MADRID.- Desde el fondo del abismo, 'cabizbajo' y
desdibujado, emergió Messi. Radiante y resplandeciente como solía. Revitalizado
para la noche más oscura y también más esperada. Él y su venenosa zurda de seda
convirtieron la anhelada remontada en una realidad. Ese cañón obró el milagro
de seguir soñando por Europa con dos zapatazos que grabaron los primeros
acordes de la gesta (4-0). Fue el argentino quien contagió a Villa para cumplir
el sueño de los cuartos de final que pareció imposible tras la pesadilla de San
Siro. Este Barça ya tiene su hazaña y con ella se asomará a los cuartos para
desvelo de sus posibles rivales.
El silbido inicial del árbitro fue para el Barcelona
como el sonido del cuerno que llamaba a la batalla a los guerreros nórdicos. En
ese preciso instante comenzó el asedio a la portería de Abbiati. Agarrados a la
presión que tanto se echó de menos en el mar de dudas de las últimas semanas.
Desde Villa, reincorporado a la causa en el día 'D' azulgrana, hasta Piqué.
Incesantes dentelladas sobre una asustada defensa 'rossonera' que vio venir el
desastre cuando Messi, enjaulado por cinco milanistas, desenfundó su zurda y
sin parpadear la colocó en la escuadra de Abbiati. Así comenzó la gesta con la
que Xavi llevaba soñando desde la pesadilla de San Siro. La proeza que
reclamaba para su generación.
La batuta del capitán se agitó con garbo en un
primer cuarto de hora de frenesí azulgrana que sólo interrumpió Kevin Prince desnudando
la espalda de los chicos de Roura en la única subida al área rival de Jordi
Alba, fijado con pegamento a su línea defensiva. Que para machacar la banda ya
estaba Dani Alves, hiperactivo surtidor de balones desde la derecha. Minutos en
los que faltó dinamita y sobraron ganas. En los que Iniesta, que se topó con el
portero milanista en un disparo que se asomaba a la escuadra, se puso el chaqué
para acompañar con clase al renacido Messi. Recuperando la fórmula del champán
en el Camp Nou. Pero el tiempo se detuvo en el estadio culé cuando Niang, tras
un error de Mascherano en el centro del campo al comerse un despeje de la zaga
italiana, galopó hacia Valdés y su lanzamiento cruzado se estrelló en el poste.
En un remate interminable.
Quizás fue ese respingo al borde del descanso, con
la duda añadida de una posible mano en el área de Piqué, el que volvió a
revitalizar al Barça. Porque con el escalofrío aún en el cuerpo, la zurda de
Messi, en otro cañonazo desde fuera del área, ponía una 'X' en la eliminatoria
en el minuto 39. Tras un corte de cirujano de Iniesta al contragolpe
'rossonero' con el que dibujó la igualada. Apenas un minuto después del susto,
la eliminatoria volvía a ponerse a cero. Con la moral disparada. Con la fe
agigantada por una 'Pulga' que estaba de regreso.
La
ejecución de Villa
Aunque el destino quiso que fuera Villa quien girase
la llave hacia los cuartos de final. El asturiano, que se topó consigo mismo
durante un desacertado primer tiempo, recibió la entrega precisa de Xavi, tras
una vital incisión de Mascherano a la contra rival, para hacer realidad ese
ejercicio de fe tan anhelado. Un derechazo colocado al palo más lejano del
oxidado portero italiano, que se vistió de estatua para encumbrar la obra
azulgrana. Con más de media hora de eliminatoria por delante, era el momento de
enfriar, calmar y apaciguar. De no repetir los errores del pasado, cuando aquel
mortecino Chelsea, con un jugador menos, dejó helado el Camp Nou el curso
anterior.
Momentos de dudas y arreones milanistas. Porque un
gol cambiaba la historia de todo lo visto hasta ese momento. El Barça dio un
pequeño paso atrás, ya con Puyol sobre el césped, para esperar su momento y en
ese juego de dudas, el Milan asomó la cabeza. El Shaarawy y Robinho empezaron a
dejarse ver más de lo habitual, hasta el punto de que Jordi Alba, a diez
minutos del final, emergió a toda velocidad para tapar al brasileño y evitar la
tragedia. Aumentó la tensión según corría el cronómetro y sólo cesó el
sufrimiento cuando el propio Jordi Alba, en su única visita del partido a
territorio Abbiati, apagó los temores y convirtió en realidad la remontada. Una
noche de ensueño en la que Messi volvió a sonreír para iluminar la gran obra
azulgrana.
Fuente
EL MUNDO

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