“¡Orar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida!”, proclama el papa León XIV

CIUDAD DEL VATICANO (5 Noviembre 2026).- El “misterio de la muerte” se relaciona con “la oración por los difuntos”, que “la Iglesia siempre ha practicado desde sus orígenes” como “uno de sus deberes fundamentales”, recordó León XIV en su homilía durante la Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año, por quienes invitó a “orar al Señor para que recompense a sus siervos fieles”.

 “«El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor». Estas palabras de Jesús interpelan nuestro corazón, llamándonos a seguirlo por el camino que Él recorrió, el camino de la gloria a través de la cruz. A lo largo de este camino, en el que no faltan las pruebas y los sufrimientos, nos guía y nos sostiene una promesa: la de una comunión sobre la cual la muerte no tiene poder”, recordó el Papa León XIV en su homilía durante la Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año, que presidió en la mañana de este jueves en la Basílica de San Pedro.

 “Quien sigue a Cristo, de hecho, se convierte en su servidor y estará siempre donde Él está, precisamente porque ha seguido su camino”, recalcó el Papa, quien agregó que, por eso, San Pablo afirma: «si morimos con él, también viviremos con él».

Orar al Señor para que recompense a sus siervos fieles

“Queridos hermanos, esta certeza de fe y esperanza anima nuestra celebración en sufragio de los Cardenales y Obispos que nos han dejado durante el último año, por quienes queremos orar al Señor para que recompense a sus siervos fieles. Esta memoria orante nuestra nos invita a reflexionar sobre el valor espiritual del recuerdo”, dijo León XIV, quien recordó que, al despedirse de sus hijos, Agustín y Navigio, poco antes de morir, Santa Mónica les dijo: “Solo les pido una cosa: ¡Acuérdense de mí, dondequiera que estén, delante del altar del Señor!”.




 “El misterio de la muerte aquí se relaciona con la oración por los difuntos, que la Iglesia siempre ha practicado desde sus orígenes como uno de sus deberes fundamentales. A la luz de la Palabra de Dios, podemos, entonces, meditar brevemente sobre dos verdades que iluminan nuestro sufragio: la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos”, indicó el Pontífice, quien resaltó que “recordar a nuestros hermanos difuntos ante el altar del Señor se basa, de hecho, en la promesa de que nuestra vida, en Cristo, no se pierde porque ha sido redimida”, e indicó que, “a la luz de Jesús, quien es el autor mismo de la resurrección, también nosotros oramos por nuestros difuntos en virtud de esta gran esperanza que se nos ha dado en el Misterio pascual”.

Meditar sobre el misterio de la muerte sin temor

“¡Orar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida! Ante todo, la vida resucitada de Cristo Señor y, por su gracia, la nuestra, que resucita en Él”, recalcó el Papa, quien, tras recordar que el sacrificio eucarístico “es el memorial de su Pascua”, mediante la cual “nos ha salvado al entregarse por nosotros”, exhortó a no permitir que el recuerdo de los difuntos se reduzca a “mera nostalgia”, pues la fe permite meditar sobre el misterio de la muerte “sin temor”, porque “el Señor está vivo, nos espera y ya nos ha preparado un lugar en la casa de su Padre”.

“La Iglesia celebra este acto de confianza y de esperanza en la comunión de los santos. Cuando oramos por los difuntos, lo hacemos no solo por ellos, sino también con ellos, implicados en una reciprocidad que el Espíritu Santo vivifica en nuestros corazones. La Iglesia es misterio de comunión entre Cristo, la cabeza, y nosotros, sus miembros; de Él recibimos la vida”, reiteró León XIV, subrayando que esta comunión “une a los espíritus bienaventurados que ya contemplan el rostro de Dios y a todos aquellos que, en el cielo o en la tierra, están en camino hacia la meta luminosa”.

“Queridos hermanos, en Cristo la muerte no deshace los vínculos, sino que los transfigura en una nueva dimensión, que se comprende solo en el misterio de su amor entregado hasta el fin en la cruz y derramado después de la victoria pascual. Acogiendo, por tanto, en la Santa Eucaristía, la caridad del Señor Resucitado, custodiemos y cultivemos siempre en nuestro camino esta comunión, para que cuando llegue nuestra hora podamos también nosotros recibir el sufragio de los hermanos peregrinos y gozar con todos los santos de la alegría de la patria celestial”, concluyó el Pontífice.

 

 

Por ÁLVARO VARGAS MARTINO/Vatican News


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