QUEENS (04 Abril 2014).- Un proyecto de ley que
aumenta severamente las penas para los responsables del tráfico de personas
está actualmente ante la consideración del Senado estatal, pero sus mismos
promotores dudan que llegue a hacerse efectivo. Mientras tanto, el flagelo de
la prostitución sigue desarrollándose a plena luz del día y las medidas que
permitan erradicarlo parecen aún muy lejanas.
El senador estatal José Peralta (D-Queens) es autor
de un proyecto de ley que eleva a cinco años el castigo (actualmente estipulado
entre 1 y 3 años) para los culpables de este delito. En el caso de los
reincidentes, la pena podría llegar a cadena perpetua.
El proyecto ha sido aprobado por el Senado estatal,
y ahora está en manos de la Asamblea.
Pero el mismo Peralta reconoce que va a ser difícil
convencer a los miembros del organismo, ya que la mayoría considera que este
tipo de legislación daría demasiado poder a los fiscales, que podrían lanzarse
a una "caza de brujas" indiscriminada para aumentar su propio crédito
político. "Hay que retorcer al tiempo que convencer los asambleístas y el
asunto no es fácil", dijo el jueves el legislador de East Elmhurst ante un
auditorio de estudiantes del Queesborough Community College, donde acudió para exponer sus ideas.
En el estado de Nueva York, la oferta y la solicitud
de servicios de prostitución está penada con condenas de tres meses a tres años
de prisión y multas de hasta US$5000.
En 2011, el gobernador Andrew Cuomo firmó una ley
impulsada por Peralta que prohibía la repartición de de tarjetas con imágenes
semi-eróticas de mujeres, por personas que pregonaban: "Chicas,
chicas". Este era el último peldaño en la escalera de la prostitución. El
nivel de adaptación del negocio aumentó con tarjetas sugerentes con frutas o
flores repartidas por gente en la calle o taxistas, que se amparan en el
derecho a la libertad de expresión.
El tema de las tarjetas revela una paradoja. Hay quejas
de padres de familia por esta publicidad que se entrega en la calle, pero no
con los medios, que también publicitan sexo y que están al alcance de
cualquiera. La oficina de prensa del senador dijo haber escuchado quejas de
personas por lo primero, pero no por lo segundo.
Los cambios en oferta de la prostitución dificultan
también los controles legales. En febrero de 2012, El Diario/ La Prensa reveló
el modus operandi de un burdel clandestino en Riverhead, Long Island. Parte de
las condiciones de trabajo para las mujeres era prestar servicios en otros
locales de de la isla. "Cada lunes cambiamos de muchachas. Nos llevamos a
las que están y traemos otras nuevitas", explicó el hombre a la puerta. En
septiembre de ese año, sin embargo, el lugar fue cerrado por un operativo de la
policía del estado.
Pero la oferta ya no se realiza en lugares cerrados,
sino en taxis adaptados o en vehículos de mudanza que se cambian de lugar para
no llamar la atención.
Redes de trata
Las partes altas de la cadena del tráfico humano son
difíciles de localizar y a veces están fuera del país. Las bandas mexicanas de
tratantes son uno de los muchos rostros detrás del comercio sexual en
vecindarios latinos de la ciudad.
Un ejemplo es la banda familiar de Tenancingo,
Tlaxcala, que entre 1991 y 2004, prostituyó a una decena de mujeres de entre 14
y 19 años con la promesa de traerlas a NY para conseguirles marido. La banda
era liderada por Consuelo Carreto, madre de Gerardo y Josué Flores Carreto.
Teresa Ulloa, directora de Coalición Regional contra
el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y El Caribe (CATWLAC), comentó
a El Diario/La Prensa, en entrevista telefónica, que los "padrotes"
de Tlaxcala aún recurren al matrimonio para enganchar a sus víctimas, pero
pocos las mantienen en burdeles establecidos.
Ulloa, nominada al Premio Nobel de la Paz en 2005,
apuntó que los proxenetas usan el "delivereo" para operar bajo el
radar de las autoridades. El delivery (entrega) es un método común de prostitución
en el área triestatal.
"La entrega de mujeres a domicilio burla la
acción de las autoridades. Si los tratantes se mantienen sobre ruedas es menos
probable de que un operativo los sorprenda", apuntó Ulloa. "Sabemos
que las tarifas dependen de tan lejos se encuentra el cliente".
Un
negocio sobre ruedas
Al llamar a un anuncio que solicita “chicas de buena
precensia” [sic], la voz femenina al teléfono explica cómo funciona el negocio.
Las candidatas deben presentarse en una dirección en Queens, en donde serán
recogidas por una van que las transportará a Nueva Jersey. El conductor del
vehículo es el encargado de cobrar por el servicio al cliente: $40, la mitad
para la casa.
“Cuando termines el día, él te va a dar tu paga”,
explica la mujer, que se identificó como Rosie. “Él te va a llevar y traer. Te
puede recoger en un lugar cerca de tu casa. Siempre tienes que verte bien
bonita y arregladita, para que gustes. De ti depende si quieres ganar bien”.
Cómo
funciona la red
Las bandas de tratantes de Tenancingo alcanza
niveles de organización vertical.
“En la cabeza están los proxenetas, que reclutan a
las mujeres en México y las cruzan por la frontera con la protección de los
cárteles de la droga”, dijo Ulloa.
Luego del padrote están los administradores del
negocio. De acuerdo con Ulloa, los proxenetas están en tránsito constante entre
Estados Unidos y México, dejando el control de los ingresos comúnmente a
familiares. En la cadena, siguen los conductores o “delivery”, que transportan
a las víctimas, y que también sirven de guardaespaldas y cobradores del
servicio. El último eslabón son los repartidores de las “chicas card”.
Ulloa destacó que el destino común de los tratantes
de Tenancingo es Nueva York; sin embargo, las víctimas también son prostituidas
en áreas agrícolas y suburbios de Atlanta, Florida y California.
Gerardo Izzo, vocero del Consulado General de México
en Nueva York, comentó que, del 1 de enero de 2010 al 13 de febrero de 2014, se
registraron -en el Sistema Integral de Protección Consular (SIPC)- 7 casos de
trata laboral y 22 casos de trata de personas.
“Creemos que debe haber más, pero no han pasado por
el consulado”, dijo Izzo ante la falta de denuncia.
Fuente
EL DIARIO LA PRENSA


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