TANZANIA.- Tanzania, un país con 127 idiomas donde
conviven más de 100 tribus. Es un destino turístico por excelencia para los
recién casados que quieren vivir la inolvidable experiencia de un safari
fotográfico en la sabana africana, bucear en las transparentes aguas de
Zanzíbar o escalar el Kilimanjaro guiados por un sherpa. Precisamente, en las
faldas del Kilimanjaro, se concentra la mayor comunidad albina de África.
La Tanzanian Albino Society tiene a 8.000 albinos
registrados. Aunque, entre los que no saben que existe esta asociación y los
que prefieren que no se sepa donde están, en realidad son muchos más. Se estima
que hay unos 150.000 en toda Tanzania, según la Tanzanian Albino Charity.
Baswira Ntoteye se refugia huyendo del sol.| Ana
Palacios
El albinismo que resulta tan exótico en Occidente,
es un drama en África. Es una condición genética que consiste en la falta de
melanina en piel, ojos y cabello. Además, sufren problemas de visión como
fotofobia, estrabismo y nistagmo (mueven los ojos constantemente). Al no tener
melanina en la piel, que es un pigmento fotoprotector muy eficaz contra las
radiaciones solares, la sensibilidad a los efectos abrasivos del sol es
extrema. Si no se protegen con cremas de filtros muy elevados, manga larga,
gafas oscuras y sombreros, lo más probable es que, desde niños, comiencen a
padecer lesiones cutáneas que acaben degenerando en un cáncer de piel.
El azar de la genética juega a los dados y nacer
albino en África es perder la partida. La falta de medios económicos de estas
personas para acceder a esos fotoprotectores, a esos gorros de ala ancha o a
esas gafas con filtro solar, propicia que el punto de partida de esta comunidad
sea mucho más desaventajado que el de sus hermanos negros. Además, el cáncer de
piel no duele. Por eso se queman y consumen sin conciencia de que su vida
acabará pronto si no se protegen del sol.
Elixir
de albino
Por si fuera poco, las personas albinas sufren una
seria discriminación social. El ser de otro color, tan parecido al de sus
colonizadores, no tiene sentido para muchos africanos. Empiezan a inventar
explicaciones que 'justifican' esa diferencia en las que los albinos siempre
salen malparados. Historias de hijos del demonio, concebidos en la
menstruación, castigos divinos, relaciones sexuales con un blanco...
Por eso tener un hijo albino es una maldición. Tus
propios familiares te repudian, no te cuidan en casa, no ves la pizarra en
clase y, encima, eres de otro color. Así comienzan los obstáculos sociales. No
llegas a la educación secundaria, por lo cual no accedes a trabajos de mayor
responsabilidad, no te quieren mucho, así que te cuesta casarte, y encima das
miedo porque se creen que estás maldito. Tus propios vecinos dicen por ahí que
los albinos no mueren, sólo se desvanecen, o que si les tocas te vuelves blanco
o caes enfermo.
Josephine y Bishusha disfrutan del escaso espacio
abierto en el que pueden jugar seguras, dentro de Kabanga, sin temor a que las
secuestren los mercenarios de los brujos. | Ana Palacios
Pero la tragedia continúa. Además de tener una salud
precaria, sufrir la discriminación de su entorno y afrontar un futuro
desolador, los brujos han puesto de moda el elixir de albino. Aunque la
hechicería presume de fórmulas clásicas, de vez en cuando, innova con
escalofriantes pócimas de temporada.
En 2007 los hechiceros empezaron a añadir partes del
cuerpo de un albino para sus brebajes de buena suerte. Se abrió la veda para
los cazafortunas sin escrúpulos y comenzaron las cacerías y las mutilaciones.
Incluso los propios familiares han llegado a delatar la presencia de un albino
en la aldea a cambio de una recompensa.
Por una mano albina pueden pagarse a 2000 dólares en
el mercado del hechizo. Una cifra capaz de convertir a cualquier vecino en posible
criminal. En los últimos cinco años ha habido más de cien muertes causadas por
estos mercenarios.
Sembrado el pánico, comenzó el éxodo de albinos a
aldeas remotas, a las grandes ciudades para pasar desapercibidos o a centros
como Kabanga, fortificaciones vigiladas por la policía y apoyado por la ONG
española AIPC Pandora, para garantizar cierta tranquilidad.
El
escuadrón de la vida
El
dermatólogo español Pedro Jaén supervisa a un residente. | Ana Palacios
Sin embargo, y para no perder la perspectiva, que
cien muertes a manos de hechiceros en cinco años es una cifra parca frente a
las miles que se producen anualmente por culpa de su verdadero verdugo: el sol.
Concienciados de que auténtico enemigo de los albinos
es la radiación del astro rey, un equipo de dermatólogos, cirujanos plásticos,
anestesistas, patólogos y enfermeras, liderados por el doctor Pedro Jaén, jefe
de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal, en 2008
se liaron la manta a la cabeza viajaron a Moshi para remangarse la bata y echar
una mano. Desde entonces, dos veces al año, este "escuadrón de la
vida" se traslada al Regional Dermatologic Training Centre (RDTC) del
hospital de Moshi, al norte de Tanzania, para operar y tratar a albinos con
cáncer de piel.
Además, de resolver casos urgentes, conducen
talleres teórico-prácticos en oncología dermatológica y dermato-patología en un
intento de elevarla formación de los escasos dermatólogos que hay en el este de
África. Talleres en los que se ha operado, y salvado la vida, de más de 500
albinos.
La
importancia de la prevención
Asimismo, en el marco de un proyecto financiado por
la Comunidad de Madrid e implementado por la ONG África Directo, se inició en
el RDTC una producción local de fotoprotectores. El proyecto garantiza el
aprovisionamiento de cremas antisolares a las personas con albinismo a través
de una iniciativa gestionada localmente que subsana la insostenibilidad que
supone depender donaciones externas.
Con el apoyo técnico del laboratorio Fridda Dorsch y
la dirección de una farmacéutica española en el terreno, se lanzó en noviembre
la primera distribución de 'Kilimanjaro Suncare', la loción fotoprotectora que
mejorará la calidad de vida de los albinos de Tanzania.
Por
ANA PALACIOS/El Mundo

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