¿Podrá Cuba mantenerse en el futuro en las tres primeras posiciones del medallero de la región?
LA HABANA, Cuba (19 Agosto 2026).- El avión se lanzó a toda carrera por la pista y cuando despegó, Santo Domingo se convirtió en un mar de luces plateadas. Era la una de la madrugada del 10 de agosto de 2026 y para los viajeros de la aeronave —la última parte de la delegación cubana—, aquella visión de fosforescente interminable sería la imagen final de los 25tos. Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Habían sido 16 jornadas de competencias, desde la
inauguración oficial el 24 de julio —con torneos preliminares desde el día 20—,
hasta la fiesta de clausura del pasado 8 de agosto. Más de 6 000 atletas de 40
países participaron en 53 disciplinas en las distintas sedes del evento.
El saldo final validó la posición de México en el
dominio absoluto del medallero. Lo hizo con 407 medallas; de ellas 167 de oro,
125 de plata y 115 de bronce. Colombia se posicionó en el segundo lugar con 91
preseas doradas, 98 plateadas y 77 de bronce, en lo que se considera su mejor
participación en estos juegos y el aval de potencia deportiva de la región.
Cuba logró un tercer lugar a base de puro coraje.
Posiblemente, muy pocos o ninguno de los atletas participantes tuvieron las
situaciones extremas de entrenamiento que enfrentaron los cubanos, desde los
consabidos apagones, hasta el déficit calórico para soportar las cargas de
entrenamiento, sin pasar por alto la carencia de implementos y tecnologías o
topes internacionales previos, que permitieran un mejor ajuste de la
preparación.
El pronóstico inicial fueron 68 medallas de oro. El
resultado final quedó en 51 de oro, 48 de plata y 56 de bronce, para 155
medallas. La diferencia entre el estimado y el terreno fue de 17 preseas menos.
La concreta, en lo más íntimo, es que la vergüenza, la valentía y la
inteligencia puesta en cada competencia permitieron que Cuba obtuviera el
resultado que hoy se muestra.
Un atleta de hockey masculino lo sintetizó en una
conversación en el tren de regreso a su provincia, cuando habló de un oro que
no estaba en pronósticos por las duras condiciones de la preparación. «Eso fue
por amor a la bandera, por sentido de pertenencia, por esto…», decía dándose
palmadas en el pecho.
Otro tanto se podría decir de los bronces en el tiro
con arco en la modalidad de recurvo. O de la aplastante victoria del balonmano
femenino. Los ejemplos sobran y ellos indican una primera conclusión: desde las
adversas condiciones de preparación, más las injustas decisiones arbitrales
—como ocurrió en el boxeo—, el país obtuvo menos medallas. Por eso, cada una de
las logradas, más allá de los colores, se debería de multiplicar por cuatro.
También hay un detalle a observar: una nueva generación de atletas cubanos
comienza a hacer acto de presencia en el escenario deportivo.
Un balance de la participación cubana en Santo Domingo
2026 arrojó la supremacía dentro de la región en disciplinas como lucha, judo,
hockey sobre césped, balonmano y voleibol de playa, que de conjunto tributaron
21 títulos y una medalla de plata.
Por la actuación centroamericana y caribeña, se
alcanzaron 70 plazas en cinco deportes para los Juegos Panamericanos de Lima
2027 (balonmano, hockey sobre césped, atletismo, tiro con arco y gimnasia
rítmica).
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿podrá Cuba mantenerse en el futuro en las tres primeras posiciones? De mantenerse el escenario actual será difícil, y ese es uno de los retos que tiene el movimiento deportivo cubano. El país pasó de 102 oros en Barranquilla a 74 en San Salvador y 51 en Santo Domingo.
Es una tendencia muy clara, y más con una Venezuela
que quedó a dos títulos de Cuba, pero con muchas más medallas (216). En esa
relación, Dominicana, con cinco oros menos que los nuestros, no puede ser descartada
de cualquier análisis.
Lo que queda ahora es buscar alternativas en medio de
un escenario que seguirá complejo. La página de Santo Domingo ya fue escrita.
Ella habla por sí sola, incluso en sus entrelíneas. Ahora quedan las páginas en
blanco del presente más inmediato. El desafío será inmenso, y el reto está en
saber escribirlas bien.
Por LUIS RAÚL
VÁZQUEZ MUÑOZ/Juventud Rebelde


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