CIUDAD DE MÉXICO (17 de Abril 2014).- Los grandes
saben cuando morirse para fastidiar a todo el mundo. Chavela Vargas dijo que lo
haría en domingo para molestar y así fue. García Márquez se rió de las beatas
costumbres con las que creció en Colombia y hasta los pasos más recogidos de
Jueves Santo se detuvieron durante un minuto para llorar la muerte del biógrafo
de Latinoamérica, el hijo del telegrafista que dio forma de libro al sentir de
un continente. Porqué las lágrimas llegaban desde la Patagonia hasta Tijuana y
desde San Ángel a Aracataca.
Desde horas antes de que su entorno confirmara la
noticia, un halo de muerte sobrevolaba su floreada casa y decenas de
periodistas se reunían como zopilotes frente a su puerta. Su mujer, Mercedes
Barcha, y sus hijos Rodrigo y Gonzalo, esperaban dentro el desenlace hasta que
su entorno lo confirmó vía Twitter. "Así es, ha muerto García
Márquez", dijo Roberto Perea, funcionario de CONACULTA (Ministerio de
Cultura). El presidente Colombiano, Juan Manuel Santos aseguró que había muerto
el Colombiano más importante de todos los tiempos.
Apenas hace 8 días Gabo había dejado el hospital
donde estuvo ingresado durante una semana por una infección pulmonar. Poco
después se supo que, en realidad, no era un problema pulmonar sino un
agravamiento del cáncer que lo aquejaba y que se había extendido por pulmón,
ganglios e hígado y que estaba recibiendo cuidados paliativos en su casa. Tras
la última recaída su familia decidió no castigarlo más con agresivos
tratamientos y darle sólo cuidados que le aliviaran los dolores.
"Yo vivo sólo para que me quieran más mis
amigos" solía decir y estos ahora se multiplican. Una de sus mejores
amigas, el premio Cervantes Elena Poniatowska, recordó en El Mundo al Gabo
dicharachero y bueno con quien compartió muchas horas de charlas y risas.
"Nos queremos mucho desde antes de que le dieran el Nobel, porque es una
persona muy tierna y sencilla, y cuando nos vemos siempre me pregunta cosas
como si debo comprarme otro pantalón, si esta americana combina con esta
camisa..." recuerda horas antes de conocerse la noticia.
Una amistad que incluso le costó una exclusiva. Fue
aquel día que Vargas Llosa le dio aquel puñetazo en la cara a Gabo y Elena
estaba delante. Pero mientras Ana Cecilia Treviño, la Bambi, editora del diario
Excélsior, salió corriendo a enviar el texto, Elenita fue por un bistec crudo
para bajarle el hinchazón. Le habían ganado la portada.
Aquí en la Ciudad de México, García Márquez llegó
huyendo del dictador colombiano Laureano Gómez y su sucesor, el general Gustavo
Rojas Pinilla. Durante su exilio en la Ciudad de México empezó a escribir 'Cien
Años de Soledad', en un estilo que demuestra la influencia del famoso escritor
estadounidense William Faulkner. El escritor colombiano llevó a su esposa a
vivir con su familia y en el D.F permaneció 18 meses casi sin salir de la
habitación de su apartamento a la que llamaba "la Cueva de la Mafia".
Allí permaneció consumiendo seis paquetes diarios de cigarrillos. Las deudas se
acumulaban y para resistir económicamente este largo período vendió su
automóvil y casi todas sus pertenencias, incluyendo los electrodomésticos y
enseres de la casa. Por esta obra percibió un anticipo de apenas 500 dólares y
la tirada inicial fue de 8.000 ejemplares.
Para la tumba García Márquez se lleva el misterio sobre
la famosa novela inacabada de Gabo, una obra que se debía llamarse "En
agosto nos vemos". "Se trata de un libro que escribió hace algunos
años, poco después de 'Memorias de mis putas tristes', pero que ha corregido
casi de forma obsesiva", dijo su editor Cristóbal Pera a El Mundo el año
pasado. La leyenda cuenta que Gabo había escrito hasta seis finales y que, una
vez terminada, la guardó en un cajón para que fuera publicada una vez
fallecido. Para su editor, que ha leído varios capítulos, se trata de una
"obra maestra" pero la fecha de su publicación "es una decisión
personal de Gabo" aclararía entonces.
"La vida no es la que uno vivió, sino la que
uno recuerda y cómo la recuerda para contarla" dijo en una de sus últimas
entrevistas.
Por JACOBO G. GARCÍA/El Mundo


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