MANAGUA (16 Abril 2015).- Después de cinco días alarmados por temblores
casi constantes, los pobladores de Managua, la capital nicaragüense, continúan a la expectativa ante la aterradora
posibilidad de una catástrofe mayor.
En Ciudad Sandino, un municipio del departamento de
Managua ubicado a unos 12 kilómetros de la ciudad y muy cercano al epicentro de
los sismos que remecieron el Pacífico nicaragüense, la mayoría de la población
continúa en la calle.
Quedarse dentro de la casa es un atentado, dijo a PL
Marcos Pérez, quien acampa junto a sus hijos en una improvisada carpa afuera de
la casa de un familiar desde la tarde de este lunes. Según comentó, ellos
planean quedarse allí hasta que se calme la tierra, algo que esperan suceda
pronto.
Lo mismo hará Elvira Castañeda, quien a sus 84 años
permanece afuera del pórtico de su casa, donde prefiere esperar a que regrese
la normalidad y no arriesgarse.
Los temblores del otro día se sintieron bien
fuertes. Yo viví el de 1972, cuando miles de personas murieron, y sé la
destrucción que puede traer un terremoto, por eso tomo mis precauciones, contó
a esta agencia de prensa. Ahora las casas son más fuertes y la gente sabe, pero
de todas maneras hay que cuidarse, acotó Elvira.
El pasado jueves un movimiento telúrico de 6,2 en la
escala de Richter estremeció a la capital y otras ciudades del Pacífico
nicaragüense. Más de mil réplicas fueron reportadas por el Instituto
Nicaragüense de Estudios Territoriales en las siguientes 24 horas.
El saldo fue de un muerto, 266 heridos y más de dos
mil 354 viviendas dañadas, por lo cual el Gobierno decretó la alerta roja y
suspendió las clases y el trabajo en las instituciones gubernamentales.
El domingo en la tarde las autoridades hicieron un
llamado urgente a la población para que redoblara las medidas de seguridad ante
la alta probabilidad de que ocurrieran nuevos eventos. Al parecer, algunas
fallas que subyacen bajo la ciudad podían activarse y generar sismos cuyos
efectos serían más catastróficos para Managua. Esa misma noche comenzaron a
sentirse los temblores con más intensidad.
Uno de ellos —muy superficial— alcanzó los 5,6
grados de magnitud en la escala de Richter y su epicentro estuvo a unos cinco
kilómetros de Managua y a solo tres de Ciudad Sandino. Debido a esto otra mujer
perdió la vida y aumentaron los daños materiales.
Viejos
temores
En Managua, la capital, se demuelen viejos edificios
que sobrevivieron al terremoto de 1972, los cuales representan un riesgo de
seguridad. Foto: La voz del sandinismo
Managua ha sido destruida dos veces por terremotos,
pero el más desastroso en la historia del país ocurrió en diciembre de 1972 y
tuvo la misma magnitud que el del pasado jueves, 6,2 grados.
En esa ocasión el epicentro también se detectó en el
lago de Managua unos días antes del fin de año, exactamente la víspera de otra
celebración religiosa, la Navidad.
En medio minuto y con la excepción de algunos
inmuebles, todo el centro de la ciudad quedó devastado a causa del siniestro y
las fuertes réplicas que le siguieron, así como los incendios, los cuales llevó
semanas extinguir.
El saldo total de muertos no se conoce con
exactitud, pero varias fuentes estiman que rondó las 20 mil personas.
Aunque hay un paralelismo entre el fenómeno de hace
cuatro décadas y el actual, los daños causados no tienen relación ninguna, algo
que no es casual.
El pueblo nicaragüense ha logrado a lo largo de los
años una cultura preventiva ante desastres de este tipo.
Además, el actual gobierno sandinista, encabezado
por el comandante Daniel Ortega, incita de manera constante a la preparación de
las instituciones, empresas y las familias en general a estar atentos y
precaver cualquier situación de desastre.
El Ejército y la Policía Nacional realizan
ejercicios y simulacros periódicamente y en los últimos años se ha reforzado
con medios y equipos una unidad humanitaria de rescate de la institución
castrense especializada en responder ante situaciones de emergencia, por solo
mencionar algunas acciones.
Además, el Gobierno comenzó a destinar recursos a
las zonas más afectadas para comenzar a trabajar en la recuperación y apoyar a
los damnificados de esta tragedia.
A pesar del lógico temor y del desgaste por tantos
días de tensión, no hay pánico y los nicaragüenses mantienen las medidas
preventivas y de seguridad que garantizarán minimizar los impactos ante una
posible catástrofe.


No hay comentarios.: