El papa Francisco deja “la puerta abierta” a que los curas se puedan casar
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TEL AVIV/ROMA (27 Mayo 2014).- “Al no ser un dogma de fe, siempre está la puerta
abierta…”. No hay reglas ni zonas rojas. Los periodistas preguntan lo que
consideran oportuno y el papa Francisco responde. Ya lo hizo a su regreso de
Río de Janeiro –“¿quién soy yo para juzgar a los gais?”—y lo vuelve a hacer
ahora en el avión de El Al, la compañía aérea israelí, en el trayecto entre Tel
Aviv y Roma. Una de las cuestiones planteadas es la del celibato obligatorio de
los sacerdotes, un viejo asunto que vuelve a estar de actualidad después de
que, hace solo unos días, un grupo de 26 mujeres enamoradas de sacerdotes
remitiera una carta a Jorge Mario Bergoglio pidiéndole que deje de prohibir “un
vínculo tan fuerte y hermoso”.
El Papa no se esconde en la respuesta a la pregunta
de si está dispuesto a plantear una discusión incómoda en el seno de la
Iglesia: "La Iglesia católica tiene curas casados. Católicos griegos,
católicos coptos, hay en el rito oriental. Porque no se debate sobre un dogma,
sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la
Iglesia. Al no ser un dogma de fe, siempre está la puerta abierta".
Una de las novedades de Francisco es precisamente
esa, su disposición a discutir lo discutible, sin que por ello deje de expresar
su opinión. De ese modo, la vieja aspiración de un sector de la Iglesia de que
los curas puedan casarse y tener hijos sin verse obligados a abandonar el
ministerio sacerdotal vuelve a tener esperanza. Como también la de integrar a
los nuevos modelos de familia, como los separados vueltos a casar, un colectivo
muy numeroso sobre el que el próximo sínodo de la familia tendrá que debatir y
llegar a soluciones. De la misma forma que el Vaticano, aunque no con la
celeridad que tal vez fuese necesaria después de décadas de parálisis, empieza
a reaccionar contra los abusos sexuales a menores cometidos por sus miembros.
Es otro de los asuntos sobre los que Bergoglio responde de forma clara:
— ¿Qué hará usted si hay un obispo que no ha
observado estas normas, se le excluye, se le pide que dimita u otras sanciones?
¿Cómo se puede enfrentar en sentido práctico?
"En la Argentina a los privilegiados les
decimos 'este es un hijo de papá'. Pues bien, en este problema no habrá 'hijos
de papá'. En este momento hay tres obispos que están bajo investigación: uno ya
está condenado y se está estudiando la pena que hay que ponerle. No existen
privilegios. El sacerdote que hace esto traiciona el cuerpo del Señor porque,
en vez de llevarlos a la santidad, abusa. Y esto es gravísimo. Es como… Les
haré una comparación: es como una misa negra, por ejemplo: tú tienes que
llevarlo a la santidad y lo llevas a un problema que va a durar toda la
vida".
El Papa desvela que dentro de unos días se celebrará
una misa en la residencia de Santa Marta en la que participará un pequeño grupo
de víctimas de abusos: “Son seis u ocho personas, de Alemania, de Inglaterra o
Irlanda. Y luego se reunirán con el cardenal [Sean Patrick] O’Malley, el
presidente de la comisión contra los abusos. Pero sobre esto tenemos que seguir
adelante, adelante. ¡Tolerancia cero!”
No es el único frente que tiene abierto el Papa.
Tampoco dejan de aparecer escándalos económicos en los que aparecen altos
personajes de la Curia, como el anterior secretario de Estado, cardenal
Tarcisio Bertone. Bergoglio admite que siempre habrá escándalos, pero que su
reforma de la Curia busca precisamente impedirlos. Los periodistas le preguntan
sobre la lujosa fiesta en una azotea del Vaticano o la supuesta malversación de
15 millones de euros por parte de Bertone. El Papa no lo defiende. Solo dice
que el asunto no está claro, que se está investigando y que su campaña para
hacer del Banco del Vaticano –el IOR—una entidad decente ya ha provocado el
cierre de 1.600 cuentas. El problema que subsiste, admite el papa argentino, es
que hay todavía miembros de la Curia que se resisten, “que no lo ven claro”.
Como tampoco ven que el obispo de Roma se meta en
asuntos tan delicados como arreglar el conflicto de Oriente Próximo u opinar
del sistema económico mundial. Pero el Papa no se da por aludido y responde a
preguntas: “Estamos en un sistema económico múltiple que coloca en el centro el
dinero, no la persona humana. Un verdadero sistema económico debe tener en el
centro al hombre y a la mujer. Este sistema económico que tenemos coloca en el
centro al dinero y descarta a las personas. Ahora se está descartando a los
jóvenes, y eso es gravísimo. En Italia, la desocupación juvenil está sobre el
40%. En España es el 50% y en Andalucía, en el sur de España, el 60%. Esto
significa que hay una generación de ni-ni, que ni estudian ni trabajan, y esto
es gravísimo. Este sistema económico es inhumano”.
Jorge Mario Bergoglio también tuvo unas palabras
para Benedicto XVI. Si durante el vuelo de regreso de Río de Janeiro dijo que
para él era un abuelo al que poder consultar, ahora se refiere a la puerta que
abrió con su decisión de dimitir.
-¿Si en un día muy lejano se siente sin las fuerzas
suficientes, renunciaría al pontificado?
-Haré lo que
el Señor me diga que debo hacer: rezar y buscar la voluntad de Dios. Creo que
Benedicto XVI no es un caso único. Creo que él ya es una institución. Hace 70
años no existían los obispos eméritos. Ahora hay muchos. ¿Qué pasará con los
Papas eméritos? Benedicto XVI abrió una puerta, la de los Papas eméritos. Si
habrá más, solo lo sabe Dios. Pero esa puerta está abierta. Creo que un obispo
de Roma que sienta que bajan sus fuerzas debe hacerse las mismas preguntas que
se hizo el papa Benedicto.
Por PABLO ORDAZ/El País.es


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