WASHINGTON.- Senadores demócratas y republicanos buscan aprobar
una ley para castigar las exportaciones petroleras iraníes, pero Obama quiere
esperar para llegar a un acuerdo sobre el plan nuclear de Teherán
La reanudación del diálogo con Irán, interrumpido desde
la Revolución Islámica de 1979, está provocando una creciente división al
interior de la política estadounidense.
Ciertos gestos de moderación manifestados por el
nuevo presidente iraní, Hassan Rohani, como hablar telefónicamente con Barack
Obama y proponer la vuelta de los vuelos directos entre los dos países, son
interpretados por la Casa Blanca como "una oportunidad única".
Sin desconocer las complejidades del asunto, Obama
cree en la posibilidad de "alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní".
Pero los representantes de ambos partidos en el
Congreso e incluso sus aliados internacionales, como Israel, creen que el
cambio de actitud de Irán es sólo una fachada para seguir con su plan de
desarrollo atómico. En las últimas horas, el gobierno de Rohani afirmó que no
tiene pensado abandonar el enriquecimiento de uranio al 20%.
"Irán necesita terminar inmediatamente con su
sistemático incumplimiento de las repetidas demandas de la ONU. Todos queremos
que las negociaciones sean exitosas, pero se está acabando el tiempo",
afirmó Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de
Representantes.
Por eso, el Senado quiere aprobar a fines de la
próxima semana un proyecto de ley que establezca sanciones a las exportaciones
de petróleo y a las finanzas de Irán, según informa The Wall Street Journal.
Enterado de esta situación, Obama está intentado
convencer a los líderes demócratas y republicanos que congelen momentáneamente
el proyecto. El fundamento es que los esfuerzos diplomáticos necesitan tiempo
para contener el programa nuclear iraní, y que aplicar más sanciones
favorecería su estancamiento.
Los senadores ya aplazaron el tratamiento de esta
ley en una oportunidad, cuando el Departamento de Estado solicitó un poco más
de tiempo en vistas al encuentro que tuvieron los representantes con sus pares
iraníes, los pasados 15 y 16 de octubre en Ginebra.
La Casa Blanca consideró que las conversaciones
fueron muy auspiciosas, por eso quiere redoblar la presión sobre el Congreso
para que congele las sanciones, argumentando que los negociadores necesitan
mayor flexibilidad para continuar con la diplomacia las próximas semanas.
En una reunión mantenida en estos días, Philip
Gordon, uno de los encargados de las negociaciones, se reunió con un grupo de
senadores y les manifestó que las sanciones podrían ser contraproducentes en
este momento. Un nuevo encuentro entre representantes de las potencias
mundiales y diplomáticos iraníes está agendado para el 7 y 8 de noviembre.
"Hasta ahora, el Congreso ha sido un importante
compañero en nuestros esfuerzos. Continuaremos consultándolo como hicimos en el
pasado, de modo que las acciones que lleve adelante estén alineadas con nuestra
estrategia de negociación", aseguró Caitlin Hayden, vocera del Consejo de
Seguridad Nacional.
En los próximos días se sabrá si logran convencer al
ala dura del Senado, que desconfía profundamente de las intenciones de Irán.


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