El Rey: Asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que reclama la sociedad
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MADRID.- El Rey se muestra 'determinado a continuar' en el
'desempeño fiel' de su 'mandato' y vincula el 'desaliento ciudadano' en la
crisis con la 'falta de ejemplaridad en la vida pública'. Invita 'a las fuerzas
políticas a que hagan posibles las reformas necesarias' y exige 'que se cumplan
y hagan cumplir la Constitución y las leyes'.
Don Juan Carlos quiso terminar su mensaje de
nochebuena, el único del año que se escribe en La Zarzuela, y no por parte del
Gobierno, asegurando que no tiene intención de abdicar: “Quiero transmitiros
como Rey de España mi determinación de continuar estimulando la convivencia
cívica en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el
orden constitucional” y de hacerlo, añadió, “con las exigencias de ejemplaridad
y transparencia que hoy reclama la sociedad”. Pero también dejó su compromiso
personal con la dura situación económica: “Para mí, la crisis empezará a
resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar”.
El Monarca aprovechó la atención de su discurso de
Nochebuena para defender la Constitución de 1978: “Nos ha proporcionado el
periodo más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra
historia. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que
lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de
nuestra sociedad y de nuestras instituciones”.
Pero al mismo tiempo dejó una salida al presidente
de la Generalitat, Artur Mas, y a una posible “actualización de los acuerdos de
convivencia” siempre que “las diferencias y controversias se resuelvan con
arreglo a las reglas del juego democráticas aprobadas por todos”. Y añadió en
esa línea: “Estoy convencido de que todas esas cuestiones se podrán resolver
con realismo, con esfuerzo, con un funcionamiento correcto del Estado de
derecho y con la generosidad de las fuerzas políticas y sociales
representativas”.
Reivindicar el “logro histórico” de la Constitución
de 1978 “no es incompatible”, insistió el Rey, con “reconocer la necesidad de
mejorar en muchos aspectos la calidad de la democracia” y proceder a “la
crucial tarea de modernización y regeneración” de España. Pero para hacerlo,
advirtió, es necesario estar “juntos” y mostrar “generosidad para saber ceder
cuando es preciso, comprender las razones del otro y hacer del diálogo el
método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”.
“Mi posición
me ha permitido vivir las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado
España, a la que he dedicado mi vida”, afirmó el Monarca, que en enero cumplirá
76 años. “He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles
salir juntos de los malos y construir juntos los buenos”. “Juntos”, repitió don
Juan Carlos, “hemos resuelto problemas no más fáciles que los que hoy
afrontamos y siempre con la ambición de llegar a un objetivo común. Juntos
debemos seguir construyendo nuestro futuro porque nos unen y nos deben seguir
uniendo muchísimas cosas: el afán de asegurar un porvenir sólido, justo y lleno
de oportunidades; la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas
que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del
diferente, la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y
sensibilidades distintas, la solidaridad que siempre demostramos ante las
grandes adversidades, las desigualdades sociales y territoriales y ante las
necesidades de nuestros vecinos”. Sobre esa tesis de la unidad de España se
explayó: “Y nos une y debe seguir uniendo el sentimiento de comunidad que
recientemente expresaba el Príncipe de Asturias: España es una gran nación por
la que vale la pena luchar”. La Corona, recordó el Rey, “promueve y alienta ese
modelo de nación”. “Cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad.
Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la
que entre todos debemos seguir construyendo”.
Las diferencias deben resolverse con las reglas de
juego democrático”
El Monarca terminó su discurso invitando a las
fuerzas políticas a que “sin renunciar a sus ideas, superen sus diferencias
para llegar a acuerdos que a todos beneficien y que hagan posible las reformas
necesarias para afrontar un futuro marcado por la prosperidad, la justicia y la
igualdad de oportunidades” y llamó a los líderes políticos y sociales a
“ejercer el liderazgo, combatir el victimismo, el desaliento y el conformismo”,
y a la comunidad intelectual a ser “intérprete de los cambios” y “guía del
nuevo mundo que está surgiendo”.
Crisis económica y política. En un momento de
creciente desapego de la ciudadanía hacia la Monarquía, el Rey quiso transmitir
a los españoles que desde el palacio de La Zarzuela es plenamente consciente
tanto de la precariedad económica por la que pasan muchos, como del lógico desencanto
ante unas instituciones que no han sabido dar respuesta a sus problemas.
Por eso quiso dirigirse a quienes han perdido su
empleo, y pidió al Gobierno “un esfuerzo” para crear puestos de trabajo: “No
podemos aceptar como normal la angustia de los millones de españoles que no
pueden trabajar. Para mí, la crisis empezará a resolverse cuando los parados
tengan oportunidad de trabajar”.
El Rey destacó el “sacrificio” y el “coraje” de los
más afectados por la crisis, y quiso acordarse de quienes han perdido su
vivienda, de los jóvenes que no han podido encauzar su vida profesional, de los
pensionistas que están siendo “el soporte de muchas economías familiares”. En
ese sentido apostilló como “extraordinaria la fuerza de la familia en España”.
Para mí, la crisis se empezará a resolver cuando los
parados puedan trabajar”
Pero también ensalzó la labor de los inmigrantes,
“cuya aportación hay que agradecer sin reservas”, de los servidores públicos,
de los que atienden a “millones de personas en dificultades”, de los que
trabajan fuera de España y también de los que aportan su “talento y
creatividad” para superar las dificultades: los emprendedores, los autónomos y
“la pequeña y mediana empresa que sostiene el tejido productivo de la nación”.
La falta de ejemplaridad y la corrupción. Frente al
“ejemplo de responsabilidad y de civismo” que han mostrado todos esos
colectivos citados, el Rey contrapuso “los casos de falta de ejemplaridad en la
vida pública que han afectado al prestigio de la política y las instituciones”.
Y aquí, según fuentes de La Zarzuela, el Monarca no solo se estaba refiriendo a
los interminables episodios de corrupción política, sino también al caso Nóos,
en el que está imputado su yerno, Iñaki Urdangarin, mientras el juez José
Castro medita si imputar también a su hija, la infanta Cristina.
La evolución del caso, que el jefe de la Casa del
Rey, Rafael Spottorno, calificó de “martirio”, ha provocado un grave deterioro
en el prestigio de la Corona, que no ha logrado recuperar los niveles de
popularidad previos a la imputación del duque de Palma. “La salud moral de una
sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus
ciudadanos, empezando por sus dirigentes, ya que todos somos corresponsables
del devenir colectivo”, añadió el Monarca, incluyéndose a él mismo y a la institución
que representa.
“Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo
cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida
política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en
una democracia”, remarcó el Rey en un discurso en el que por primera vez
utilizó la palabra “regeneración”.
Mi
determinación es continuar mi mandato”
Don Juan Carlos pidió, en suma, que los líderes
políticos estén a la altura de sus ciudadanos, para lo que ve imprescindible
“un cambio de actitud y un compromiso ético”. Y él mismo se comprometió a
llevar esos cambios a su casa, asumiendo la obligación de “ejemplaridad y
transparencia” que reclama ahora la sociedad.
Sentado, pues está convaleciente aún de su quinta
operación de cadera, el Rey grabó su discurso -que había enviado antes al
presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y al líder de la oposición, Alfredo
Pérez Rubalcaba- detrás de su mesa de trabajo en La Zarzuela, y con un atrezo
mínimo que sin embargo, también pretendía lanzar varios mensajes. Sobre la mesa
había un ejemplar de la Constitución y una fotografía de su audiencia, el
pasado 31 de octubre, con la presidenta y los vicepesidentes de la Fundación
Víctimas del Terrorismo: Mari Mar Blanco, Ángeles Pedraza y Tomás Caballero.
Con ello renovó su apoyo y solidaridad con todas las víctimas del terrorismo,
con las que entiende que “la sociedad sigue teniendo una permanente deuda de
gratitud”, en unos momentos que calificó de “especialmente difíciles” en
alusión a las recientes y polémicas excarcelaciones de etarras por el fallo del
Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot.
Fuentes ELMUNDO/EL PAÍS

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