Algunos medios de comunicación sobre todo
electrónicos y digitales han actuado con marcada complicidad en el asalto a la
Casa Nacional del PRD el pasado domingo.
Hubo una transmisión televisiva “en vivo” a la que
sólo le faltó ordenarles a sus reporteros y camarógrafos que sacaran sus armas
de fuego y marcharan junto a las hordas vociferantes que arrasaban con todo lo
que hallaban a su paso...
Todo el que tiene ojos para ver, vio lo que ocurrió
la mañana del domingo en el local del PRD; todo el que tiene oídos para oír,
oyó las cosas que se dijeron durante “la toma” de la Casa Nacional por la
turbamulta llevada a ese lugar; y todo el que conserva un mínimo de sentido
común, sabe sobre quién recaen las responsabilidades de esos acontecimientos.
Sólo la prudencia de uno de los grupos perredeístas
evitó que ese día la sangre corriera a raudales por la cuneta de la Churchill.
Porque las autoridades nada hicieron para evitar la provocación que terminó con
el asalto a la Casa Nacional del PRD, mientras en su interior casi dos mil
miembros de su Comité Ejecutivo se disponían a sesionar en completo orden.
Las imágenes no mienten ni engañan a nadie. La
verdad es que ya a las 8:30 de la mañana, se habían registrado más de 1,800
miembros del CEN, de una matrícula de 2,300. Y que sólo se aguardaba que fueran
las diez de la mañana, hora de la convocatoria, para dar apertura al acto con
el canto al Himno Nacional y el del PRD.
El presidente del partido, Miguel Vargas, cuyo
vehículo había aparcado en el lateral de la entrada de la Sarasota y se
disponía a caminar unos metros hasta el patio de la sede de su partido, tal
como habían previsto sus organizadores, no tuvo tiempo de llegar al lugar por
el reperpero que se produjo al sonar los primeros tiros.
Es obvio que los cabecillas del desorden se
propusieron abortar el acto antes de que empezara. Y eso explica que algunos de
los principales seguidores de Hipólito Mejía, entre ellos su cuñado Sergio
Grullón, estuvieran desde temprano en el salón hablando incesantemente por su
teléfono móvil.
Desfachatez
extrema
Puede considerarse muy buena y profesional la
transmisión que hizo CDN, Cadena de Noticias, por el canal 37. El esfuerzo de
sus reporteros y la conducción ecuánime y bien ponderada desde el plató de
transmisión fueron impecables.
Nada que ver con una gallareta histérica que dirigía
la transmisión desde otro canal con una parcialidad asombrosa a favor de las
hordas que asaltaban la sede perredeísta y sin la cordura que se requiere en
momentos tan tensos, como exigen los más elementales manuales del periodismo
electrónico por su influencia en el estado anímico de la gente.
Se llegó al extremo de acusar de cobardes a Miguel
Vargas y sus seguidores porque no respondieron a sus insistentes llamados
telefónicos, mientras el vocero de ese sector perredeísta, Wilfredo Alemany,
hablaba a otras cadenas, CDN, por
ejemplo y anunciaba que poco después el presidente del partido tendría una
conferencia de prensa en el restaurant El Rancho. Como en efecto ocurrió.
Pero penosamente la “investigación” periodística no
daba más que para una pobre transmisión que dejaba ver claro por el lado que
andaban sus intereses en esta pugnacidad partidaria entre lo legal y el imperio
de la fuerza.
Esa transmisión televisiva jamás vio el orden en que
se desarrollaban los acontecimientos al interior de la Casa Nacional, ni se
enteró que cerca de dos mil delegados estaban ya registrados a las 8:30 de la
mañana; ni se percató de quién inició la violencia y ni siquiera vio que los
encargados de la vigilancia del local se replegaron a tiempo de evitar una
tragedia mayúscula...
En todo esto, según lo vio esa señora, había un solo
culpable: Miguel Vargas Maldonado... el presidente del partido que estaba
siendo asaltado... Y después hablan dizque de objetividad periodística.
Algo
hay que hacer
Los acontecimientos del domingo en la Casa Nacional
del PRD han dejado en claro que algo hay que hacer para evitar que militares de
alta graduación que sirven de escoltas a dirigentes políticos así hayan sido
presidentes de la República tengan participación en actividades de los
partidos.
No me refiero solamente a los que ese día
aparecieron uniformados y de civil protegiendo al señor Mejía. Hablo de todos.
No es posible que un oficial general en activo
aparezca en medio de una pugna partidaria que, como la del domingo, degeneró en
violencia y que pudo haber causado una tragedia de no ser por la actitud
prudente de uno de los grupos.
Los dirigentes políticos tienen que dejar a sus
escoltas militares en sus casas cuando participan en actividades de su partido
más aún cuando se trata de participar en acciones temerarias y peligrosas como
la de ese día en el PRD.
Los dirigentes que delegan todo su valor y su
guapura en los militares que los cuidan, deben gestionar que éstos pasen a la
vida civil y puedan participar en sus actividades políticas.
El general Pared, ministro de las Fuerzas Armadas,
está en el deber de intervenir para evitar que esta práctica continúe... Las
escoltas a políticos y funcionarios no pueden ser usadas en este tipo de
andanzas temerarias.
Menos en aventuras tan peligrosas como las del
domingo en la Churchill.
Por
CESAR MEDINA
El autor es periodista y productor de televisión


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