Eso significa que Nueva Democracia se anotaría el
bonus de 50 diputados que la legislación griega reserva al vencedor. Y que
junto con el socialista Pasok, el partido que ha aprobado los duros ajustes
impuestos a la población griega, podrían formar Gobierno si consiguen más de
150 escaños entre los dos (el Parlamento se compone de de 300 escaños). Si no,
necesitarían un tercer partido para gobernar.
Además, aunque Nueva Democracia y Pasok consigan
finalmente reunir los 151 escaños mínimos que se necesitan para gobernar en
Grecia, no está claro que lograran poner en pie un Ejecutivo. El Pasok ahora
pone como condición para entrar a formar parte de una Gobierno con los
conservadores de Nueva Democracia que también la izquierda radical de Syriza
forme parte del mismo. Y Siriza se niega en redondo a gobernar con los dos
partidos que han apoyado las medidas de austeridad.
Pero será una noche larga, muy larga, y en la que
aún podría haber sorpresas. Syriza es especialmente fuerte en los núcleos
urbanos (léase Atenas y Salónica) y las ciudades son las últimas en ser
escrutadas.
A
pie de urna
Por otro lado, los famosos 'exit polls', con el 100%
de las respuestas procesadas, dan una ligera ventaja al partido conservador y
pro-europeísta Nueva Democracia, que se habría anotado entre el 28,6% y el 30%
de los votos. Por su parte, la coalición de izquierda radical Syriza (que
promete abolir las medidas de austeridad) habría obtenido entre el 27% y el
28,4% de las papeletas.
Según esos datos, que recordemos que no son más que
sondeos a pie de urna, Nueva Democracia se anotaría el premio por ser el primer
partido, consistente en 50 diputados en una Parlamento de 300 escaños.
Significa que junto con el socialista Pasok (que habría obtenido entre el 12,4
y el 11,00), Nueva Democracia podría conseguir formar un Gobierno. Débil, con
una exigua mayoría, pero Gobierno al fin y al cabo. Syriza, siempre en base a
eso sondeos, lograría 72 diputados.
Las encuestas a pie de urna también dan un buen
resultado al partido neonazi de Amanecer Dorado, que entre otras cosas aboga
por colocar minas antipersona en la frontera de Grecia para evitar así la
entrada en el país de inmigrantes. Habría conseguido entre el 6% y el 8% de los
votos, repitiendo de ese modo el resultado que logró en los comicios de mayo
pasado, cuando se anotó el 6,97% de las papeletas y consiguió 23 diputados.
Así las cosas, al mundo no le queda más remedio que
seguir esperando para conocer el resultado final de unos comicios que se han
pretendido presentar como una especie de referéndum sobre la permanencia o no
de Grecia en el euro.
Un
voto marcado por la incertidumbre
Si el pasado 6 de mayo los griegos votaron
mayoritariamente dando rienda suelta a la rabia que sienten por las medidas de
austeridad que en los dos últimos años se han visto obligados a soportar, el de
hoy es un voto marcado por la incertidumbre, el miedo; pero también la
esperanza.
Un ejemplo son Manos, estudiante de 22 años, y su
padre, Iosef, jubilado de 64 años. Ambos votaron con la esperanza de "un
cambio para el país" en un colegio electoral de Kukaki, un céntrico barrio
ateniense de clase media venida a menos. Un deseo común expresado de forma
totalmente diferente: Iosef apostó por los conservadores de Nueva Democracia
-"el único partido que puede cambiar la situación y mejorar la
economía"- y su hijo por el minoritario Izquierda Anticapitalista
-"los más dispuestos a cambiar este país, aunque no entren en el
Parlamento"-.
Mucho tienen que decir también los medios de
comunicación y los líderes europeos, que han convertido los comicios en una
batalla por la permanencia de Grecia en el euro o su vuelta al dracma.
Un total de 9,8 millones de ciudadanos han sido
llamados a votar en unas elecciones generales en las que está en juego nada
menos que el futuro de Grecia, de toda la eurozona y hasta de la economía
mundial.
Se trata de los segundos comicios que el país heleno
celebra en poco más de un mes, después de que los primeros arrojaran un
resultado que hacía matemáticamente imposible formar un Gobierno.
Europa
apremia
Antonis Samaras, el líder de Nueva Democracia,
introdujo su voto en la urna en Pilos, ciudad de la península del Peloponeso.
Allí habló con la prensa y pronosticó el "comienzo de una nueva era".
Durante su campaña ha insistido en renegociar el pacto alcanzado con la UE.
Alexis Tsipras, el líder de Syriza que a sus 37 años
se convirtió en la nueva estrella de la política griega, defiende la
permanencia de Grecia en el euro pero al mismo tiempo pretende tirar a la
basura los dos acuerdos impuestos por la UE a Atenas a cambio de prestarle
dinero. Tras ejercer su derecho al voto dijo: "Hemos derrotado al miedo.
Hoy abrimos un camino de esperanza. Una Grecia que será un socio igualitario en
una Europa que está cambiando".
La lucha por la victoria se presenta, según los
sondeos, muy reñida. Las últimas encuestas dan a los dos partidos prácticamente
empatados con entre el 25 y el 30% de los votos, lo que significa que gane
quien gane para poder gobernar deberá recurrir impepinablemente a formar un
Ejecutivo de coalición.
Pero el tiempo apremia. Según los acuerdos
suscritos, antes del próximo día 30 el Parlamento griego debe aprobar nuevos
recortes por valor de 11.000 millones de euros. Si no lo hace, Europa podría
bloquear el pago a Atenas de una nueva entrega del préstamo, lo que
significaría que el próximo mes de julio el país heleno podría quedarse sin
dinero para pagar las pensiones y los sueldos de los funcionarios.
Incidentes
El caluroso domingo electoral heleno fue en general
tranquilo en la mayor parte del país. Tres sucesos han marcado la jornada: el
lanzamiento de dos granadas que no hicieron explosión sobre la sede de grupo de
comunicación conservador; un incendio desatado en una zona vacacional del sur
de Atenas; y un acto vandálico en un colegio electoral de Atenas en el que se
ha prendido fuego a una urna.
A las 5:15 de la mañana, una llamada telefónica
alertaba a los miembros de la sede del grupo mediático Neo Faliro, donde están
las redacciones del diario 'Kathimerin' y el canal 'Skai', para advertirles de
que habría una explosión en un corto período de tiempo. La policía no encontró
nada entonces. Sobre las 13.00 horas un empleado encontró una granada, avisó a
la seguridad y se evacuó el edificio.
El atentado ha sido relacionado con miembros de la extrema
izquierda, por ser este grupo de comunicación uno de sus objetivos predilectos.
Inmediatamente propició una reacción de la Coalición de la Izquierda Radical
(Syriza) condenando el intento de atentado: "La granada lanzada contra
'Skai' es un acto muy peligroso contra la democracia y la libertad de
información" dijo en un comunicado el partido.
"Ese acoso e intimidación en la jornada
electoral, cuando se le está pidiendo a la gente que elija entre la esperanza y
el miedo, está tratando de corromper el mensaje del día", añadió.
Por otro lado, el incendio desatado en Keratea, una
zona del sur de Atenas, ha resultado en "una destrucción enorme",
según las autoridades. Varios bomberos han resultado heridos en la extinción de
un fuego que ya ha sido controlado. Syriza ha llamado a extender el horario de
votación de los habitantes de la zona.
Apoyo
a Samaras
Y mientras se conocen los resultados, los bancos
centrales de medio mundo se están preparando ante la posibilidad de que se
cumpla la peor de sus pesadillas y gane la izquierda radical.
Los líderes de Europa también se muestran aterrados
ante la posibilidad de que Syriza se alce con la victoria. De hecho, tanto la
canciller alemana, Angela Merkel, como el primer ministro italiano, Mario
Monti, así como el presidente español Mariano Rajoy, el presidente de la
comisión europea, José Manuel Barroso, o el presidente del Eurogrupo, Jean
Claude Juncker, hicieron llamamientos ayer a los griegos para que voten a
partidos que se comprometen a respetar los acuerdos que Atenas ha adquirido.
Lo que equivale a pedir el voto puro y duro por
Nueva Democracia y Antonis Samaras. Una exhortación que, sin embargo, puede
provocar el efecto contrario ya que muchos griegos consideran que se trata de
una intromisión intolerable en la política interna del país.
De todas maneras muchos analistas consideran que
después de que en las elecciones del 6 de mayo la mayoría de los griegos (siete
de cada diez) se dejaran llevar por la rabia, es probable que en esta ocasión
se imponga el miedo. "Es posible que veamos como la gente, aún a su pesar,
vuelve a votar al partido tradicional de Nueva Democracia, en la esperanza de
que pueda dar estabilidad y normalidad al país y evitar una catástrofe",
asegura Gerasimos Kouzelis, politólogo de la Universidad de Atenas.

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