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El empresario dominicano peca de indolente. Muchos no comprenden que el gran capital debe tener un sentido social. El atesorar riquezas, también debe ser compartir con los pobres y sostener programas para superar la pobreza.
Las grandes empresas dominicanas viven de espaldas a sus trabajadores. A lo más que llegan, es a la existencia de un pacto obrero-patronal dictado conjuntamente con sindicatos amarillos.
De hecho, en las fábricas y empresas hay sindicatos economicistas, su principal tarea es tratar de conseguir buenos salarios en forma individual y concitar el favor de sus empleadores.
Pero hoy más que nunca el sentido social se debe impregnar al gran capital, porque los obreros, los proletarios, los asalariados, están más desamparados que nunca.
Se forma el binomio triste y desgarrador del primer empleo, y de la última oportunidad de trabajo. Cuando un muchacho llega a la mayoría de edad no encuentra trabajo, y su primer empleo es un gran quimera.
Al perderse la juventud, se es un desempleado en potencia. Es tarde para conseguir un trabajo cuando un hombe tiene 40 años y la mujer 30. De ahí solo circunstancias específicas e individuales permiten a una persona conseguir trabajo.
Los empresarios deben planificar en la política de creación del primer empleo, dando trabajo a los jóvenes que salen al mercado, a veces con estudios truncos y sin futuro. Cerrar el paso de esos jóvenes, es llevarlos a la delincuencia.
Hoy hay cientos de muchachos que dejaron los estudios y comenzaron a buscar trabajo sin conseguirlo, y se encuentran desesperados, por lo que son fáciles agentes de caer en las garras de los vicios, las drogas y la delincuencia.
Una gran mayoría de las muchachas no pueden seguir sus estudios universitarios, y se meten a la prostitución, donde la vida es efímera, porque allí la belleza y la juventud lo es todo.
Si existiera una política coaligada entre el Estado y los empresarios en torno a la creación del primer empleo, para los jovenes sin experiencia que se deben ganar la vida, y tener recursos para proseguir sus estudios, se pondría una valla a la delincuencia.
Lo malo de los empresarios es que se atormentan con la delincuencia cuando leen las noticias del tema en su café del día, y luego se olvidan del asunto y esperan que la Policía haga su trabajo de doblegar a los malandros.
Con los empleos al término de la vida productiva, también hay que ampliar la seguridad social, porque cuando un hombre está entre los 40 y los 45 años, se le cierran todas las puertas.
Desde hace años el sector privado congeló los planes de pensiones, y a lo más que llega es a liquidar con unos centavos a personas que le dieron toda la vida a una empresa determinada. Se condena a esa persona a pasar trabajo, en la etapa en que más necesita recursos.
Tenemos la esperanza de que el empresario dominicano pueda recapacitar, y ser un agente de desarrollo, y de solucionar los problemas económicos y sociales de la mayoría.
No es que regale su dinero, sino que emprenda programas de asistencia social, porque el capital que no se preocupa por su comunidad lo que levanta es odio y malquerencias.
Ese empresario que tanto busca tener un pedazo del pastel político, que quiere dirigir la vida nacional sin meterse directamente a partidista, debe también comprender cuál es la suerte y el futuro de sus trabajadores, que en definitiva, son la garantía de su capital.
Inversiones con rostro humano, para los empresarios dominicanos.
Por MANUEL HERNANDEZ VILLETA
El autor es periodista


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