Río enciende la mecha JJOO del 2016

RIO DE JANIERO.- A cuatro años de que Río de Janeiro acoja los primeros Juegos Olímpicos de la historia de América del Sur, su actual alcalde y favorito a la reelección en las municipales, Eduardo Paes, no podría imaginar mejor (ni peor) campaña electoral que la de aterrizar con la bandera olímpica en su ciudad.

Por un lado, va a ser difícil quitarle la etiqueta de alcalde olímpico después de recibir del presidente del CIO la bandera y llegar con ancha sonrisa a Brasil para pasearla por toda la ciudad y llevársela a Dilma Rousseff a Brasilia.

Teniendo en cuenta que es el candidato a los comicios locales que cuenta de largo con más presupuesto de campaña –a años luz del segundo- y que su cara está estampada en los muros de toda la ciudad y en panfletos que entran por debajo de las puertas hasta en las favelas, es difícil imaginar un político municipal más mediático.

Desde hace meses, reconoce el hecho de ser alcalde olímpico como uno de sus sueños y su admiración por el que fuera primer edil de Barcelona, Pasqual Maragall, se plasmó en un acto conjunto en el que el catalán fue invitado para mostrar los lazos entre ambas ciudades. Río, como Barcelona, quiere mejorar su puerto, su funcionalidad y su potencia como marca mundial más todavía a partir de los Juegos.

Los futuros desalojados

Pero la bandera olímpica también se le puede clavar de manera dolorosa a Paes. Nada más llegar al aeropuerto de Río, le recibían activistas y vecinos de la favela Vila Autódromo, que tendría que ser desalojada para construir el Parque Olímpico. Y, además, los realojamientos que propone no están, según los afectados, dentro del derecho internacional.

Ya algunos moradores de la favela Metrô-Mangueira, muy cerca del Maracaná, se fueron a vivir a 30 kilómetros de sus casas por miedo y desconocimiento de sus derechos. Lo mismo les podría pasar a los habitantes de Providência, favela más antigua de Río, con 115 años. Según el Comité que aglutina las reivindicaciones de los habitantes afectados, unas 8.000 familias han sido ya afectadas por los desalojos. Dos activistas defensores de los derechos de las favelas publicaron en el 'New York Times' un artículo de opinión denunciando la situación.

El alcalde aseguró que ha cumplido sus obligaciones pese a que muchos van a intentar dañar su imagen a partir de los Juegos. Pero la presión no sólo le va a llegar de favelas y comunidades pobres. El ritmo de las obras es lento y muchas ni siquiera se han iniciado. La FIFA, en su día, ya tuvo serias disputas con el país por el poco avance de las estructuras previstas de cara al Mundial 2014.

No extrañaría que sucediera lo mismo con los Juegos, puesto que los problemas de espacio urbano en una ciudad llena de colinas y favelas se acentúan con las dificultades de licitación y la lentitud de la burocracia. El presidente del COI, Jacques Rogge, ya transmitió una exigencia a Río antes incluso de que se clausuraran los Juegos de Londres: que hiciera públicos los costes de organización. Paes dijo ayer que sólo en 2013 podrá dar cifras definitivas, pero la sospecha de sobrefacturación en un país comido por la corrupción va a sobrevolar durante los próximos años la preparación de los megaeventos del país y la ciudad.


Por GERMAN ARANDA/El Mundo

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