Era ilógico que un tipo como Lewis Hamilton no
hubiera conquistado ya una carrera este año, en esta campaña sin dueño, con
dominadores distintos cada domingo. En Canadá, donde abrió en 2007 su historial
de victorias, se subió a la carroza. Ganó con poderío, sobrepasando a Fernando
Alonso a seis vueltas del final. Las ruedas del español se vinieron abajo al
intentar completar la ruta con una sola parada. La arriesgada apuesta de
Ferrari, ambiciosa, salió mal.
El primer fallo estratégico del año en el equipo
italiano le costó el liderato del Mundial a su piloto líder. Finalizó quinto,
casi en las lonas, y queda a dos puntos del nuevo jefe de la tabla, Hamilton,
el hombre del día.
Se desperezó la carrera bajo el semáforo con
prudencia, en una ordenada salida, de respeto. Tapó Alonso a Mark Webber para
marcar territorio, y todos se deslizaron hacia las primeras curvas decididos,
sin apenas espacios para los arañazos. El más bravo en el arranque fue Felipe
Massa, un piloto en problemas. El cuestionado brasileño sabe que se está
jugando su futuro no sólo en Ferrari sino también en la Fórmula 1, por lo que
necesita ruido en la pista, foco. Lo consiguió ayer en el inicio, apretando con
rabia a Nico Rosberg para colocarse quinto. Bufaba el Ferrari tras el Mercedes,
presionaba con rabia.
Poca ganancia le esperaba, apenas una plaza, pero
este chico requiere gestos para los demás y para él, para su propia autoestima.
Logró que las cámaras se centraran en él, en vibrante persecución. A las tres
vueltas, sobrepasó con potencia a Rosberg y se lanzó a por Mark Webber, que por
entonces trataba de marcar de cerca a Alonso. Los fuegos de Massa duraron poco,
su entusiasmo le llevó a perder el control y arruinar su presunta escalada.
Demasiada presión en esa cabeza, demasiada ansiedad y urgencia.
Un
Ferrari alegre
Perdido en el retrovisor su colega, Alonso se centró
en no perder de vista a Hamilton y Sebastian Vettel. Circulaba con brío el Ferrari,
en clara demostración del salto del coche de Maranello. En una pista incómoda,
en teoría, siempre estuvo con el McLaren y el Red Bull. El redivivo monoplaza,
afinado en la mecánica, quedó como el resto de favoritos expuesto al humor de
los neumáticos, la clave de la temporada. El español aprovechó el alegre tono
del F2012 para agarrarse al dúo delantero, a la distancia justa para intentar
el zarpazo en la primera ronda de paradas. Entró primero el alemán, que pronto
perdió ritmo al desfallecer las Pirelli blandas, y le siguió Hamilton, que le
superó al volver a pista.
Quedó todavía en pista con el calzado viejo el
asturiano, que sin enemigos en el horizonte firmó un par de giros a tope antes
de pedir cita en los talleres. La rauda maniobra de sus mecánicos le permitió
salir a la cabeza de la prueba. Devoró a sus dos rivales de una tacada, aunque
apenas le duró el liderato unos metros. Con las ruedas frías, sin adherencia
aún, non pudo parar la embestida del McLaren, ya en temperatura. Resistió al
menos ante el Red Bull.
Calvario
final para Alonso
El trío delantero se olvidó de las rencillas de la
periferia, con la victoria en juego. Viajaron en orden hasta la segunda tanda
de paradas, duelo al sol, con el triunfo esperando al más listo en la
estrategia. Hamilton apostó por dejar el liderato y acudir a por neumáticos
frescos. Pensó que le seguirían, pero no. Ferrari y Red Bull, confiados en la
resistencia de sus gomas, decidieron que sus pilotos siguieran sobre el
asfalto. Plan arriesgado en busca del triunfo. Erróneo. Desde ese momento, el
domingo se convirtió en un calvario para el asturiano, primero sí, pero con el
destino marcado.
Hamilton comenzó a recortar a grandes dentelladas la
distancia, mientras Vettel improvisó a seis vueltas, en un volantazo decisivo.
Cogió impulso el bicampeón para lanzarse también a por Alonso, que se derretía
ya. A seis vueltas para el final, Hamilton saltó por encima de él. Y llegó el
desfallecimiento de sus gomas. Golpe a golpe fue cayendo hasta la quinta plaza,
superado incluso por Vettel, con un sabor amargo para cerrar el fin de semana.
Fuente
EL MUNDO.ES

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