SANTO DOMINGO ESTE,
República Dominicana.- Rechazó abandonar el lugar en donde vive en el sector de
La Barquita, aunque veía que la crecida del río Ozama inundaba su paupérrima
vivienda.
Su nombre decidió
mantenerlo en el anonimato. Vive como según confesó a la buena de Dios. Sólo
tiene una cama, un anafe y un caldero para los guisos.
Y su patrimonio son
15 gallos de peleas.
“Tuve que sacarlos
para que no se me ahogaran”, dijo el hombre, quien carecía de vestimentas de la
cintura hacia arriba.

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