El cantautor panameño Rubén Blades le respondió ayer
a través de una carta al presidente venezolano, Nicolás Maduro, luego de que
éste lo invitara a incorporarse a la "revolución" de Venezuela.
"Rubén, te invito a que vengas a Venezuela,
para que converses con nuestra gente. ..."A esta revolución tú más bien
deberías incorporarte, porque esta revolución se hizo con tu canto, de rebeldía
contra el imperio, contra el tiburón que anda por ahí por las costas del Caribe
venezolano", señaló el pasado martes al hacer referencia a la canción
Tiburón del panameño.
Ante su exposición, Blades le "aclaró"
nueve puntos importantes al presidente de Venezuela.
Señor Presidente Maduro:
He tenido la oportunidad de ver un vídeo en el que
se dirige a mi persona, en ocasión de una nota que he publicado en mi página de
internet. No acostumbro responder comentarios, pero me siento obligado a
referirme a sus palabras por el hecho concreto de que en el vídeo mencionado,
usted me nombra directamente. Espero que dicho vídeo no resulte una
falsificación como las que hoy abundan en internet, y si lo fuera, confieso que
es de muy buena calidad.
Con el respeto que merece su condición de
Presidente, y como tal, representante de una Nación, debo iniciar esta nota
agradeciendo el tono general de su comentario a mi escrito. Me complace
entender en su gesto amable, que comprendió la buena intención de mis
pensamientos, hechos con el corazón puesto en el pueblo venezolano.
Sin ánimo de entablar duelos epistolares, comento
solamente con la intención de aclarar algunos de los temas por usted expuestos
en el día de ayer, que me atañen de manera personal.
1. Los comentarios expresados por mí, en relación
con la difícil situación que hoy vive Venezuela, no son derivados de las
noticias de CNN, o de Univision, o cualesquiera otra fuente noticiosa,
“imperialista” o no. Nacen de cartas, comentarios y de reflexiones hechas por
amigos, dentro y fuera de Venezuela, y de la lectura cuidadosa y analítica de
innumerables publicaciones, tanto afectas como antagonistas a su gobierno. El
carácter diverso del material que usualmente escojo para mis lecturas, tiende a
nutrir amplia y objetivamente mis puntos de vista.
2. No me he sumado, consciente o inconscientemente,
a ningún tipo de complot orquestado por la C.I.A., ni formo parte de ningún
"Lobby Internacional" con el propósito de crear mala publicidad para
gobierno alguno. Me sorprende escuchar una vez más este tipo de acusaciones, en
pleno siglo XXI, cuando debíamos haber superado ese asunto de las etiquetas. Si
critico a alguien que se considera de izquierda, soy de la CIA; si critico a
quien se considera de derecha, entonces soy comunista; cuando critico al
militarismo, soy “subversivo”.
3. Considero como una verdad, el hecho de que el
extinto Presidente Chávez haya demostrado, con sus consecutivas elecciones
ganadas, el desprestigio de la partidocracia tradicional en Venezuela, y el
deseo de cambio expresado libremente en las urnas por la voluntad popular. Pero
también es verdad que hoy Venezuela no es una Nación unida: es un país cuya
población está polarizada políticamente, una sociedad sumida en contradicciones
obvias, con un gobierno electo por un estrecho margen, 1.49%, que no alcanzó el
51% de los votos de alrededor de un 80% de la población votante y con un
ausentismo electoral del 20.32%. Ese gobierno, sin embargo, está decidido a
imponer un sistema político/económico (que no califico ni descalifico), pero
que obviamente no es aceptado por la mayoría de la población. En una situación
como la descrita, parece recomendable realizar una consulta nacional para que
el pueblo tome su decisión. Sin ello, lo que se percibe es eso, una imposición.
Creo que su gobierno, Presidente Maduro, no posee la mayoría representativa que
justifique lo que le está haciendo al país. Por otro lado, la oposición, mezcla
de lo que existió en el pasado político de Venezuela y de lo nuevo que hoy
lucha por hacerse respetar y considerar, no está formada por cuatro gatos
fascistas, como se pretende hacer ver. Es una vital cantidad de personas. En
estas circunstancias, la realidad de Venezuela es hoy como sería la de una casa
donde la familia está dividida, y existen habitaciones en las que la otra mitad
no puede vivir, ni transitar. La Venezuela de hoy no es la Nación que todos sus
habitantes desean, es una versión de país a la que sólo parece apoyar el 50% de
la población, tomando en cuenta el total de los votos emitidos en las
elecciones del 2013. Esa realidad determina la necesidad de considerar una
modificación del rumbo presente, en busca de un balance que permita el
desarrollo del argumento nacional en sus propios términos, más realista y menos
agresivo; una Venezuela en la que no sean necesarios los gritos de "Patria
o Muerte", entre hermanos.
4. Como los Chavistas se autodefinen como
"Socialistas", debemos asumir que comprenden de lo que hablan, y que
han estudiado a quienes inicialmente convirtieron las teorías sociales de Marx
y Engels, en propuestas experimentales del socialismo y el comunismo,
particularmente en Rusia, tras la revolución bolchevique de 1917. Deben
conocer, por ejemplo, los comentarios vertidos por Vladimir Ilich Lenin en su
folleto titulado, "La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el
Comunismo", (este título no es un artificio al estilo Borges, así lo
tituló el propio Lenin y si no lo creen, pregunten a Fidel, que él debe haberlo
leído). En ese escrito cita Lenin los errores que se cometen en nombre del
izquierdismo, por no considerar las circunstancias objetivas a la hora de tomar
decisiones, y peor aún, las consecuencias históricas que produce no reconocer y
rectificar dichos errores. Allí describe cómo, en 1918, los camaradas Radek y
Bujarin, máximos representantes del entonces llamado "Comunismo de
Izquierda", fueron obligados a reconocer públicamente su error, al no
comprender ni aceptar inicialmente que, el argumento para justificar la Paz de
Brest, no constituía necesariamente un compromiso con los imperialistas, sino
que obedecía a una necesidad política determinada por las condiciones objetivas
del momento, algo que Lenin describió como un “do ut des”, un te doy para que
me des. La metáfora que hace Lenin sobre asaltantes y asaltados aclara muy bien
el argumento. ¿No es, acaso, un “do ut des” el acuerdo que tiene Venezuela con
el “imperialismo” en el caso del petróleo venezolano, que suple a Estados
Unidos a cambio de los dólares que necesita la economía del país?
5. Este mismo criterio indicaría que, en las
presentes circunstancias, no resulta apropiado que su gobierno imponga sus
deseos, o desconozca, o pretenda ignorar la validez de los argumentos
planteados por sus críticos venezolanos. No creo que es a través de la
represión, la censura, o el recurso demagógico que se produce la respuesta
racional a una condición objetiva inobjetable. Tal actitud solo provocaría más
violencia, que generaría la posibilidad de una ingobernabilidad, un vacío
político que podría ser llenado con un golpe militar, la única institución con
la capacidad de organización y poder coercitivo para enfrentar el caos
institucional y civil resultantes.
6. Nunca he estado, no estoy, ni estaré de acuerdo
con intervenciones armadas del país que sea en los asuntos internos de nuestras
naciones. Categóricamente lo digo. El mío sufrió ese mal, y no lo justifico de
ninguna manera.
7. Aunque agradezco su invitación a visitar
Venezuela, no considero apropiado aceptar en este momento. Tal visita podría
ser considerada como un endoso a su gestión y a la posición de su gobierno. De
igual forma, tampoco aceptaría una invitación en tal sentido por parte de los
que lo oponen; no ahora. Y para aclarar aún más este punto, he recibido también
ofrecimientos de trabajo importantes para ir a Venezuela este año, y de igual
manera las he rechazado porque no me parece correcto hacerlo en las actuales
circunstancias que vive el país.
8. En cuanto al "alma venezolana", señor
Presidente, y a la nobleza de su pueblo, la conozco muy bien porque la llevo
dentro, sin etiquetas, junto a mi alma panameña y latinoamericana. Ese
argumento no entra en esta discusión. Esa alma, además, me la encuentro dentro
y fuera de ese noble país, desde mi primera visita en los años 60. Y se
acrecienta con los años y se reaviva en mi amistad con César Miguel Rondón,
Pedro León Zapata, el finado, pero aun amigo, José Ignacio Cabrujas; Jonathan
Yakubowicz, Edgar Ramírez, Budu, Oscar
de León, Clarita Campins, Marilda Vera, Gustavo Dudamel, Ozzy Guillén, el gran
Luis Aparicio; en mi admiración por Don Simón Díaz -cuya desaparición
justamente hoy tenemos que llorar-
Aldemaro Romero, el Profesor Abreu y tantos otros magníficos expositores
del talento, capacidad y nobleza del pueblo de Bolívar. Todos ellos me
refuerzan la presencia de esa alma. Y quizás ninguna me resuene por dentro más
representativa que la de mi querido y recordado amigo, Luis Santiago, que se
nos fue joven, durante la tragedia de La Guaira del 99, y por eso será joven
eternamente, igual que el inspirador ejemplo planteado por la excelencia de los
jóvenes de El Sistema, el grupo de las Orquestas y el vocal, todos maravillosos
ejemplos de lo que logra el trabajo, la disciplina y la esperanza de ser
mejores. Sin alharacas, ni alaridos panfletarios, con la guía de maestros
venezolanos, el sector popular demuestra su calidad mundial.
No necesito ir a Venezuela para encontrar a su alma,
porque ella va conmigo adonde sea que yo vaya, desde hace tiempo ya.
9. No deja de tener credibilidad la afirmación de
que, bajo gobiernos de lo que se denomina izquierda, se crean más oportunidades
para el sector popular. Por regla general, los gobiernos que se dicen de
derecha se preocupan más por sus intereses particulares que por los del pueblo
al que alegadamente representan. Pero creo que hay distintas versiones con las
que tipificar el empoderamiento del que usted habla (entendiendo que
"empoderar" significa el dar posibilidad de hacer y poder) al
"Pablo Pueblo" que describo en mi canción. Una de ellas es creando el
espacio para que su dignidad sea respetada y sus derechos también. Otra es
brindando la oportunidad para desarrollar su capacidad, no solo con subsidios
que lo hagan dependiente de otros, o que estimulan los peores instintos que
todos poseemos. Para mí, la verdadera revolución social es la que entrega mejor
calidad de vida a todos, la que satisface las necesidades de la especie humana,
incluida la necesidad de ser reconocidos y de llegar al estadio de
auto-realización, la que entrega oportunidad sin esperar servidumbre en cambio.
Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido todavía con ninguna revolución.
Le expreso mis opiniones, Señor Presidente, sin
odio, sin agendas secretas, ironías, ni intereses subrepticios. Reitero mi
agradecimiento por el tono de su conversación y por su consideración al otorgar
la atención de su valioso tiempo a las palabras de este panameño de
Latinoamérica.
Termino con una especie de ruego a los bandos
enfrentados en la querida Venezuela: empiecen a sumar y dejen ya de restar. Y
que se detengan los insultos y la diatriba, para que los venezolanos empiecen a
conversar; que el silencio es el mejor preámbulo a un diálogo razonado.
Viva Venezuela!
Atentamente,
Rubén Blades


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