Victoria de Hushovd, un "vikingo" en los Pirineos en Tour de Francia

 Hushovd celebra la victoria en la meta de Lourdes. | Ap
PARIS.- Vale que los primeros que achican la subida al Aubisque son los organizadores, al colocar la subida mediada una etapa cortita (152 km) y muy lejos de Lourdes, línea de meta. Pero también habrá que echar rapapolvos a los favoritos que ni se mueven, y a equipos que no luchan para honrar esta subida histórica en los Pirineos. Que venza una etapa con tamaña ascensión Thor Hushovd, campeón del mundo, habla muy bien de él y fatal de casi todos los demás.

Los corredores españoles se ausentaron de la fuga de la primera sección llana, en la que cupieron 10 corredores, todos rodadores a excepción del francés Moncoutié. Costó más de una hora a 50 por hora conseguir ahormar el grupo de punta. Y se sabía de antemano: los que formaran la escapada se jugarían la victoria de etapa.

Hushovd, 81 kilos en su carné oficial de ciclista -alguno menos a estas alturas de Tour, seguro-, fue el primero en saludar al Aubisque. Metió un estruendoso tirón en cabeza de la decena de corredores escapados del pelotón y rodó solo y en cabeza los primeros cinco kilómetros de los 16 de monte hasta que lo atrapó y lo rebasó un corredor tremendo, inevitable. Un espectáculo llamado Jéremy Roy, 70 kilos, primero en cruzar el Tourmalet el jueves y de nuevo cabeza de carrera en el cartel de los 1.709 metros del Aubisque. Ya destronó a Samuel Sánchez del liderato de la montaña.

Quedaba un largo descenso y un pequeño trecho de llano final con algún repecho, terreno ideal para el noruego que ganó un Mundial al sprint. En el Aubisque había aguantado como un titán. En soledad, alcanzó la cima en tercer lugar, tras Roy y Moncoutié. Su peso lo impulsó cuesta abajo y su potencia lo atrajo a la rueda del escalador del Cofidis. Entre los dos, aunque con mayor tesón noruego, se acercaron implacables al pobre Roy. Thor discutió con Moncoutié y en esas estuvo a punto de dejar escapar la pieza. Pero en ese último instante reaccionó para dejar atrás a Moncoutié y, 100 metros más allá, a dos kilómetros del final, lo masacró con un par de pedaladas.

Roy llegó dándose golpes de pecho, tercero, expresando que había dado hasta el alma por conseguir la victoria que se le volvió a escurrir. La gente lo premió con ovaciones, el Tour con el maillot de puntos y con los 2.000 euros de corredor más combativo.

La combatividad, ay, fue bien escaso en una etapa absurda, preludio de la gran batalla, inevitable, del sábado hacia Plateau de Beille. Philippe Gilbert, el clasicómano belga amante de las Ardenas, fue de los pocos que intentaron algo, al margen de los escapados de la primera hora. Repitió su 'show' descendedor para arañar segundos a los rivales de la general y alcanzar un puesto entre los 10 primeros, además de recortar distancias en la clasificación de puntos, que domina aún Mark Cavendish, muy apurado por José Joaquín Rojas, que le ganó el sprint intermedio.

Alberto Contador, Samuel Sánchez, los Schleck, Cadel Evans y el resto de los aspirantes al trono, se desentendieron de la etapa. Thomas Voeckler, arropado por los suyos, disfruta un día más vestido de amarillo. Su resistencia ha ido mucho más allá de los límites previstos.



Por FERNANDO LLAMAS/El Mundo.es
   



Por FERNANDO LLAMAS/El Mundo.es
  

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