Haití se escribe sin H

PUERTO PRINCIPE.- Justo a las cinco de la tarde, cuando todos regresan y los lugares comienzan a vaciarse, el orfanato de la Rue de Frerè en Petion Ville se llena de personas. Sobre un pequeño cerro, abrasado por un calor infernal de 37 ºC, el centro acoge en una de sus instalaciones a más de 50 haitianos que aprenden a leer y escribir por el método cubano Yo sí puedo.

Mientras algunos se acomodan, el aulita de alfabetización parece un hormiguero. Constantemente entran hombres y mujeres de distintas edades. Se acondicionan, se apretujan en las sillas y plantan en las mesas sus cuadernos de aprendizaje. La poca ventilación de la construcción hace de la espera por el comienzo una tortura interminable. Aun así, con resignación, los alumnos permanecen para recibir la lección. Un interés común los une de lunes a viernes, y la oportunidad gratuita de aprender es más fuerte que el agotamiento de una jornada de trabajo y el áspero calor del Caribe.

El joven profesor haitiano comienza y la atención es inmediata. No hay electricidad de modo que, la enseñanza que iba a asumir una teleclase, pasa a ser presencial bajo los preceptos del mismo programa.

Hasta la pizarra llega Jislène Adele. Es diminuta, magra, usa un turbante en la cabeza y no para de sonreír pese a su dentadura incompleta. Se muestra orgullosa a los 57 años de poder escribir su nombre. La vida la golpeó desde niña: cuatro hermanos, huérfana de padre y una miseria más grande que la ignorancia. El sustento estaba en la calle y el poco dinero que acumulaba malamente alcanzaba para un bocado decente. Pero ahora sabe leer y es como si viviera su segunda infancia. Con el método cubano se aprende rápido, en solo tres meses lo disfruta todo, hasta la Biblia que por medio siglo sostuvo en sus manos sin saber lo que decía.

Durante dos horas, los alumnos deletrean, escriben, leen en voz alta, sacan cuentas y cantan una canción sobre la alfabetización. A la salida todos se dispersan nuevamente. ¡Parecen satisfechos! Mañana será otro día para aprender algo nuevo.

Yo si puedo en Haití

En el país más pobre de la región es difícil cuantificar el número de personas que no saben leer ni escribir. La tasa de analfabetismo, puro y funcional, supera el 50 % y es una de las más altas de Latinoamérica. El círculo de pobreza extrema que padece la nación, unido a la desigualdad social, incide directamente en el problema que, para ser erradicado, requiere sobre todo de voluntad política.

El Gobierno del presidente Michel Martelly ha trazado un plan para alfabetizar en cinco años a cinco millones de haitianos mediante el método Yo sí puedo. La cifra es pretenciosa, pero hasta la fecha se han alfabetizado a 100 mil personas. Un total de 15 colaboradores cubanos asesoran la implementación del programa en el país.

Julio Albóniga Rojas, coordinador de la Misión de Educación en Haití, quien comenzó a colaborar con la enseñanza básica en 1999, refiere que actualmente hay más de 67 mil participantes en las aulas durante esta cuarta etapa, que comenzó en marzo. "Existen alrededor de 2 000 grupos en todo el país. Los cursos, que duran de tres a cuatro meses, son impartidos por facilitadores haitianos a quienes asesoramos y entrenamos en el manejo del programa. Las aulas cuentan con televisores y videos para las teleclases, que enseñan a leer y escribir en creole".

"Cuando culmine este curso —indica— tendremos más de 150 mil graduados. En la próxima etapa contamos con 6 000 facilitadores que preparamos y están listos para trabajar".

Alfabetizar a los iletrados y escolarizar a los niños deben ser objetivos compartidos por toda sociedad. La supresión de la ignorancia es requisito fundamental en el desarrollo económico y social de cada Estado. Aunque es un pequeño avance, por lo pronto ya miles de haitianos escriben —con orgullo y en creole— Ayiti, el nombre de su tierra.

Por AMELIA DUARTE DE LA ROSA/Granma

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