Se tiene bien sabido que el rango no es sólo una
jerarquía, sino también una categoría en las Fuerzas Armadas y en la Policía.
Que un coronel asuma el puesto de mando en lugar del
general es entendible... Así ha debido ser siempre tomando en cuenta que en
todos los ejércitos del mundo la cúspide del escalafón es el “coronelato”.
El “generalato” es un rango político por cuanto lo
designa el Ejecutivo a discreción, salvo en aquellos casos en que el cargo
impone el rango o cuando se trata de un ascenso automático por antigüedad para
pasar al retiro, bien estipulado en la ley.
Pero lo que acaba de ocurrir en Santiago no tiene
parangón, por lo menos en los registros de mi memoria, que no es muy mala: una
sargento, ascendida a segunda teniente en la ocasión, ha relevado a un general
en la vocería regional de la Policía.
Yuderdis María Blanco Veras reemplaza al general
Jesús Cordero Paredes, puesto en retiro recientemente por el Poder Ejecutivo.
Al ser posesionada al frente del departamento regional, se le colocaron las
insignias de segundo teniente, y ella lo agradeció.
Es probable que la joven Blanco Veras tenga los
méritos y el talento para desempeñar el puesto... Pero su caso evidencia que la
estructura de mandos de la Policía tiene que ser revisada urgentemente.
Una
grave distorsión
La última vez que tuve acceso a la información que parece clasificada porque no figura en su
página web, la Policía tenía 74 generales y mayores generales activos, más de
los que tiene todo el Ejército de los Estados Unidos.
Es probable, partiendo de la lógica más elemental,
que ninguna otra policía del mundo tenga tantos generales “en el servicio
activo”. Y entonces eso, precisamente, explica lo que acaba de producirse en
Santiago.
Con el agravante de que la designación de la
sargento Blanco Veras y su ascenso a segundo teniente probablemente provoque un
serio conflicto de mandos en la regional policial Norte.
Por la razón sencilla de que su jefatura incluye a
todas las compañías de la región La Vega, Puerto Plata, Moca, Bonao, y en esos
cuarteles hay oficinas de relaciones públicas con coroneles, mayores, capitanes
o primeros tenientes como encargados.
Es decir, se podría dar el caso de que en la Policía
un sargento acabado de ascender a segundo teniente esté por encima de los
oficiales superiores de la región en la jerarquía de mandos. Y eso crea una
seria distorsión en su estructura interna.
De
general a sargento
El jefe de la Policía, Manuel Castro Castillo, es un
oficial de muchos años de servicio que conoce la institución y sabe cómo piensa
la mayoría de sus miembros. Desde su llegada al puesto se ha empeñado en
jerarquizar el mérito más que el rango, lo que explica muchos de sus
movimientos internos.
Los coroneles han vuelto a los comandos regionales y
provinciales, y las posiciones técnicas están siendo reasignadas en función de
la capacidad de cada individuo y atendiendo los méritos en el servicio.
Todo eso está muy bien. Lo malo son las distorsiones
porque envían mensajes incorrectos a la oficialidad y pueden trastornar un
principio fundamental en una institución armada con características militares,
con riesgo de quebrantar su disciplina. Los generales que cumplieron, al digno
retiro; los coroneles, a los comandos; los capitanes al frente de las tropas;
los sargentos, a los pelotones...
¡Pero no al revés...!
Por
CÉSAR MEDINA
El autor es periodista

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