MADRID.- Superado el diluvio del sábado, el sol visitó por
primera vez el circuito de Silverstone. Un ilustre e inesperado visitante que
iluminó el camino de Mark Webber, amenazante de principio a fin, y ejecutor de
las ilusiones de Fernando Alonso. El asturiano vio como el Red Bull de su amigo
se tomaba la revancha del día anterior, a cuatro vueltas para el final. Frenado
por los caprichos de los neumáticos blandos tras una estrategia distinta al del
resto de los favoritos. Un revés de última hora que no frena su carrera
veraniega al frente del Mundial -129 puntos-, donde su amigo Webber -116-
aguanta el pulso con firmeza.
Y eso que el primer aviso de Webber a Alonso llegó
apenas apagado el semáforo. Una brusca diagonal en busca de la puerta hacia el
liderato que el español cerró bruscamente con otro golpe de volante. Fue el
momento más tenso para el dueño de la pole durante gran parte de su aventura
por la campiña inglesa. Respaldado por sus neumáticos duros, se mantuvo en
calma, ajeno a cualquier imprevisto, durante casi 40 de los 52 giros sobre el
reseco asfalto de Silverstone. Ni una sola amenaza en el camino. Los Red Bull
habían perdido terreno y su apuesta por una táctica diferente a la del resto le
daba los frutos esperados.
Un pequeño encuentro con Lewis Hamilton, tras
cumplir su primer paso por boxes, pareció interrumpir su vertiginosa
expedición. Fue un espejismo provocado por el inesperado sol de la campiña
inglesa. Alonso se deshizo de su excompañero, tan discreto como otro McLaren de
Jenson Button, los dos apagados ídolos locales, y no volvió padecer sobresalto
alguno hasta su última visita al garaje en la vuelta 38. Un paso que obligó a
adelantar el contundente sprint final de Mark Webber. Quizás con más kilómetros
en el horizonte de lo esperado. Era el momento de ver cómo respondía el Ferrari
con su calzado blando.
Y la respuesta, puede que esperada en el box
ferrarista, fue que el Red Bull del australiano atosigó al Ferrari hasta el
agotamiento. Alonso veía cómo el bólido energético engullía plácidamente la
ventaja atesorada durante toda la carrera. Los 6.6 segundos que guardaba en el
bosillo habían quedado reducidos a cenizas por un Webber que parecía viajar
sobre raíles. El asturiano apretó los dientes hasta el extremo pero el Red Bull
terminó asestando el golpe de gracia a cuatro giros para el final. Sin
posibilidad ni margen para la respuesta. Sólo cruzando los dedos para que Vettel,
que también llegaba como un cohete, no redujese el botín.
Fuente
CARLOS GUISASOLA/EL MUNDO

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