Según la FAO 868 millones de personas (12,5 % de la
población mundial) están subnutridas y 500 millones son obesos.
En la malnutrición en todas sus formas ―la
desnutrición, las carencias de micronutrientes y el sobrepeso y la obesidad―
impone costos económicos y sociales inaceptablemente altos a los países de
todos los niveles de ingresos. Mejorar la nutrición y reducir estos costos
exige un enfoque multisectorial que comienza con la alimentación y la
agricultura e incluye intervenciones complementarias en el ámbito de la sanidad
pública y la educación.
La función tradicional de la agricultura en la
producción de alimentos y la generación de ingresos es fundamental, pero todo
el sistema alimentario ―desde los insumos y la producción, pasando por la
elaboración, el almacenamiento, el transporte y la venta al por menor, hasta el
consumo― puede contribuir en medida mucho mayor a la erradicación de la
malnutrición.
Las políticas y la investigación agrícolas deben
seguir respaldando el crecimiento de la productividad en relación con los
alimentos básicos y al tiempo prestar mayor atención a alimentos ricos en
nutrientes y a sistemas de producción más sostenibles. Las cadenas de
suministro tradicionales y modernas pueden mejorar la disponibilidad de una
variedad de alimentos nutritivos y reducir el desperdicio y las pérdidas de
nutrientes. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, el sector
privado y la sociedad civil pueden ayudar a los consumidores a elegir dietas
más saludables, reducir el desperdicio y contribuir a un uso más sostenible de
los recursos proporcionando información clara y precisa y garantizando el
acceso a alimentos nutritivos y variados.

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