Simeone gana como quería Manzano

MADRID.- Como en esto del fútbol todo es mentira, resulta que el Atlético de Madrid de Simeone ganó jugando al fútbol, teniendo la pelota, apostando por el juego de combinación. Despachó un muy buen partido el equipo que parecía se iba a instalar en su área esperando el milagro del gol por gracia divina. Simeone dijo lo que dijo, pero hizo lo que hizo. Y lo que hizo fue poner a los mismos que ponía Manzano y hacerles jugar como los hacía jugar Manzano.

¿Tuvo el Atlético más intensidad? Sí. ¿Tuvo el Atlético ímpetu para robar más cerca del área del Villarreal? También. Pero, en esencia, la propuesta fue la misma. Jugaron todos los buenos y lo hicieron siempre alrededor del balón. Salió el Atlético mejor, con Tiago de muro de contención y distribuyendo con sentido a los laterales, Juanfran y Filipe, que entraron bien. Jugó Diego como pocas veces, jugó Arda, jugó Gabi, jugó Falcao, pero sobre todo, el que jugó fue Adrián.

El asturiano fue el origen de los dos goles. Primero tirando una pared con Tiago -salió al límite del fuera de juego- y dejándosela a Falcao para empujar, y después dando un taconazo de lujo para el colombiano, derribado por Gonzalo fuera del área. Turienzo, un árbitro malísimo, pitó penalti (primer error) y, una vez pitado, no le enseñó ni amarilla al central del Villarreal.

Tuvo más ocasiones el Atlético, que después del segundo gol, nada más empezar el segundo tiempo, dio dos pasos atrás y buscó el contragolpe. Así falló Falcao dos opciones clarísimas. Ocurre que el Villarreal de Molina está para muy poco, de modo que el Atlético, al final, terminó teniendo de nuevo el balón para terminar de desmentir lo que se anticipaba sobre Simeone.

En una buena jugada de Filipe vino el tercero. Diego encontró el centro de su compatriota, la bajó con el pecho en el punto de penalti y la puso a un ladito para cerrar una mañana muy prometedora en el Calderón. Simeone ha entrado con buen pie. Y su equipo, al menos en el Calderón y al menos ante rivales de su talla, va a intentar montar su fútbol alrededor de la pelota. Como quería hacer Manzano.


Fuente EL MUNDO

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