GDANSK, Polonia.- A la selección española todavía la
queda un mundo para lograr el dichoso objetivo de alegrar a un pueblo al que le
cuesta coger el sueño por mucho que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,
intentara ofrecer cierto síntoma de normalidad desde el palco del Gdansk Arena.
Al menos, el mandatario pudo asistir a un rescate algo más agradecido, el
propiciado por Cesc Fàbregas tras el gol inaugural de Di Natale.
El equipo de Del Bosque, que oposita a una triple
corona inédita en el fútbol, ofreció tantos síntomas de debilidad como de
fortaleza en una tarde en la que logró salvar un empate frente a una Italia de
lo más peliguada.[Narración y estadísticas: 1-1]
El hábitat natural de Italia siempre fue el
'catenaccio', defensas torrenciales con el balón como elemento siempre
secundario para obtener el objetivo. Pragmatismo puro y duro. Así que Cesare
Prandelli siempre será un sospechoso en su país por haber tramado una ligera
contrarrevolución con ciertos toques románticos para demostrar que la zamarra
'azzurra' también sabe conjugar el toque con el contragolpe. Que la selección
transalpina, liderada por un soberbio Pirlo, llegara a discutir el balón a una
España que nace y muere a partir del gobierno de la pelota y que partió de
inicio con seis centrocampistas y sin referencia en ataque -fue Cesc quien le
arrebató el lugar al triunvirato formado por Torres, Negredo y Llorente- evidencia
que esta Italia está dispuesta a tomar otro camino.
Vicente del Bosque llevaba toda la semana dándole
vueltas a la manera de contrarrestar el 3-5-2 de Prandelli (un claro 5-3-2 en
el repliegue). Y pensó que quizá Cesc, futbolista cuya segunda fase del curso
fue del todo decepcionante con el Barcelona y al que Guardiola olvidó en sus
partidos capitales, podría salvarle del entuerto como 'delantero mentiroso'. Y
pese a las dudas iniciales, al final no le fue tan mal.
Perdido Fàbregas en la primera parte entre los
rocosos centrales italianos, Cesc supo entonarse en la reanudación buscando la
continua asociación con los interiores e intentando, por fin, finalizar las
jugadas. Antes de que Di Natale, futbolista que esta temporada ha marcado 23
goles con el Udinese, pusiera en ventaja a Italia, Cesc ya había probado la
fiabilidad de Buffon. Pero el gran momento del ex capitán del Arsenal llegó
apenas cuatro minutos después de la insurrección transalpina. La vertiginosa
combinación entre Iniesta y Silva permitió el avance del 'diez' español, cuyo
gran zurdazo colocaba la igualada en el marcador. Cesc, por cierto, no marcaba
en competición oficial desde el pasado mes de febrero.
Poco tuvo que ver la segunda parte española con un
amanecer en el que evidenció cierto desconcierto. España veía cómo el balón no
iba a correr más que los futbolistas, ya fuera por el tupido césped del Gdansk
Arena, ya fuera por la escasa capacidad de sorpresa de Arbeloa y Alba por las
bandas, condenados a vigilar a los carrileros italianos. Sólo Iniesta, que ya
avisó en la víspera que afronta el campeonato en un momento "óptimo",
lograba sortear líneas con continuos desbordes que, si no morían en las
inmediaciones del área, encontraban la respuesta de Buffon.
Peligro
de Italia, respuesta de España
Mucho más peligrosa se mostraba Italia en el primer
capítulo, que maldijo la imponente presencia de un Casillas que quiso volver a
disfrazarse de hombre del saco. Si ya martirizó a los 'azurri' en la tanda de
penaltis de los cuartos de final de la pasada Eurocopa, ayer probó a dejar
secos a los chicos de Prandelli con hasta cuatro paradas redentoras. Le sacó el
meta madridista una falta a Pirlo, un gran testarazo de Motta, una furiosa
volea de Marchisio y una intentona de Cassano, mucho más útil para su selección
que el desesperante Balotelli, tan insolidario en la presión como insustancial
cuando parecía llegarle el turno. A su sustituto, el veterano Di Natale, apenas
le bastaron cinco minutos para pedir a gritos su titularidad con ese gol tras
asistencia de Pirlo que espabiló por fin a los de Del Bosque.
El inmediato gol de Cesc y el ingreso de Navas para
que el carril diestro comenzara por fin a ser productivo invitaba a pensar en
que España opositaría con firmeza al triunfo final. Bien pudo haber llegado el
momento con la salida al campo de Fernando Torres. Pero el delantero del
Chelsea, pese a plantarse solo en carrera en duelo al sol hasta dos veces
frente a Buffon, no acertó a sortear al portero ante la desesperación del
banquillo español. En la primera falló en el regate, y en la segunda buscó una
vaselina que voló por encima del larguero. Torres no iba a cerrar el debate del
'nueve' en una partido que abrió otro debate, como la facilidad con la que la
retaguardia de España concedió ocasiones de gol. Tocará remar

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