente rica ya que su identidad
geográfica y política “se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe
y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido
encontrarse fecundamente”.
Y citando las páginas del Quijote, la hondura espiritual de santa Teresa de Ávila y la inquietud metafísica de Unamuno, el Papa ha asegurado que “España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político”. Lo ha reconocido - ha observado - como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir.
También ha querido mencionar que, en la sede
universitaria de Salamanca, hace quinientos años, “se abrían mundos nuevos y
posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros
comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad
cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente”. Introdujeron así
en el discernimiento histórico “la pregunta por el valor irreductible de todo
ser humano y los límites morales del poder”. A propósito, ha reconocido que la
sociedad y la misma Iglesia “no siempre estuvieron a la altura de las
intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”. Sin embargo,
“aquel interrogante abrió un horizonte intelectual y moral que desbordó su propio
momento histórico”, ha precisado.
Unir
la acción histórica con la lucidez de la razón moral
Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca
—y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y
jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral “capaz de
recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo
ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes”, ha subrayado
el Pontífice en el hemiciclo. Una de las grandes herencias de este país, según
el Papa León XIV, es “haber unido la acción histórica con la lucidez de la
razón moral”.
A propósito, el Santo Padre ha reconocido que hoy “el
progreso ofrece posibilidades admirables”, y lo vemos de modo singular “en el
desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías”. Haciendo
mención a su nueva encíclica Magnifica humanitas, ha recordado que “nuestro
discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras
decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo,
la solidaridad, la política social y el bien común”. Al respecto el Papa ha
subrayado que “toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el
reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”.
La
defensa de la vida humana
Asimismo, el Pontífice ha aseverado que “la defensa de
la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: “es una
meta de civilización”. Toda vida humana, ha añadido, debe ser reconocida y
custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de
su existencia. En esta misma línea ha precisado que “cuando esta certeza se
oscurece”, los más vulnerables “son las primeras víctimas y la ley pierde su
significado más profundo: servir y proteger a cada persona”. Según el Papa, la
grandeza moral de una nación se manifiesta “en su capacidad de acompañar,
proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.
También ha advertido que cuando el bien común “deja de
ser horizonte compartido”, la acción pública “corre el riesgo de fragmentarse
en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”.
Y en este contexto ha exaltado la importancia de la familia, “realidad humana
primera y fundamento natural de la comunidad”. En el hogar - ha observado - se
entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad
interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, “se fortalece
también la estabilidad espiritual y social de las naciones”. El Papa León ha
asegurado que la familia será la primera escuela en la que se aprende la
gramática elemental de la convivencia: “recibir la vida, cuidar al otro, perdonar,
servir y pertenecer”.
La
necesaria respuesta al trágico drama migratorio
Ha destacado también la importancia “de las
instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea”. Ya que, en
ellas, “las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a
cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”.
Por otro lado, ha dedicado unas palabras al “trágico
drama migratorio” porque “interpela hoy la conciencia de las naciones y el
fundamento ético del orden internacional”. Esta realidad – ha lamentado el
Pontífice - rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica:
constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Y ha añadido, que allí
donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o
lingüístico, o por su condición económica o social, “se vulnera gravemente el
principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”. La
situación de los migrantes y refugiados, ha subrayado, exige una respuesta que
mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más
allá de la mera gestión de flujos. Tal y como ha explicado, de ahí nace una
doble exigencia de justicia social: “ofrecer vías seguras y legales, una
acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo
tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie
tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas
de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis
climática”. Ha pedido fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a
las víctimas, especialmente en el marco de una cooperación regional y
multilateral. Ninguna nación – ha observado el Papa - puede afrontar por sí
sola un desafío de esta magnitud.
La
paz exige valentía diplomática
Por otro lado, León XIV ha advertido de la profunda crisis espiritual y cultural que atraviesa el mundo. En este contexto, “la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”, ha añadido. En el plano internacional, la paz exige “valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo” así como “la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional”. Las armas, ha advertido el Papa, pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.
El Obispo de Roma ha asegurado que el desarrollo de
las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar
“exige una vigilancia ética rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y
la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni sustraídas a la
responsabilidad moral de la persona humana”. La comunidad internacional, ha
afirmado el Papa, está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo
como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto
a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad
sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza. Y ha advertido que “la
pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del
adversario”.
La
defensa de la libertad religiosa
Del respeto al otro “nace también el deber de
custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su
relación con Dios”. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor
una cuestión decisiva: “la libertad de pensamiento, de conciencia y de
religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.
Asimismo, ha reconocido que toda sociedad efectivamente libre “requiere también
una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las
personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente
restringida”. También ha advertido que “la legítima autonomía del orden
temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso”.
La fe - ha reconocido - no pretende imponerse mediante privilegios ni
coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese
irrelevante para la vida pública.
España
tierra de encuentro, cultura, solidaridad y esperanza
En esta misma línea, ha afirmado que una ley no
alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente
aprobada; la alcanza cuando, “además de ser válida en su forma, puede
comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin
avergonzarse”. El Papa ha invitado a los presentes a alzar la mirada para
recordar que las decisiones de las autoridades públicas “toca personas de carne
y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír”. Y para
finalizar ha invitado a que España “continúe siendo tierra de encuentro, de
cultura, de solidaridad y de esperanza”.
Por ROCÍO LANCHO GARCÍA/Vatican News



No hay comentarios.: