MADRID (7 Mayo 2014).- Hay matices distintos en los
aplausos que reciben al campeón, prologado por la semblanza esquemática de su
fecunda biografía profesional. El público que casi colma las gradas de la pista
Manolo Santana sabe que Nadal no llega como otros años. Viene de perder en
sendos cuartos de final, Montecarlo y Barcelona, dato insólito en la última
década. Existe, pues, un punto de condolencia y respaldo, por encima, o a la
par, de esos gritos de admiración y reconocimiento que suelen secundar sus
actuaciones acá o acullá. Vence en una hora y nueve minutos.
La capital comprueba pronto que a su tenista le
cuesta arrancar, emprenderla con Juan Mónaco, pieza fácil en los dos últimos
enfrentamientos, víctima casi segura a tenor de la evolución de uno y otro en
las últimas temporadas.
El de Tandil representa el decadente estado del
tenis argentino, de un país subordinado mucho tiempo después a pelear por la
supervivencia en la Copa Davis, que ha visto irse hace poco a Nalbandian,
espera en vano el amanecer real de supuestas esperanzas, como la que representa
Delbonis, y lamenta la mala pata de su poder real, Juan Martín del Potro,
operado ahora en la otra muñeca y baja segura hasta el próximo año.
Arda
Turan y Mario Suárez
Con todo, Nadal, que emulará los últimos guarismos
ante su amigo 'Pico', consume 17 minutos en los dos primeros juegos y tarda 34
en conectar su primer paralelo ganador de derecha, dato éste significativo a la
hora de pulsar la eficiencia de un tenista. Rompe en el segundo juego, pero
pierde su saque en el siguiente. "Ya no basta un 'break", decía el
martes Toni Nadal, sabedor de que ahora mismo el número uno del mundo tal vez
no infunda el pavor de antaño entre los contrarios.
Pero Mónaco dejará pronto de creer. No le alcanza la
fe, que viene dada por los resultados. Y estos andan muy lejos de sus mejores
días. Aún espera encadenar dos victorias este curso. No hace falta el mejor
Nadal para que reciba otra sonora derrota. Una vez neutralizadas las dudas del
inicio, el defensor de la copa toma carrerilla y lo atropella.
"Todas las victorias sirven para aumentar la
confianza. He empezado un poco más nervioso de lo normal en mis movimientos.
Luego he jugado mejor de lo que lo venía haciendo. Me movía mejor", valoró
un Nadal que no se siente más favorito por las ausencias: "No me afecta la
ausencia de Federer, Djokovic y Wawrinka. En los últimos torneos ni siquiera he
podido llegar a enfrentarme a ellos. Quiero felicitar a Federer por su nueva
paternidad", argumentó.
Necesita más que nunca al público de Madrid, entre
el que se dejaban ver futbolitas del Atlético como Arda Turan y Mario Suárez. Y
la hinchada le reclama de manera especial. Ausentes Djokovic y Federer, padre
de otros dos gemelos, ésta vez varones, y eliminado Wawrinka, el torneo es un
solar de nombres con reclamo. Y el suyo posee mayor peso que cualquier otro. En
octavos espera el veterano Nieminen. "Lleva muchos años en el circuito. Es
zurdo también. Es un jugador muy luchador. Tendré que ser agresivo",
vaticinó el número uno. Después vendrían Berdych o Dimitrov.


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