PARIS.- Cuatro horas y 37 minutos, cinco sets, 56
juegos, 335 puntos, 30 grados sobre una Philippe Chatrier impresionada, una
lucha frontal, espectacular, impagable, de idas y vueltas, que concluyó con
Rafael Nadal como vencedor de una semifinal con muchos pronunciamientos de
campeonato.
El español se impuso a Novak Djokovic por 6-4, 3-6,
6-1, 6-7 (3) y 9-7. Fue el Nadal heroico de la más grandes ocasiones, en la que
puede considerarse su obra cumbre en Roland Garros, por encima de los siete
títulos conquistados. Sacó para ganar el partido en el cuarto set, estuvo a dos
puntos de anticipar su presencia en la octava final de Roland Garros, pero
acabó viéndose llevado a una prórroga incierta, donde la intensidad no decreció
en momento alguno.
Sólo Bill Tilden, que alcanzó 10 finales en el
Abierto de Estados Unidos; Roger Federer y Pete Sampras, que se presentaron en
ocho en Wimbledon; e Ivan Lendl, con otras tantas en Nueva York, han aparecido
en tal número de ocasiones en el encuentro decisivo de un Grand Slam. Ningún
hombre logró ocho títulos en torneo alguno. Son un total de 58 victorias en sus
nueve participaciones en Roland Garros, el mismo número de triunfos que suman
Federer y Vilas. Tendrá también la oportunidad de quedarse a solas con el mejor
registro.
Lo celebró su entrenador, Toni Nadal, como
corresponde a una monumental conquista. No es el título, pero se le parece
mucho, sin obviar al rival que tenga frente a él en la lucha definitiva. Nadal
engrandeció aún más la leyenda del guerrero indestructible, que jamás se rinde.
Ni siquiera lo hizo tras perder su saque en el primer juego del quinto set y
ver cómo el encuentro tomaba un cariz delicadísimo para él.
El serbio superó un grave desfase que le costó el
tercer set y volvió tras sostenerse a duras penas en el cuarto. Campeón este
año en Australia, Dubai y Montecarlo, donde terminó con la hegemonía del
también heptacampeón Nadal, Djokovic mantuvo la puerta abierta ante cualquier
opción, consciente de las dificultades de una empresa que por momentos pareció
quedar fuera de su alcance.
Fue al desempate del cuarto gracias a un formidable
resto de revés que le dio bola de ‘break’ para igualar a seis y lo hizo suyo
sin titubeos. Rompió de inicio en el quinto e invirtió la tendencia de una confrontación
en la que no había logrado trascender el papel de ‘outsider’. Pero será Nadal,
el mejor tenista del año, el ganador de tres Masters 1.000 en el presente
curso, quien buscará su séptimo título del año, el octavo en esta cancha que le
pertenece.
La Philippe Chatrier fue cobrando el aspecto propio
de una gran final. El viernes laborable demoró que se completará el aforo, en
el día más caluroso de las dos semanas de torneo, con una pista seca, dispuesta
ante los golpes liftados del español, que nunca dejó a su rival moverse con
comodidad, atacar la pelota en condiciones mínimamente propicias.
El ‘break’ en el séptimo juego del cuarto set tenía
indicios de resultar definitivo. Djokovic aguantaba a duras penas a un Nadal
firme, implacable, sin un atisbo de distracción, al que no le importó la
penalización de un punto por superar el tiempo reglamentario entre punto y
punto (fue con 5-1 y 40-0 de su lado, en el tercer set) tras recibir juegos
atrás un ‘warning’ (advertencia). Pero Djokovic aún estaba dispuesto a seguir
intentándolo. Rompió de vuelta. La secuencia del tercer set, ‘break’ arriba de
Nadal neutralizado por Djokovic con dos rupturas consecutivas, no iba a
repetirse. Iba a ser Nadal quien rompiera de nuevo en el decimoprimer juego
ante un ‘Nole’ que agotaba su suerte a través de derechas invertidas. Tuvo aún
el balcánico un billete de regreso gracias a un gran resto de revés. Se llevó
el desempate y llegó hasta la orilla.


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