LENGUA
DE CARPINTERO.- Una vez el pájaro Carpintero creaba
serios problemas en determinados sembradíos, y el gobierno de entonces (creo
que de Trujillo) decidió comprar la lengua. La caza del Carpintero se hizo
negocio, pues tenía venta segura, y muchos campesinos ganaron centavos o pesos, y el daño se redujo
al mínimo. No se para que le sirve la lengua al Carpintero, pero se atribuye a
Anarcasis el Escita, un pensador de mucho antes del nacimiento Cristo, una
frase imponderable: “La lengua es lo mejor y lo peor que poseen los hombres”.
Servida en un plato era un manjar exquisito, pero usada para agraviar era
tormento y causa de guerras. Por ejemplo, no se puede hacer con los
perredeístas lo que con el Carpintero, de quitarles la lengua. Pero si se
pudiera, o ellos mismos quisieran, se harían un gran favor y las discordias se
apagarían como de seguro el jacho si no superan la actual fase de guerrillas.
Cuando se habla con un bando y con el otro, o se les oye en los medios, la
conclusión amarga es que en ese partido no hay nadie noble o capaz, pues a cada
compañero alto, medio o bajo, lo primero que le sale de la boca es una
descalificación...
EL
PLANO PERSONAL.- Lo más interesante es que los
perredeístas no se mencionan la madre, como es propio de la gente que pelea,
sino la mujer. Nadie supone lo que significa en la actual situación del PRD ese
inexplicable rencor de Hipólito Mejía y Angelita García. No solo no se quieren,
tampoco se pasan. Los Tuits de ella no dejan duda y el disgusto del marido por
la reacción personal de su oponente político, tampoco. ¿Qué es lo que dice
Mejía en la intimidad de la esposa de Miguel Vargas ? Nadie lo sabe, y quien lo
sepa, no lo repite. ¿Por qué molestan tanto a Mejía sus mensajes en las redes?
Si no fueran adultos, muy adultos, se pensaría en cosa de muchachos. Lo malo es
que como todo lo perredeísta, el afán de una y otro es irrefrenable. Lo
razonable, y más todavía, lo racional, es que cesen las provocaciones. Lo
político y lo personal, si pueden andar de la mano, bien. Pero lo político y lo
personal no necesariamente deben coincidir. Hipólito Mejía no tiene que ir a
los cumpleaños de Miguel Vargas, ni mandar regalos, y viceversa, pero si verse
las caras en el partido...
SANGRE
DE NUEVO.-
El asalto a la Casa Nacional fue un hecho tan bochornoso que lo aconsejable
sería pasar esa página y dejarla en el olvido. Sin embargo, no. El bando de Miguel Vargas decidió llevar el caso
a los tribunales, y no solo hay sometimientos, sino que las autoridades
hicieron levantamiento de pruebas para que el encausamiento produzca
resultados.
Hay fílmicas, hay fotos, y sobre todo testimonios, que dejan mal
parados a muchos compañeros. Se pasaron de tigueraje, es verdad, pero su
procesamiento es leña que alimentara un fuego que amenaza con destruirlo todo.
El mobiliario y los equipos pueden comprarse de nuevo, incluso exigir ñ en el
marco de una negociación ñ la
reposición. Como hace la policía norteamericana con los pleitos en los
bares: que cada cual pague los daños. Hay que suponer lo que serán las salas de
los tribunales donde se realicen los
juicios contra los violentos del pasado 27 de enero. Cada grupo llevará su
claque, y sea adentro o en la calle, se producirán nuevos enfrentamientos.
Volverá a correr la sangre.
LA
CARTERA Y LA COMPAÑERA.-
La idea del indulto es buena, o la amnistía, pero parece que nada que
sea razonable encuentra cabida entre los perredeístas. Sin importar el bando.
Miguel Vargas somete, pero Hipólito Mejía recuerda lo evidente: que el inmueble
que aloja la Casa Nacional no es
propiedad de Vargas, sino del partido. E incluso revela algo que sólo sabían
los muy enterados: que ese local estuvo en hipoteca, después de ser adquirido,
y que él se ocupó de liberarlo. Sería suyo, entonces. Aunque lo interesante son
las otras historias. Por ejemplo, se cuenta que en una zona de la capital un
compañero devolvió una de las carteras que se perdieron el día del asalto, y
que su dueña la revisó rápidamente y advirtió que le faltaba el monedero. Esto
es, el dinero. Lo encaró, pero el compañero no hizo más que reírse en su cara,
como si se tratara de una gracia. A pesar de que era obvio que la devolución,
ese gesto amable, lo implicaba. Tal vez no fuera por la cartera, pero ese
compañero anda huyendo por los nuevayores. Dicen que quien tiene hechas, tiene
sospechas...
Por ORLANDO GIL
El autor es periodista



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